Ana-dormida-de-día sólo quería llorar. Ana-encerrada-en-su-muro sólo deseaba llorar porque sabía que no podía pedir otra cosa.
Ana: Mira el movimiento de mis párpados, y esto es importante, Jaime. Mira mis ojos enamorados de ti como el primer día. Sé que tú sabes todo lo que pasó. Sabes que aquella madrugada fui a verme con alguien. Sé que lo sabes. Y sé que me odias por eso. Lo noto cuando me limpias con rudeza, a desgana, porque me sueltas mis piernas muertas de golpe, y yo noto un estruendo dentro de mí, y entonces las pupilas se me bajan ahogadas en la tristeza, porque yo te quiero Jaime, aunque vieras esos mensajes en mi móvil. Y no sé si mientras me mantuve inconsciente llegaste a hablar con él. Me gustaría haberte escuchado hablando con él, con mi Luis, que lo quise tanto, lo deseé tanto, que no está aquí, y eso es importante, porque mis pupilas se dilatan viéndolo en el recuerdo.
Por eso también amo este maldito muro que me separa de la vida. Porque lo veo todo tan bien, tan bien, que a veces revivo la pasión con que me quería, y la pasión con la que íbamos a querernos aquella maldita mañana. Y también me gusta mi muro porque siento tus cariños. Me desnudas cada mañana con ternura, me limpias suavemente con la esponja, y a veces te recreas sobre mis nalgas y pasas una y otra vez sobre mis ingles, sí, entonces, fíjate en mis ojos, que esto es importante. Me quitas de la cabeza el llanto que tanto anhelo, retomo la sensación del pis en mi vejiga y noto minúsculas cascadas dentro de mí, y allí me marcho yo, sí, y esto es importante, porque me voy a un mar de aguas cristalinas donde miles de peces de colores se encuentran con mis ojos, me acarician la espalda y babosean los mundos más internos de mí. Sí, Jaime, tengo muchos mundos ahora que estoy tras el muro. Me viene a la cabeza el nombre de Luis mientras tú me secas con cariño y me limpias los dientes. Intento gritar L-U-I-S, pero sólo lo mascullo sin aparente esfuerzo. Y al final sólo emito un chasquido que tú respondes con una sonrisa, pero yo me estoy retorciendo de placer aquí tirada en la cama; si te fijaras en mis pupilas- esto es importante- lo entenderías, Jaime. Me muestras en el espejo y parezco la Mona Lisa, con esa media sonrisa, con esa incapacidad para llorar, pero sólo quiero ser sirena, y tocar los rayos de sol que entran por la ventana. Ésa soy yo, Ana, la que no puede llorar.
Jaime: Le han temblado las piernas al pasarle mis manos con tanta vehemencia. Ella no lo sabe, pero se le ha resbalado una gotita de sudor, y se le ha ido a sentar en la comisura de los labios. Lo he hecho con el mayor mimo posible. Le he quitado sus pañales y la he empapado bien de agua. Pobrecita, mi Ana. Ojalá estuvieras bien, aunque no fuera conmigo, aunque estuvieras torcida. La he atendido durante más de hora y media. Ahora me voy. Le dejo el móvil a tu lado, por si Luis te llama hoy. No lo hará. Nunca lo ha hecho, el muy cabrón.
Jaime se ha tirado al suelo a dormir. Lo hace cada dos horas para que Morfeo no lo sorprenda de pie, que puede ser más peligroso. Ana intenta llegar al suelo con los ojos. No puede. Pero se conforma. Se ha guardado en el frasco de su memoria lenta el gusto de las manos de Jaime acechando su vagina, y hasta por eso quiere llorar, y llorar, y llorar.
La sensación de que un dolor o una emoción sublime fuera eructada de su cuerpo le parecía sublime. Lágrimas, lágrimas deseadas que nunca llegaban. Esperaba que Jaime la hubiera perdonado por torcerse; esperaba que no le guardara rencor, como demostraba cada mañana al dejarle el móvil en la mesita de noche, por si acaso, tal vez, Luis-30 llamara, y sus pupilas se dilataran, que esto es importante.
Piensa Ana que el ahogo de medianoche lo producen sus lágrimas que se han convertido en cristales afilados y se le han clavado en el esternón, incapaces de atravesar el oscuro camino a la libertad, la libertad que está ahí fuera tras el caparazón, detrás del muro. Su desesperación se torna tan fuerte que por fin consigue liberar un leve chasquido. A veces Jaime la escucha. Otras no. Y los que vienen a verla piensan en la Mona Lisa, no por enigmática, no por misteriosa, sino por increíble: la mujer eternamente sentada en una silla de ruedas, que no se mueve en absoluto, es en cambio capaz de emitir una carcajada contenida. Ana ríe de dolor, pero quiere llorar de felicidad. Ana. Ana. Mi niña linda.
Resulta que ninguna de las entradas que en este blog he hecho sobre Jesse y Joy ha sido demasiado popular, pero es que me encanta cómo canta esta chica. ¿Sabes? Su voz me recuerda a Amy Lee, la cantante de Evanescence, salvando las evidentes distancias de lenguas y estilos. La presento ahora con otro cantante bien conocido en América Latina, no tanto en España, aunque quizás lo recuerdes por esta actuación en las pasadas Navidades:
Se llama Mario Domm y pertenece al grupo de música conocido como Camila. Canta como los ángeles, y le pongo dos peros: el ataque que le da en el piano, y al atuendo (cuestión de gustos). Así que se han unido Jesse y Joy, y él y nos han regalado esta balada a la que otorgo un 10 general, y una matrícula de honor entre el 00:32 y el 02:02.
Es que el sonido del piano es mi debilidad... y casi me hace llorar...ya sabes, hay muchas formas de llorar:
...se puede llorar al perder la inocencia...
CRY,CRY, OCEANA (2009)
... se puede llorar por no estar acostumbrado a perder...
CRY, RIHANNA (2007)
...se puede llorar al llamar a una madre...
CÁLLATE NIÑA, PICNIC (JEANNETTE) 1967
...y hasta se puede llorar bailando...
ESTOY LLORANDO POR TI, MINERVA (1995)
La sensación de que un dolor o una emoción sublime fuera eructada de su cuerpo le parecía sublime. Lágrimas, lágrimas deseadas que nunca llegaban. Esperaba que Jaime la hubiera perdonado por torcerse; esperaba que no le guardara rencor, como demostraba cada mañana al dejarle el móvil en la mesita de noche, por si acaso, tal vez, Luis-30 llamara, y sus pupilas se dilataran, que esto es importante.
Piensa Ana que el ahogo de medianoche lo producen sus lágrimas que se han convertido en cristales afilados y se le han clavado en el esternón, incapaces de atravesar el oscuro camino a la libertad, la libertad que está ahí fuera tras el caparazón, detrás del muro. Su desesperación se torna tan fuerte que por fin consigue liberar un leve chasquido. A veces Jaime la escucha. Otras no. Y los que vienen a verla piensan en la Mona Lisa, no por enigmática, no por misteriosa, sino por increíble: la mujer eternamente sentada en una silla de ruedas, que no se mueve en absoluto, es en cambio capaz de emitir una carcajada contenida. Ana ríe de dolor, pero quiere llorar de felicidad. Ana. Ana. Mi niña linda.
Se llama Mario Domm y pertenece al grupo de música conocido como Camila. Canta como los ángeles, y le pongo dos peros: el ataque que le da en el piano, y al atuendo (cuestión de gustos). Así que se han unido Jesse y Joy, y él y nos han regalado esta balada a la que otorgo un 10 general, y una matrícula de honor entre el 00:32 y el 02:02.
Es que el sonido del piano es mi debilidad... y casi me hace llorar...ya sabes, hay muchas formas de llorar:
...se puede llorar al perder la inocencia...
CRY,CRY, OCEANA (2009)
... se puede llorar por no estar acostumbrado a perder...
CRY, RIHANNA (2007)
...se puede llorar al llamar a una madre...
CÁLLATE NIÑA, PICNIC (JEANNETTE) 1967
...y hasta se puede llorar bailando...
ESTOY LLORANDO POR TI, MINERVA (1995)




