No creo que Bohemio pase a la historia como el mejor álbum de Calamaro, pero creo que es con creces mejor que otros como On the Rock. ¿Qué hay de nuevo entonces en el álbum? Pues aparte de que sólo trae diez canciones, sí, sólo diez, a veces ha superado las cien!!!!, volvemos a un Calamaro más intimista que se acerca al Andrés de Alta Suciedad, y un coqueteo con el juego de la ascensión y la caída, que últimamente se ha tratado en este blog de maneras diferentes (Viva la vida u Homenaje a Mecano).
Voy a destacar cuatro canciones del álbum:
1- Belgrano: un homenaje a Luis Alberto Spinetta, El Flaco, fallecido el año pasado.
2- Plastico Fino, una clara referencia a la canción de Radio Futura, Veneno en la Piel, una canción que él mismo versionó.
3- Doce pasos, que es la última pista del disco, y que según la revista Rolling Stone, nos devuelve al Calamaro que más se parece a Los Rodríguez, ¿te acuerdas? Sin Documentos.
Pero de todas, la canción que hoy me trae aquí, es la más popera y comercial (de momento la radian en Cadena Dial). Su videoclip está protagonizado por la modelo Micaela Breque, y cumple a rajatabla la veneración del argentino por la belleza femenina. Igualmente, continúa una tendencia que vengo observando últimamente: la de grabar en blanco y negro (acuérdate de Cero, de Dani Martín)
La letra, por otra parte, me recuerda al sentimiento romántico que tienen algunas personas, poco proclives a actuar, que suelen entrar en estado de euforia al escuchar una canción, y que prometen decirle todo eso que cuenta la canción a la persona a la que no se lo han dicho antes. Otra cosa es lo que ocurre cuando acaba la canción...
Y no me queda más remedio que recordar una pareja sobre la que algunos ya habéis oído hablar alguna vez. Él se llama Michael. Ella Mimi. Michael y Mimi, Mimi y Michael son dos seres arrastrados por la marea a la parte más muerta del mar. No es necesario que sepáis por qué ni cuándo llegaron hasta ese punto donde la sal te hace flotar, sólo te cuento que viven juntos porque no conocen otra vida, y porque si existe alguna otra posibilidad, la descartan por miedo y apatía.
El caso es que Mimi salió ayer de viaje para renunciar a la herencia de sus padres, que por romper hilos, ya ha roto hasta los restos de sus padres en su DNI. Michael no pudo ir con ella porque no le quedó más remedio que acompañar a su hijo Mike, al que le han tenido que sacar dos muelas del juicio que le han salido de las encías con la garra y la mala leche de la mala conciencia que no tiene. ¿Qué habrá hecho?
Al volver del dentista, Michael encuentra una casa vacía, que no huele a nada, con las camas sin hacer, y el café hecho hace más de veinticuatro horas. Se tumba en la cama y escucha a Calamaro, cuando de repente decide que esa canción le viene al pelo y que la tiene que copiar. Se levanta raudo a buscar un bolígrafo, y como no encuentra papel escribe como puede en el cartón donde vino la pizza del mediodía, y a medida que escribe, la punta del boli se hinca con rabia en la caja, y me encantaría decírtelo a la cara, pero sabes que ya no puedo, que son demasiadas las cosas que nos han pasado, como para ahora conseguir una mirada rectilínea entre tú y yo, por eso copio esta letra, espero que los restos de pizza no se metan en las sábanas, que seguro te gustará, la canción digo, si el pulso me deja, y los oídos no me fallan, ya empiezo, que cuando no estás me equivoco cada medio segundo, a quién se le ocurre echarle kétchup a la pizza si ya estaba hecha, dónde pusiste las servilletas que nos hemos limpiado con el papel higiénico, cuando no estás, hijo no me llames ahora que estoy inspirado, cómo duele esta acidez, y aquí estoy tirándome del avión pero el paracaídas no se abre, y me estampo contra el suelo o al andar descalzo mi dedo pequeño detecta todos los rincones picudos de la oscuridad y se los come todos, que no sé dónde dejaste mis alpargatas, y aquí están las paredes preguntando por ti, no sé si debería copiarme de Amaral para escribirte estas líneas, ya sabes, sin ti no soy nada, y podría decir cosas más crueles, contar más minutos, pero ya sabes que el sueño me está ganando la batalla con la edad y los últimos acontecimientos, quiero que no te vuelvas a ir para no pasear solo por este laberinto oscuro ni que la soledad me aconseje de esta manera, mala amiga, no me quedas más que tú, y he de decírtelo, mierda, la puerta se acaba de abrir y oigo tus gritos desde este laberinto, nos llamas guarros, cerdos, vagos, y yo me escondo en esta pocilga, llevando rápidamente a la basura el cartón gigante de esta pizza barbacoa donde escribía esta poesía, que no se puede echar kétchup a la pizza cuando ya está caliente, y perdona por este desorden, se me hizo temprano contando los minutos que paso sin ti, para que llegaras y pudiera contar los minutos que nos faltan por contar, a ti a mí, y a este laberinto.
Posdata: te quiero.
El caso es que Mimi salió ayer de viaje para renunciar a la herencia de sus padres, que por romper hilos, ya ha roto hasta los restos de sus padres en su DNI. Michael no pudo ir con ella porque no le quedó más remedio que acompañar a su hijo Mike, al que le han tenido que sacar dos muelas del juicio que le han salido de las encías con la garra y la mala leche de la mala conciencia que no tiene. ¿Qué habrá hecho?
Al volver del dentista, Michael encuentra una casa vacía, que no huele a nada, con las camas sin hacer, y el café hecho hace más de veinticuatro horas. Se tumba en la cama y escucha a Calamaro, cuando de repente decide que esa canción le viene al pelo y que la tiene que copiar. Se levanta raudo a buscar un bolígrafo, y como no encuentra papel escribe como puede en el cartón donde vino la pizza del mediodía, y a medida que escribe, la punta del boli se hinca con rabia en la caja, y me encantaría decírtelo a la cara, pero sabes que ya no puedo, que son demasiadas las cosas que nos han pasado, como para ahora conseguir una mirada rectilínea entre tú y yo, por eso copio esta letra, espero que los restos de pizza no se metan en las sábanas, que seguro te gustará, la canción digo, si el pulso me deja, y los oídos no me fallan, ya empiezo, que cuando no estás me equivoco cada medio segundo, a quién se le ocurre echarle kétchup a la pizza si ya estaba hecha, dónde pusiste las servilletas que nos hemos limpiado con el papel higiénico, cuando no estás, hijo no me llames ahora que estoy inspirado, cómo duele esta acidez, y aquí estoy tirándome del avión pero el paracaídas no se abre, y me estampo contra el suelo o al andar descalzo mi dedo pequeño detecta todos los rincones picudos de la oscuridad y se los come todos, que no sé dónde dejaste mis alpargatas, y aquí están las paredes preguntando por ti, no sé si debería copiarme de Amaral para escribirte estas líneas, ya sabes, sin ti no soy nada, y podría decir cosas más crueles, contar más minutos, pero ya sabes que el sueño me está ganando la batalla con la edad y los últimos acontecimientos, quiero que no te vuelvas a ir para no pasear solo por este laberinto oscuro ni que la soledad me aconseje de esta manera, mala amiga, no me quedas más que tú, y he de decírtelo, mierda, la puerta se acaba de abrir y oigo tus gritos desde este laberinto, nos llamas guarros, cerdos, vagos, y yo me escondo en esta pocilga, llevando rápidamente a la basura el cartón gigante de esta pizza barbacoa donde escribía esta poesía, que no se puede echar kétchup a la pizza cuando ya está caliente, y perdona por este desorden, se me hizo temprano contando los minutos que paso sin ti, para que llegaras y pudiera contar los minutos que nos faltan por contar, a ti a mí, y a este laberinto.
Posdata: te quiero.




