En esta noche de verano superviviente, me encantaría compartir con vosotros una de las canciones más extrañas que podría traer a este blog, y entended por extraña no la naturaleza de la misma, sino su denominación, pues en realidad es un poema cantado con música de fondo, e interpretado por uno de los mejores actores de los que España puede presumir. Alejandro Amenábar lo rescató de entre los poemas de Ramón Sampedro, y podéis escucharlo en la voz de Javier Bardem.
Con tan poquitas palabras, consigue unir como si fueran lo mismo, el principio y el final, la vida y la muerte, la fantasía y la realidad, allá, dentro del mar, donde, sumergido, sientes que la percepción de las cosas es completamente diferente. Ya he comentado con algunas personas lo mucho que encierra la frase "mar adentro", por parecidos fonéticos, por su tono insistente, por el deseo tantas veces repetido, por el viaje sin mirar atrás, por el compromiso, por la tenacidad, por la decisión, por hallarte en el mundo al revés, por la huida valiente, por el renacimiento, por el valor de buscar los sueños allá donde sabes que están. Mar adentro.
Jean -Monir- lo ha vuelto a llamar. Toni mira su móvil como una tabla de salvación en el ahogo de una barbacoa insulsa en la que cada cual se aferra por sobrevivir al naufragio sin preocuparse del destino del de al lado. Parece que Jean está dispuesto a todo. Anoche intentó besarle en la mejilla al despedirse, pero Toni le volvió la cara. Ahora no sabe cómo hablar del tema y quiere preguntarle a su hermano Carlos o a Michael si es cierto que los moros se dan tres besos en la cara al saludarse, pero no se atreve. No quiere que nadie, y menos si es de su familia, recuerde lo que es y de dónde viene. Sería puro enlace mental. Toni no besa, ni habla abiertamente de sexo como otros sí lo hacen. Sería como destapar una caja de Pandora con demasiados secretos. Nuevo mensaje: me gustería verte esta noche. Toni no contesta. Jean vuelve a ser Monir. Toni desprecia a Monir por las múltiples es que mete al hablar y escribir. Toni siente además que el mensaje pareciera el de un chico a su chica, y él, encerrado hasta por el lenguaje, pulsa la papelera del móvil para deshacerse de los espejos deformados en que se mira. Malditos sean mis pensamientos y malditos mis recuerdos. Maldito mi padre que juro que me observa desde donde está y no aprueba mi conducta, y me juzga, Él, Todopoderoso, omnipotente vencedor en mi vida que me agarra como a un perro del rabo y no me deja salir corriendo. Quiero más, quiero más, quiero otro mensaje de Jean. Y Toni le hace una perdida a Monir. Jean responde con otro mensaje: no tienes saldo? stoy detrás de la roca grande.
Toni sale corriendo hasta la playa. Corre porque si caminara, probablemente se arrepentiría antes de llegar. Se siente el verano colarse prematuramente por las calles, y él se deja llevar. Monir es su amigo, nada más, el único amigo masculino que ha tenido en su vida. Lo ve. Está tumbado sobre la roca y al verle los vaqueros del invierno cortados con tijeras el hechizo se rompe. Monir se torna extraño sin darse cuenta, y Toni frena en seco y se esconde tras el puesto de helados para que Monir no lo vea. Los amantes futuribles no se encuentran, o sí, en algún rincón del encéfalo de Toni donde no llegan los latigazos de su padre, y allí Toni se dibuja a sí mismo con Monir, mar adentro, en la ingravidez del mar que no te traiciona, oliendo a sal, sólo a sal, despojados de prendas que marcan tus orígenes y de lenguas que te etiqueten. Allá donde el tirano no alcanza a verlos, libres y plenos el uno del otro, en tierra de nadie, sin que Jean mirara el sur ni él el cielo, fundidos los dos en un beso eterno, encendiendo la vida, reducidos los dos en un solo ser, allá, más allá, mar adentro, repitiendo con fuerza, más adentro, más adentro.
Pero Toni ha deshecho el camino y ha salido de la ensoñación con el halo y el empuje de la cobardía. Ha vuelto a la barbacoa como un autómata, sin darse cuenta, y dejando sus deseos a la deriva en el Mediterráneo. Allí no encuentra más que a Mimi recogiendo los restos de una fiesta que no ha llegado a ser fiesta. ¿Dónde están todos? Pregunta Toni sin demasiado interés. Michael y tu hermano han ido a dar una vuelta. Jaime está durmiendo en el sofá y he tenido que meter a Ana pa' dentro que estaba la pobre que iba a pillar una tostonera. Y ellas ni lo sé ni me importa. Creo que están en la piscina follándose al socorrista. Toni no puede evitar asomarse a la piscina, pero allí no hay nadie.
Toni entra en la casa de Michael para ir al servicio. Allí descubre la estampa de Ana que está despierta, clavándole los ojos al primero que pase por la puerta, y Toni se siente incómodamente observado, y además no sabe si saludar a alguien que no le va a contestar. El lenguaje atrapa a Toni. Tampoco le sonríe. Toni nunca da sin que le den. Tras el encuentro, Toni hace como si nada y se mete a mear en el servicio, se desabrocha el cinturón, el botón de los vaqueros y por fin se la saca, quedándose de pie en el retrete, con la mirada perdida en el rostro de la Mona Lisa. Algo le dice que Ana lo acompaña en el deseo de flotar mar adentro, mar adentro, que Ana lo sabe todo, que los que están callados parecen estar dotados con el don de la ubicuidad, como su padre, que en paz descanse, y en paz nos deje descansar. Los orines no salen con el fantasma de Ana metido hasta en la vejiga. Toni la saca de su cuerpo tarareando una canción... para hacer bien el amor hay que venir al sur... y por fin evacúa unas gotitas de pis que le han salido endulzadas de semen urgente. Lo coge con la punta de los dedos y juguetea con él antes de ponerlo bajo el grifo. Se lo lleva a la nariz. Huele a mar. La fuerza del agua lo empuja por el lavabo para volver a sus orígenes, allá adentro, mar adentro, donde nadie lo ve, donde nadie le habla, donde sólo existe Jean que le susurra Je t' aime al oído.
Toni sale del servicio sin mirar a Ana, sin despedirse de su casual compañera de viaje. Si hubieran naufragado en sus sueños, Toni no la habría ayudado. Toni nunca da sin que le den.
Mimi entra para acariciar las manos de Ana. Le comenta que Jaime y Michael estaban muy serios y han salido a hablar. Ana se ríe a lágrima tendida. En ese momento Mary aparece como huyendo de alguien, y los seis ojos verdes se encuentran en el punto inexacto de la incertidumbre.
Carlos Núñez, El Viaje. Banda Sonora de Mar Adentro.
Toni sale corriendo hasta la playa. Corre porque si caminara, probablemente se arrepentiría antes de llegar. Se siente el verano colarse prematuramente por las calles, y él se deja llevar. Monir es su amigo, nada más, el único amigo masculino que ha tenido en su vida. Lo ve. Está tumbado sobre la roca y al verle los vaqueros del invierno cortados con tijeras el hechizo se rompe. Monir se torna extraño sin darse cuenta, y Toni frena en seco y se esconde tras el puesto de helados para que Monir no lo vea. Los amantes futuribles no se encuentran, o sí, en algún rincón del encéfalo de Toni donde no llegan los latigazos de su padre, y allí Toni se dibuja a sí mismo con Monir, mar adentro, en la ingravidez del mar que no te traiciona, oliendo a sal, sólo a sal, despojados de prendas que marcan tus orígenes y de lenguas que te etiqueten. Allá donde el tirano no alcanza a verlos, libres y plenos el uno del otro, en tierra de nadie, sin que Jean mirara el sur ni él el cielo, fundidos los dos en un beso eterno, encendiendo la vida, reducidos los dos en un solo ser, allá, más allá, mar adentro, repitiendo con fuerza, más adentro, más adentro.
Pero Toni ha deshecho el camino y ha salido de la ensoñación con el halo y el empuje de la cobardía. Ha vuelto a la barbacoa como un autómata, sin darse cuenta, y dejando sus deseos a la deriva en el Mediterráneo. Allí no encuentra más que a Mimi recogiendo los restos de una fiesta que no ha llegado a ser fiesta. ¿Dónde están todos? Pregunta Toni sin demasiado interés. Michael y tu hermano han ido a dar una vuelta. Jaime está durmiendo en el sofá y he tenido que meter a Ana pa' dentro que estaba la pobre que iba a pillar una tostonera. Y ellas ni lo sé ni me importa. Creo que están en la piscina follándose al socorrista. Toni no puede evitar asomarse a la piscina, pero allí no hay nadie.
Toni entra en la casa de Michael para ir al servicio. Allí descubre la estampa de Ana que está despierta, clavándole los ojos al primero que pase por la puerta, y Toni se siente incómodamente observado, y además no sabe si saludar a alguien que no le va a contestar. El lenguaje atrapa a Toni. Tampoco le sonríe. Toni nunca da sin que le den. Tras el encuentro, Toni hace como si nada y se mete a mear en el servicio, se desabrocha el cinturón, el botón de los vaqueros y por fin se la saca, quedándose de pie en el retrete, con la mirada perdida en el rostro de la Mona Lisa. Algo le dice que Ana lo acompaña en el deseo de flotar mar adentro, mar adentro, que Ana lo sabe todo, que los que están callados parecen estar dotados con el don de la ubicuidad, como su padre, que en paz descanse, y en paz nos deje descansar. Los orines no salen con el fantasma de Ana metido hasta en la vejiga. Toni la saca de su cuerpo tarareando una canción... para hacer bien el amor hay que venir al sur... y por fin evacúa unas gotitas de pis que le han salido endulzadas de semen urgente. Lo coge con la punta de los dedos y juguetea con él antes de ponerlo bajo el grifo. Se lo lleva a la nariz. Huele a mar. La fuerza del agua lo empuja por el lavabo para volver a sus orígenes, allá adentro, mar adentro, donde nadie lo ve, donde nadie le habla, donde sólo existe Jean que le susurra Je t' aime al oído.
Toni sale del servicio sin mirar a Ana, sin despedirse de su casual compañera de viaje. Si hubieran naufragado en sus sueños, Toni no la habría ayudado. Toni nunca da sin que le den.
Mimi entra para acariciar las manos de Ana. Le comenta que Jaime y Michael estaban muy serios y han salido a hablar. Ana se ríe a lágrima tendida. En ese momento Mary aparece como huyendo de alguien, y los seis ojos verdes se encuentran en el punto inexacto de la incertidumbre.
Carlos Núñez, El Viaje. Banda Sonora de Mar Adentro.




