Dándole vueltas al recopilatorio que encontré de mis tres polillas que de tanto dar contra el cristal, se colaron en la bombilla, me he empeñado en seguir hablando de sus canciones, y en las fechas que estamos, podría haber hablado de aquella canción sobre Nochevieja en que los españolitos por una vez hacen algo a la vez, o quizás en alguna otra de sus míticas canciones. Pero no. Año 1988. Autor: José María Cano. Primer single del álbum Descanso Dominical. Es una canción que rememora el swing de los años 40 y que comienza al ritmo del saxo y la batería con escobillas, y acompañamiento de armonías vocales. Es el arranque perfecto para que las polillas nos cuenten una historia, y así lo hacen, sin estribillo, sin tener que repetir ningún verso. Quiero decir: sí que hay una entonación repetida, pero no una letra.
El antiamericanismo era un rasgo muy peculiar de la España de los años 80, aún quebrada por la dictadura franquista, y ser de izquierdas, implicaba un rechazo a los valores provenientes de Estados Unidos. La imagen de bienvenido Mr. Marshall aún escocía entre varias generaciones, y el apoyo, más o menos disimulado, del país de los sueños al dictador, hacía poner en duda las virtudes yanquis. Pero sobre todo: Estados Unidos era el máximo representante del capitalismo, frente al comunismo ruso, y la izquierda española, enraizada en el comunismo tanto como la francesa, siempre ha mostrado cierta animadversión hacia Estados Unidos, sobre todo cuando éstos son gobernados por algún líder republicano, dígase Reagan o Bush. (recordaréis el gesto electoral de Zapatero no levantándose al paso de las tropas americanas el 12-O).
En cualquier caso, no creo que las polillas cantaran esta canción con este contenido, sino con el de desmitificar quizás la imagen del Nueva York de los años 80 como la ciudad de las ciudades. Y nada más. Y así les salió una canción de lo más graciosa.
¿Os acordáis de Vanesssa? Aquella chica a la que le crecían las eses al enamorarse de su nene en sus vacaciones de verano en Italia?
Los que seguisteis esta historia sabéis que finalmente Vanesssa cogió el avión a Nueva York para encontrarse con George. El problema es que Vanessa pertenece a ese importante grupo de españoles que se sienten inseguros con el inglés, y ante tremendo problema, se empeñan en no aprenderlo porque según ellos, no se les da bien. Tienen un mecanismo de autodefensa que no les deja avanzar más allá del verbo to be, y cuando se encuentran con cualquier problema, terminan diciendo, a mí es que el inglés nunca se me ha dado bien... para volver a empezar... de cero. El caso es que cuando lo necesita de verdad, el anti-english, recurre al verbo to be como si fuera una tabla de salvación, y lo mete en cualquiera de sus oraciones. Así, cuando Vanessa pasó por el check-in, preguntó a la chica que la miraba como un soldado: where is my bag??? dónde está mi maleta??? aciertoooooo, pero Vanessa quería llevarla como equipaje de mano, no que se la facturaran, pues consideró que no necesitaba una gran maleta para hacer su vida junto a George, pues su vida acababa de empezar, y los corazones que llevaba para regalar, estaban rellenos de helio, y prácticamente no pesaban. En el despegue, Vanessa sintió que sus animalitos se habían quedado bajo la responsabilidad de la persona inadecuada, así que la velocidad, el vértigo, y el remordimiento repentino, la hicieron querer vomitar, por lo que rogó a la azafata... Are you accompany to the toilet, please? I am not walk alone... y sí, es cierto que los rascacielos le parecieron demasiado altos, la comida demasiado grasienta, los días demasiado largos esperando a que George llegara de trabajar, las exigencias demasiado estrictas, para con ella y sus deseos de trabajar como administrative assistant en cualquier sitio, pero lo que más largo se le hizo, fue la espera a George en el aeropuerto, pues su prometido tardó dos horas en llegar a recogerla, y ella, puro jet lag, sin saber dónde cambiar sus euros por dólares, le prometió: I am not move de aquí hasta que llegues. George llegó sudando gotas gordas tras atravesar el subway. Vanessa, que había soñado con un tranvía llamado deseo, sólo acertó a preguntarle... Are you love me?, a lo que George contestó con un sudoroso Of course I do, of course I DO!!
Pero el amor se demuestra andando, y con dedicación, que eso de la calidad ante la cantidad no estaba hecho para Vanesssa, poseedora de demasiadas eses a las que rellenar con besos, y George se pasaba el día trabajando en Mahattan, y George no cedió ante los caprichos de Vanesssa, que solía decir... I am want to do it without condom... pero George era sospechosamente precavido con aquello del virus del amor. Y las tardes de Vanessa, que no sabía cuándo era mañana y cuándo tarde de tanto comer jamón dulce, se componían de hilachos de recuerdos, que sólo terminarían tejidos cuando aceptase una palabra: arrepentimiento/regret. Se asomaba al Facebook para ver cómo en España seguía todo igual, o peor, pero sus amistades seguían tan felices, y sin echarla de menos. Activó el chat para que la gente la viera en verde, esperando ver quién le hablaba, y sólo una antigua amiga, considerada por Vanessa cotilla, sin vida propia, y un pelín tonta, le dijo...
- Hello!!!!!
- Hola Sonsoles. ¿Cómo estás?
- Pues aquí en la playa. Ya sabes que aquí en Torrevieja se pueden pillar buenos días de sol, aunque sea diciembre.
- Ah, me alegro.
- ¿Cómo te va?
- Bien.
- ¿De verdad? Me alegro.
- No, no es verdad. Me paso todo el día sola, Sonsoles. Me arrepiento de haber dejado mi trabajo. He venido a América a encerrarme en un cuchitril, y quiero sol, quiero sol, y jamón serrano!!
- Ay, amiga, lo siento. ¿No tienes forma de recuperar tu trabajo si vuelves a España?
- No lo sé, no sé nada.
Sonsoles vio desactivarse el chat, y sintió una pena tremenda por aquella antigua amiga de instituto. Vanessa sintió pena de ella misma.
A los pocos días, Vanesa tuvo varias charlas con su amante americano, se cogió un billete de ida a Madrid, y se despidió de manera poco traumática de George, al que le pidió que la despertara cuando fuera más madura y más lista, y se subió al avión quitándose el miedo al ritmo de un la-la-la, para pedir por favor, que cuando nadie la recibiera en la T-4, tampoco nadie dijera nada por favor, que hablando el alma le destrozarían, y dibujó en las nubes el recuerdo de aquel 2013 lleno de eses hechas de sueños y mentiras hechos realidad.
Y aunque nunca lo olvidara, Vanessa se decidió por una vida con estribillo, y de tardes repetidas.











