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Saturday, October 12, 2013

SAFE AND SOUND: Capital Cities

No quiero que se me pase el 2013 sin que esta canción entre en lo que fue el viejo objetivo de este blog: conocer la mejor canción de 2013. Y creo que Safe and Sound debe estar entre ellas. Al principio, traté de evitarla porque supe que la canción arrancó en 2011, pero que fue relanzada en abril de este año, y mira tú por dónde, ha obtenido más éxito que hace dos años. ¿Que por qué? Pues no tengo ni idea. Quizás porque en Alemania sirvió para lanzar un anuncio de Vodafone, o en México para Telcel. Dijeron sobre ella el mismo grupo, que esta canción "en un momento de crisis total ..." "representa el antídoto, la tendencia a mirar hacia la humanidad con más normalidad, sin miedos apocalípticos", y supongo que por eso el vídeo recrea la evolución del baile en los últimos cien años. La coreógrafa Mandy Moore fue la que montó este tinglado, para que quizás comprendiéramos que por muchos cambios que haya, seguiremos Safe and Sound.
 
     La expresión Safe and Sound se puede traducir más o menos como "sano y salvo", a pesar de que Sound es una palabra que suele conocerse por su acepción de "sonido". Sin embargo, "sound" tiene un significado más antiguo: completo, ni dañado ni herido. También es común la expresión "of sound body and mind" que es una expresión usada cuando volvemos de una aventura o cuando miras la vida desde la edad anciana, y que indica que estás aún cuerdo de mente y sin impedimentos físicos. La expresión es una joya (perdonadme por mis desvaríos lingüísticos): dos palabras unidas por una "y", dos palabras sibilantes, acabadas en consonante y dando vida a dos diptongos: ei y au. Una expresión rápida, sonora y contundente. La puedes encontrar en Shakespeare en su Comedy of Errors (I long that we were safe and sound= ojalá nos halláramos sanos  y salvos) y la puedes encontrar con Taylor Swift (la cantautora) jeje, perdonadme por la mezcla cultural.   
 
   otra canción de los Hunger Games...
 
Os dejo con la letra, que si la leéis, os dejará buen sabor de boca, más que nada, porque sí dan la sensación de que no se debe tener miedo, que alguien vela por nuestros intereses, y que no tiene por qué pasar nada...
 
SAFE AND SOUND
SANOS Y SALVOS
 
I COULD LIFT YOU UP
YO PODRÍA LEVANTARTE
 
 
I COULD SHOW YOU WHAT YOU WANT TO SEE
PODRÍA MOSTRARTE LO QUE QUIERES VER
 
AND TAKE YOU WHERE YOU WANT TO BE
Y LLEVARTE ADONDE QUIERES ESTAR
 
 
YOU COULD BE MY LUCK
PODRÍAS SER MI SUERTE
 
EVEN IF THE SKY IS FALLING DOWN
INCLUSO SI EL CIELO SE NOS CAE ENCIMA
 
I KNOW THAT WE'LL BE SAFE AND SOUND
SÉ QUE ESTAREMOS SANOS Y SALVOS
 
WE'RE SAFE AND SOUND
ESTAMOS SANOS Y SALVOS
 
I COULD FILL YOUR CUP
PODRÍA LLENARTE LA COPA
 
YOU KNOW MY RIVER WON'T EVAPORATE
SÉ QUE MI RÍO NO SE EVAPORARÁ
 
THIS WORLD WE STILL APPRECIATE
AÚN APRECIAMOS ESTE MUNDO
 
YOU COULD BE MY LUCK
TÚ PODRÍAS SER MI SUERTE
 
EVEN IN A HURRICANE OF FROWNS
INCLUSO EN UN HURACÁN DE CEÑOS FRUNCIDOS
 
I KNOW THAT WE'LL BE SAFE AND SOUND
SÉ QUE ESTAREMOS SANOS Y SALVOS
 
WE'RE SAFE AND SOUND-ON YOUR GROUND-
ESTAMOS SANOS Y SALVOS- EN TU TERRENO-
 
 
I COULD SHOW YOU LOVE
PODRÍA MOSTRARTE EL AMOR

IN A TIDAL-WAVE OF MYSTERY
E INCLUSO EN UN MAREMOTO DE MISTERIO

YOU'LL STILL BE  STANDING NEXT TO ME
PERMANECERÁS EN PIE A MI LADO

YOU COULD BE MY LUCK
PODRÍAS SER MI SUERTE

EVEN IF WE ARE SIX FEET UNDER GROUND
INCLUSO SI ESTAMOS A TRES METROS BAJO TIERRA

I KNOW THAT WE'LL BE SAFE AND SOUND
SÉ QUE ESTAREMOS SANOS Y SALVOS

...

 
 
ABECEDARIO CONVERSACIONAL
 
He notado el bochorno colándoseme por los poros. Siempre pasa lo mismo: después llega la tormenta y creo que me muero. Llegan luces a mi cara, siento que no me entenderás ni sabrás qué sombras pasan por mi mente. Yo sólo me conformo con que vengas, y tú te encargas de las moscas, yyyyyyy, que con el bochorno aún están más pegajosazzzzz.
Te acercas a mí. Explotan los deseos en mi mente, y construyen desastres caóticos y maravillosos en el alma y en las uñas tuyas, y en los jirones míos, y en los lamentos míos, y en los tímpanos tuyos que vuelven a empezar el efecto nunca terminó. Vente a la ducha. Construyamos nuestra propia lluvia antes de que llegue la de verdad y se lleve la única teja de cordura que le ha quedado a mi casita de papel. Cae el agua en las cervicales de ambos a ver si esta vez saciamos el deseo que vuelve rápido y tira tejas. XXXXXX.
Salimos de la ducha y un rayo ilumina la habitación. Me tocas el miedo y lo haces desaparecer, hada madrina. Promesas que no me creo, cuentan tus labios. Promesas de estar sanos y salvos, que siempre estarás, y a mí el siempre me asusta, porque no quiero vivir pendiente de cuándo se acabará el cuento. Y me dices que ni con maremotos, ni estando criando malvas, esto acabará.
¿Y qué pasa si se acaba el cuento? ¿Qué harías? No me gustaría que hicieras ninguna tontería si cerramos páginas, firmamos un gracias por los servicios prestados, estaré a la disposición de su memoria y desayunamos lejos de Tiffany´ssssssssssssssssssss.
No quiero que me enseñes a vivir sin ti. Sé hacerlo solo porque esta lluvia de octubre me recuerda que otros corazones se empapan gota a gota, y los gusanos comen más. Qué bonitos nuestros cuerpos con las piernas abiertas. V. V. Abrazo de pies. W.U.u.u.

Ya estás otra vez despertando a los muertos. No sé por qué hablas de Marta cuando hacemos el amor. Sácala de esta cama o te quedas con ella. Lo que tú tienes se llaman remordimientos. Se sacan con aspirina y agua con apio o alguna mierda de esas verdes. Sácalos. Sácalos de ti y no vuelvas a meterlos en esta cama. Rrrrrrrrrrrrrrr. No los soporto.
No es fácil. No sé cómo se hace. Cada vez que escucho la lluvia, imagino su cuerpo mojado y me da, me da. No me siento a salvo en la casa de papel. La recuerdo gesticulando y alzando los brazos para hablar con su madre, y me pregunto si yo habría podido hacer algo por ella. Tormento.
Ay mamá. Decía Marta. Tú no crees en esto del amor. Pero yo sí que creo, y no sabes cuánto me da Jose cada vez que viene. Te has labrado en negación y renuncia.
 El humor se me está haciendo de barro cocido. La sonrisa me sale con pinzas en los mofletes. El sueño lo conozco a cabezadas a destiempo. Ayer me quedé sola haciendo la V.
¿Cuánto cuestan los abrazos? ¿Cómo le dan a una besos sin que los tenga que pedir? Jose no vino ayer y me quedé sin comer. Estoy enfadada hasta con las moscas. Demasiado masoquismo en mi precocidad. Ojalá venga hoy, y me saque de este barco, que sólo él nos puede llevar a tierra, sanos y salvos.
Mira hija, si tuviera diez años menos te pegaba ahora mismo una paliza que te sacaba las crisálidas del estómago. La gente se las pasa hablando de ti, que si estás más delgada que una sílfide, que si eres una puta, que si ese Jose que viene a verte está casado, que si siempre sale de tus bragas con un desmadre capilar en su cabeza. Hazme caso, hija mía, los casados nunca cambian pájaro en mano por mujeres de rodillas. ¿Qué?
Vaya masoquismo con que cambie la gente. Dime quién va diciendo eso de mí. Seguro que la Tere y compañía, las viejas sin vida. Lo del hambre es cierto, tengo la boca del estómago que no se abre ni con amenazas. Lo del pelo en desorden es parte de mi lista de obsesiones. Ayer vi una nube negra y era él, mi Jose, cómo jode el amor, ¿verdad mami? Pero a la Tere y compañía, el día en que la tormenta me canse, las agarro del moño y las decapito para después cambiarles las cabezas. Ups.
Viene una nube negra. Es Jose. Vete mami. No debes ver ciertas cosas. Cómo se mueve este autobús, coÑÑÑÑo, que yo sólo quiero llegar a casa, para que Jose ande contento, y admire mi precocidad, mis jadeos, y mi boca generosa. Y como vea a la Tere asomarse por la ventana, ya lo tengo ensayado, gritaré Oooooooo con más fuerza, que ésa lo que tiene es envidia, que en su casa no la jodennnnnnnnn.
MMMMMMMMMM, así, cada día me lo haces mejor, pero te tienes que ir, ¿cuándo vas a hablar con tu mujer? mira que no aguanto más tiempo, eh, jose? que son ya dos años sin levantarme ni un alba contigo, y no me aguanto, díselo hoy a tu mujer, que ella es ceniza, y yo miellllllllllllllllllllll.
Jose siempre responde con un clickkkkk aquí in un clackkkkk allá. Sabe engranarme todos los huesos, y no sé decir nnnnnnnno. Ha cogido su Audi y se ha marchado. La boca del estómago me reclama, ajjjjjjjjjj. No puedo probar bocado.
Y este autobús que siempre se retrasa. Hablando de retraso. Creo que no me viene la regla desde hace dos meses. ¿Te lo puedes creer? Yo, que soy un relojjjjjj.
Ya me compré el Predictor, como me dijo la Tere, es que anoche no tenía con quien hablar, y terminé contándoselo a quien menos debía. Me preparó pastel de manzana, y a mi estómago le salió el punto de la i,se quedó pegado como una ventosa y no hay quien coma, tú.
Este chisme dice que sí. Que estoy embarazada. Oh. Conmoción. Ohhhhhhhhhhh. Un hijo de Jose. Aggggggggggg. Tengo que llamar a su mujer y decírselo ahora mismo.
-¿Jose?
-¿Marta? ¿Cómo te atreves a llamar aquí?
- Necesito que vengas ahora mismo. Tengo algo que decirte.
- Uffffffffffff. Qué coñazo.
- ¡Joseeeeeeeeeeeeeeeeee!
Jose y Marta se encuentran sin alborotarse los cabellos. Y bien, ahora que lo sabes ¿te quedarás, verddaddddd?
Tócalo mi vida, toca mi vientre que ahora también es tuyo, no sé si rosa o azul, o violeta, pero está llamando a las puertas de tu vida.Tocccc. Tocccccc.
Jose le dice no. A saber de quién es la criatura, muchacha promiscua.
No voy a dejar que te vayas sano y salvo de aquí. Marta apunta a su objetivo. Apunta a Jose, al que ama, al que está dentro de ella, que para sacarlo de su vida, debe disparar a su propio corazón. Bbbbang, bbbbbang.

Así que tú no temas mis locuras, que estas lluvias de octubre, me la traen a la memoria, y sé que el que muere muerto está, que no vive ni ama, ni siente ni padece, y allí está a tres metros bajo tierra, sana ysalva,eso sí,excepto de la lluvia de octubre, que se cuela por los poros de la tierra y engorda los gusanos que se comen los corazones muertos. Que prefiero un corazón lleno de amarguras y grietas a uno mojado por la lluvia de octubre. La última vez que hablamos en sueños, me tocó las manos y me enfrió. Me dijo que la lluvia de octubre se le cuela en el ataúd. Y ahora vete. El agua AmAinA.


                                                 









 
 
 
                                       

Monday, March 11, 2013

I KNEW YOU WERE TROUBLE: Taylor Swift

Es guapa, muy guapa, de hecho excesivamente guapa, pero no la elijo por eso, sino por su canción, porque estuve dudando si elegía su anterior We are never ever ever getting back together, pero tenía un defecto muy triste. ¿No te ha pasado que conoces a alguien y piensas -Qué simpátic@- pero cuando llevas un rato hablando con él/ella te dices -Agh, qué pesad@- y eso es lo que me pasó cuando escuché ever ever ever ever por enésima ever, perdón, vez. I knew you were trouble, en cambio, me resulta más melódica, más suave. Taylor Swift nos cuenta todo un clásico: chica guapa conoce a malote atractivo, que la lleva por el mal camino, hasta que por fin reacciona y se da cuenta de que sólo le trae problemas; supongo que a este guapo le dirá también aquello de "nunca, nunca jamás  vamos a estar juntos otra vez", pero en este caso parece que se ha quedado con ganas de más, aunque sea para mandarlo muy, muy lejos.


                                        
Taylor Swift hablando al principio: Creo, creo que... cuando todo se ha acabado, todo te vuelve como en flashes, ¿sabes? Es como un caleidoscopio de recuerdos, simplemente todo vuelve, pero él nunca. Una parte de mí supo desde el momento en que lo vi, que esto pasaría. No es por algo que él dijera o que hiciera; era como una percepción que acompañaba al momento, y lo peor de todo esto es que no sé si me volveré a sentir así, pero no sé si debiera... Sabía que su mundo se movía demasiado rápido, que ardía demasiado, pero yo me decía... ¿cómo puede el demonio estar empujándote hacia alguien que parece un ángel al sonreír?. Quizás él lo sabía cuando me vio.
Supongo que simplemente perdí el equilibrio. Creo que lo peor de todo no fue perderlo a él, sino perderme a mí.
Taylor Swift canta: Érase una vez, hace unos cuantos errores, me tenías en el punto de mira, me pillaste sola, me encontraste, me encontraste, me encontraste. Supongo que no le diste importancia, y supongo que eso a mí me atrajo, pero cuando me enamoré de verdad, tú diste un paso atrás, sin mí, sin mí, sin mí.
Ya hace tiempo que se fue, pero cuando está cerca de mí, me doy cuenta de que la culpa es mía. Porque sabía que eras un problema cuando entraste, y la culpa la tengo yo. Me empujaste a lugares donde nunca he estado, y ahora yazco en este terreno frío y duro, problemas, problemas, problemas, ... Sin disculpas; él nunca te verá llorar, disimula para que él no sepa que él es la razón por la que te estás ahogando, te estás ahogando, te estás ahogando...
Y dicen por ahí que seguiste adelante, otra muesca en el cinturón (otra chica más) es lo que yo voy a ser siempre, y ahora lo veo, lo veo, lo veo...
Hacía tiempo que se fue. Me estaba tomando el pelo desde el momento en que me conoció...
Cuando tus peores miedos vengan arrastrándose (reconociendo) que nunca me quisiste, ni a mí, ni a ella, ni a nadie, ni a nada...
No sé si uno sabe quién es hasta que se pierde a sí mismo...

LA ENORME LUNA DEL ASCENSOR: MARÍA

Ojalá María hubiese alquilado un piso diferente, aunque fuera en la misma calle, pero en otro edificio. Hay que ver lo que es el destino... y lo que te puede hacer la luna del ascensor. Y es que María vino a Barcelona con la idea DE NO MÁS DRAMAS EN SU VIDA, SÓLO COMEDIAS, pero a cambio se encontró con la tragedia de la enorme luna del ascensor.
Al subir por primera vez, María se adivinó guapa, alta, esbelta, y se sonrió a sí misma en un juego de sonrisas infinitas, sólo posibles con el móvil apagado. Limpió el piso de arriba abajo, por supuesto con el móvil apagado. Se duchó y planchó el que sería su vestido para la entrevista con la chica de la editorial. Antes de irse a dormir, se tomó una dormidina para relajar su conciencia, y encendió el móvil. Veinticinco llamadas perdidas de Carlos. María lo llamó y le dijo rotunda que había llegado la hora de trabajar duro, que muy pronto se verían de nuevo.
Al día siguiente, Lola, la jefa de la editorial le dijo que no podía empezar aún como correctora, pero que, con semejante currículum, le daba una semana para traerse una buena historia, una de mujeres, femenina, escrita por y para mujeres. Y María se fue pensando en que podría disfrutar durante siete días de su ciudad favorita, con permiso de la luna del ascensor.
Mientras subía al cuarto piso, miró el móvil con cierta preocupación. No tenía a quien llamar. Y en la luna del ascensor vio una mujer sola, con la piel pálida, que de repente había dejado de sonreír. Y la soledad tiene un efecto inmediato en María; sus habilidades culinarias se desvanecen y recurre entonces a los platos congelados, que llenaron el piso de humos, que le invitaron a bajar al súper por una botella de güisqui, que sustituyó la dormidina de la noche anterior, y que dejaron su piel aún más pálida.
Al tercer día, María se despertó enérgica. Volvió a limpiar, y se volvió a vestir de fiesta. Bajó en el ascensor y sonrió tímidamente, pero la luna del ascensor permaneció indiferente. Comenzó a caminar por la Travessera de Gracia, y llegó a un punto desconocido. Estaba cansada. Se metió en la boca del metro como hoja arrastrada por la lluvia hasta las alcantarillas. Lesseps. Todavía recuerda la parada de metro a pesar de que María jamás ha vuelto a Barcelona. María observó parejas, jovencitos con mochilas, señoras mayores que reprobaban su escote, maduros descarados, y sí, espejito del ascensor, aquí sí, all eyes on me, pero no me interesan.
El vagón se para. La gente se cruza saliendo y entrando, y entre los que entran y salen, entra él, él, ÉL. Un hombre joven, con deportivas, cara de niño, menudo, seguro más bajo que ella, nariz chata, peinado militar, ojos, ojazos azules. Está buenísimo; no, no lo está: sólo son sus ojos. Lo mira. Lo busca. Se hace notar. Él responde y la mira durante segundos imborrables ya. El vagón vuelve a parar. La gente se arremolina otra vez en torno a la puerta-desagüe; ella alza la cabeza para mirar qué hace. Las personas-hoja se arremolinan en la puerta y se chocan las unas con las otras, descontroladas por el vigor de la prisa que las empuja irracionalmente. María se sale del vagón angustiada. No ve al chico de los ojos azules, y la luna del ascensor refleja la imagen del chico desconocido en las neuronas de María, pulverizando su delicado estómago, pues un individuo anónimo le acaba de recordar que está sola, sola e infeliz. El individuo ya no está, pero permanece en su campo de visión, y te hace sentir tan mal, sí, tan mal, porque te recuerda que eres infeliz, que tienes veintiocho años, y que sigues a la deriva, en medio de un mar muerto, sin rumbo ni destino.
Salió a la superficie a coger aire. Ya tenía tema para la editorial: el encuentro del fenotipo por casualidad. María ya lo había experimentado antes, pero no con tanta intensidad. La cuarentona de la editorial seguro que objetaría al tema, porque quería un mundo exclusivamente femenino, no una niñata enamoradiza a la que se le erizase el vello cada vez que viera un tío guapo de ojos aniñados y con un anillo en su anular, un anillo en su anular. María se enamora un poco más.
Volvería a la misma hora al día siguiente, para provocar un encuentro, para llevárselo a su piso de alquiler, que olía a fritanga de soledad. María finalmente regresó a casa; solicitó el ascensor, y la luna del ascensor le regaló cientos de imágenes de aquel fenotipo abrazándola y haciéndole el amor, y de tanto amor en el espejo tuvo que quedarse tumbada en el sofá, digiriendo un Valium de cena, y acariciando una vez tras otra la pata de la silla más cercana.
Al cuarto día en Barcelona, volvió a levantarse con ganas. Se acicaló. Se calzó con tacones muy altos, y dibujó sus curvas con ayuda de su falda favorita. Saludó a la luna del ascensor exhalándole su aliento medicamentoso, y sobre sus propios vapores, escribió ADAM, con m, y ambas, la luna del ascensor y María, bautizaron al primer hombre de la tierra.
-Hola, dijo Adam por fin, después de que María lo encerrara en su mirada durante segundos.
-Hola, contestó María, satisfecha como una niña malcriada.
-¿Vives cerca de aquí?
- Sí, relativamente.
Y Adam se dio la vuelta, como metiéndose algo en el bolsillo. Segundos después, Adam soltero se reincorporó a la conversación.
- ¿Cómo te llamas?
-David- contestó Adam.
-Eva- mintió María.
Así que Adam y Eva se encaminaron al apartamento de María como si hubieran reencontrado el camino hacia el paraíso, y hubieran aprovechado que Dios se estaba echando una siesta, y podrían pasar. Eva se miró en la luna del ascensor mientras probaba la boca de Adam, y notaba su cuerpo abriéndose para recibir al primer hombre de su vida. Eva se mentía con lucidez, y la enorme luna del ascensor permanecía en silencio. Eva le mostró su cama, su cuerpo por dentro y por fuera, y disfrutó de Adam guapa y radiante, como la luna del ascensor nunca le había dicho que era.
Al quinto día, María despertó sola.
 Adam volvió. E hicieron el amor una y otra vez, una y otra noche. Pero las noches no tenían lucero. Y María despertaba sola, y fea, y con la nariz cada vez más larga.
Eva nunca preguntó. Sólo se dejó llevar. Hasta que Eva se acordó de su nombre y decidió seguirlo. No sería difícil: la enorme luna del ascensor le indicó el camino a Urquinaona, tras Adam, que recorría Barcelona en el vagón delantero.
Adam efectivamente salió en Urquinaona, y aligeró sus pasos hacia un enorme parque encajado entre los edificios. Adam saludó con entusiasmo a una niña que jugaba en el parque, y le hizo un gesto menos entusiasta a la mujer que ocupaba el banco de vigilancia. Adam se retiró con otro beso a la niña, y María, en silencio, se acercó a la niña y a la mujer del banco, hasta que pudo escuchar su voces:
Mamá...
Dime, mi niña.
Tengo miedo.
¿De qué mi vida?
De la madrastra del cuento.
Y María la bruja regresó al ascensor, escondida en sus gafas de sol, que no le sirvieron al entrar al edificio, donde la enorme luna del ascensor le repetía que estaba sola, sola, e infeliz, pero que debía quedarse en Barcelona y trabajar en aquella editorial donde todavía no había trabajado , y quizás volviera a encontrar un fenotipo por la calle, o en el metro, o en cualquier bar, de mirada felina, solo o acompañado, soltero o casado, que le recordase, por si lo había olvidado, que no era feliz, feliz, feliz, y la negativa iba y venía de una pared de la habitación a la otra, como un moscardón atrapado en un ascensor, enloquecido al ver su imagen reflejada en el espejo.
Cuatro cientas cincuenta y siete llamadas perdidas después, María llamó a Carlos con lágrimas de bruja buena, y le confesó que no estaba trabajando, que se había quedado sin dinero, y que si sería tan amable de venir por ella en coche. Le tenía miedo a los espejos del tren.


 
Taylor Swift ya ha superado ese mal trago, y ahora celebra que tiene 22, tan feliz y protagonista ella.

                               





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