Eran las 3 a. m.. Carlos se había dormido en el sofá con un libro de Doris Lessing en la mano, el mando de la tele en la otra, y el recuerdo de María en la otra. La llamada que llegaría llegó, pero Carlos tardó en contestar, pues sus tres piernas tuvieron que luchar contra el mando del equipo de música la una, contra el pijama XXL que se le caía desde la cintura hasta el suelo, pues se lo había comprado para no notar su previsible subida de peso y volumen, y, la tercera, la tercera extremidad inferior luchaba contra el terror paralizante de una llamada de teléfono a las tres de la mañana.
Y la llamada decía sí, que había valido la pena esperarte, que en realidad te esperaré toda mi vida, que ya no voy a ser el mismo jamás, que ojalá nunca me hubieras sacado a bailar, pero ahora que he empezado, quiero bailar siempre contigo. Que cuando te fuiste no quedó nada, que no pude apagar la luz al acostarme, que me crecieron los miembros en la espera, pero estás, me llamas, me llamas, el politono de Yo te esperaré me avisa de que sólo puedes ser tú, tú, mi amor, que no ha habido guerra que nos haya separado, que lo único que nos ha separado es mi excesivo amor por ti. Que desde la primera noche en que me besaste, mis tres ojos se hicieron canciones, que pude volar con tus besos, y que tus dos ojos se convirtieron en mi único objetivo.
La llamada es corta como todo entre tú y yo. Tú me amas dos segundos, y yo te quiero tres vidas. Tú me hablas a las tres a.m. y yo las treinta y tres horas del día. Es la segunda vez que noto que lloras: en la primera vi tus lágrimas, pero no escuché tus gemidos; en la segunda, escucho tus sollozos, pero no veo tu lágrima. Siempre lloras con una lágrima, y yo lloro con tres mil. Carlos, siempre comparando, me habrías dicho. Pero preferí que no me dijeras nada.
Y no hablé. Sólo te escuché decir que no querías seguir en Barcelona, que no tenías ni un euro, y que por favor, fuera ahora mismo por ti, que no podrías soportar subirte en el tren, y que además, ni tenías dinero para comprarte el billete. No llores mi vida; ahora mismo cojo el coche y voy por ti, no digas nada más, que voy por ti. Me tomo un café que me ponga firmes mis tres piernas, mis tres brazos, y mi dolor de alma, de desconfianza y de cabeza, y ahora mismo, a las tres a.m. , salgo por ti. Y cuando estemos regresando a casa, me dejes soñar. No digas nada por favor, no vaya a ser que me despierte, no digas nada por favor, que hablando el alma me destrozas, no me cuentes lo que has hecho, ni a quién has conocido, que no sé estar contigo en la cama si hay fantasmas, no digas nada, ten piedad...
Y volvieron los hermanos a alegrarme la vida con una canción que ya aparecía en 3 a.m. pero que le dan ahora más entidad en esa especie de reedición de canciones inéditas que llaman dèjá vu, y ya sabéis los que me leéis que yo tengo muchos de ésos, y que esta canción para mí es un intento de reeditar un éxito, de volver a vivir la gloria de hace unos meses con Yo te esperaré. Dijo Fran Blanco el otro día en Cadena Dial que esta canción era igual de buena que Yo te esperaré, pero sabemos todos que la frescura y el éxito de la primera vez son casi imposibles de revivir. Aun así, son mi debilidad colombiana, y a mí me sigue encantando ponérmela, sobre todo para bailar con mi hijo, con esa mezcla tan diferente de ritmos euro-electrónicos, balada romántica, y el toque reguetonero. Son tres canciones en una. Son de lo mejor, y sigo consciente de que para muchos que me leen, éste es mi suicidio temprano en cuanto a crítico musical, pero ¿he dicho alguna vez que yo lo fuera? Sus canciones son románticamente fáciles, deliciosamente pegadizas, y sí, es tan buena, que me hace revivir (de manera más calmada) todo lo bueno vivido en 2012, y pensando que la promesa continúa, no sé hasta cuándo, pero lo sigo prometiendo: Yo te esperaré.
Así que si no te gusta, no digas nada, por favor, o sí, puedes decirlo, porque si yo fuera Carlos, le pediría a María que me contara con pelos y señales todo lo que pasó en Barcelona. Soy bastante masoca, sí.
Porque el viaje de María y Carlos desde Barcelona a la Costa Tropical se emprendió a las 3a.m. del día siguiente. María se sentó de copiloto con su mano derecha tapando su cara para no verse en el retrovisor. El silencio se paseaba por el coche con dulzura, y Carlos contenía su euforia como podía, intentando balbucear una canción que pusieron en la radio mientras recorrían la A-7. No digas nada por favor, que hablando el alma me destrozas, quiero decirte tantas cosas, quiero acordarme de tu olor...
Edito: versión más reguetonera y para mi gusto infinitamente mejor que la anterior, con ese clímax que le añaden con voces de fondo que parecen acompañar a un abismo imparable, y que han acompañado con un vídeo que sin embargo tiene poco que ver con la letra de la canción. Hay lectores que han preguntado quién muere. Yo digo que es el chico, lanzado al mundo de la droga por ella, y totalmente entregado a ella. La chica se arrepiente en el último momento, pero ya es tarde. El final no es más que la visita post-mortis de él en los sueños de ella.
Una vez más: una femme fatale.
Ella: If you break, I break (si tú lo dejas, yo lo dejo)
Él: If I could go back again, I promise I would do it different, there's just no life withot you. (si pudiera volver otra vez, juro que lo haría de otra manera, no hay vida sin ti)
Ella: It´s not y... (no fuiste t...)
Él: Shhh, please don't speak (shhhh, por favor no digas nada)
Él: If I am dreaming, I don't want to wake up (si estoy soñando, no quiero despertar)
¿Te apetece rememorar viejos tiempos y recordar los tebeos de cuando eras niñ@? Te recomiendo Zipi y Zape y el club de la canica, donde encontrarás esta canción alegre de Cali y el Dandee: Por siempre.
Y si queréis más Cali y el Dandee como así lo demostráis con vuestras búsquedas en YouTube, no te pierdas esta colaboración con Nicolás Mayorca, eso sí, que la fama no se te suba a la cabeza a menos que sea para restregársela por la cara a quien antes no te quiso: Mi canción.
Si aún no te has cansado de ritmos latinos y fiesteros, te presento La Botella, una canción de otro grupo colombiano (Bonka) integrado por Alejo y Daniel, que ya han protagonizado éxitos como Bien Cerquita o A Escondidas. Con La Botella, Bonka aúna su propio acordeón y su caja ballenata con las voces y guitarras electrónicas de nuestros protas: Cali y el Dandee. Esta canción me parece candidata a escucharse en alguna fiesta de la Nochevieja de este 2013/14.
Así que si no te gusta, no digas nada, por favor, o sí, puedes decirlo, porque si yo fuera Carlos, le pediría a María que me contara con pelos y señales todo lo que pasó en Barcelona. Soy bastante masoca, sí.
Porque el viaje de María y Carlos desde Barcelona a la Costa Tropical se emprendió a las 3a.m. del día siguiente. María se sentó de copiloto con su mano derecha tapando su cara para no verse en el retrovisor. El silencio se paseaba por el coche con dulzura, y Carlos contenía su euforia como podía, intentando balbucear una canción que pusieron en la radio mientras recorrían la A-7. No digas nada por favor, que hablando el alma me destrozas, quiero decirte tantas cosas, quiero acordarme de tu olor...
Edito: versión más reguetonera y para mi gusto infinitamente mejor que la anterior, con ese clímax que le añaden con voces de fondo que parecen acompañar a un abismo imparable, y que han acompañado con un vídeo que sin embargo tiene poco que ver con la letra de la canción. Hay lectores que han preguntado quién muere. Yo digo que es el chico, lanzado al mundo de la droga por ella, y totalmente entregado a ella. La chica se arrepiente en el último momento, pero ya es tarde. El final no es más que la visita post-mortis de él en los sueños de ella.
Una vez más: una femme fatale.
Él: If I could go back again, I promise I would do it different, there's just no life withot you. (si pudiera volver otra vez, juro que lo haría de otra manera, no hay vida sin ti)
Ella: It´s not y... (no fuiste t...)
Él: Shhh, please don't speak (shhhh, por favor no digas nada)
Él: If I am dreaming, I don't want to wake up (si estoy soñando, no quiero despertar)
¿Te apetece rememorar viejos tiempos y recordar los tebeos de cuando eras niñ@? Te recomiendo Zipi y Zape y el club de la canica, donde encontrarás esta canción alegre de Cali y el Dandee: Por siempre.
Y si queréis más Cali y el Dandee como así lo demostráis con vuestras búsquedas en YouTube, no te pierdas esta colaboración con Nicolás Mayorca, eso sí, que la fama no se te suba a la cabeza a menos que sea para restregársela por la cara a quien antes no te quiso: Mi canción.
Si aún no te has cansado de ritmos latinos y fiesteros, te presento La Botella, una canción de otro grupo colombiano (Bonka) integrado por Alejo y Daniel, que ya han protagonizado éxitos como Bien Cerquita o A Escondidas. Con La Botella, Bonka aúna su propio acordeón y su caja ballenata con las voces y guitarras electrónicas de nuestros protas: Cali y el Dandee. Esta canción me parece candidata a escucharse en alguna fiesta de la Nochevieja de este 2013/14.




