Tomorrowland, la tierra del mañana, es un festival de música electrónica que se viene celebrando en Boom (Bélgica), desde el año 2005. Este año se ha celebrado entre los pasados 26 y 28 de julio, y han participado entre otros, Swedish House Mafia, Nicky Romero, Kylie Minogue, Alesso y Avicii. Menciono a éstos porque ya todos ellos tienen un rinconcito en este blog, lo que da cuenta de una de estas dos opciones: que la música electrónica me gusta, o que la música electrónica es cada vez más pop. De entre todos ellos, voy a volver a elegir a uno: el sueco Avicii, cuya canción Wake me up, clasifico dentro del grupo llamado flechazo, la escuché una vez y en la segunda línea supe que tenía que estar aquí.
Su nombre real es Tim Bergling, y después de I could be the one, su Wake me Up está arrasando en todo el mundo. Hace unos días obtuvo el récord en el Reino Unido de la canción de más rápida venta en el año 2013, con una cifra de 267.000 descargas en la semana, por encima de los mismísimos Robin Thicke y Daft Punk.
El vídeo de la canción, donde podemos ver a una mujer inadaptada encontrando su sitio en el mundo, y subiéndose al carro de los que sí son como ella, ha superado los tres millones de visitas en YouTube en dos días, y ya es número uno en 24 países.
En alguna entrevista, Aviccii ha afirmado que no le gustaría trabajar con artistas ya consagrados como Rihanna o Chris Brown, porque la industria musical le impondría restricciones, así que él suele recurrir a músicos menos marcados por el mercado como lo ha hecho con Aloe Blacc.
El norteamericano es considerado por muchos una pieza clave dentro de la corriente neo-soul. Comenzó en los años 90 junto al grupo de hip-hop underground Emanom, pero decidió probar en solitario, forma con la que no tuvo demasiado éxito comercial pero sí reconocimiento. Con su segundo álbum, Good Things, sí que le llegó el éxito gracias sobre todo al single I need a Dollar:
Pero vamos a centrarnos en la letra de este temazo-flechazo del sueco Avicii con la voz de Aloe Blacc.
WAKE ME UP/ DESPIÉRTAME
FEELING MY WAY THROUGH THE DARKNESS
SINTIENDO EL CAMINO A TRAVÉS DE LA OSCURIDAD
GUIDED BY A BEATING HEART
GUIADO POR UN CORAZÓN QUE PALPITA
I CAN'T TELL WHERE THE JOURNEY WILL END
NO PUEDO DECIR DÓNDE ACABARÁ ESTE VIAJE
BUT I KNOW WHERE IT STARTS
PERO SÉ DÓNDE COMIENZA
THEY TELL ME I'M TOO YOUNG TO UNDESRSTAND
ME DICEN QUE SOY DEMASIADO JOVEN PARA ENTENDER
THEY SAY I'M CAUGHT UP IN A DREAM
DICEN QUE ESTOY ATRAPADO EN UN SUEÑO
WELL, LIFE WILL PASS ME BY IF I DON'T OPEN UP MY EYES
BUENO, SE ME PASARÁ LA VIDA SI NO ABRO BIEN LOS OJOS
WELL, THAT'S FINE BY ME
BIEN, POR MÍ ESTÁ BIEN
...estribillo... (x2)
SO, WAKE ME UP WHEN IT'S ALL OVER
ASÍ QUE DESPIÉRTAME CUANDO TODO SE HAYA PASADO
WHEN I AM WISER AND I AM OLDER
CUANDO SEA MÁS SABIO Y MADURO
ALL THIS TIME I WAS FINDING MYSELF
TODO ESTE TIEMPO ESTUVE ENCONTRÁNDOME A MÍ MISMO
AND I DIDN'T KNOW I WAS LOST
Y NO SABÍA QUE ESTABA PERDIDO
...
I TRIED CARRYING THE WEIGHT OF THE WORLD
LO INTENTÉ SOPORTANDO EL PESO DEL MUNDO
BUT I ONLY HAVE TWO HANDS
PERO SÓLO TENGO DOS MANOS
I HOPE I GET THE CHANCE TO TRAVEL THE WORLD
ESPERO TENER LA OPORTUNIDAD DE VIAJAR POR EL MUNDO
AND I DON'T HAVE ANY PLANS
Y NO TENGO PLANES
I WISH THAT I COULD STAY FOREVER THIS YOUNG
OJALÁ PUDIERA QUEDARME ASÍ DE JOVEN PARA SIEMPRE
NOT AFRAID TO CLOSE MY EYES
SIN MIEDO A CERRAR LOS OJOS
LIFE'S A GAME MADE FOR EVERYONE
LA VIDA ES UN JUEGO EN EL QUE TODO EL MUNDO PARTICIPA
AND LOVE IS A PRIZE
Y EL AMOR ES UN PREMIO
...estribillo...
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
Toni: el que despertó con el pie izquierdo.
(toma falsa)
Permitidme ahora hablaros de Antonio, un chico al que todos llamaban Toni, un habitante más de un pueblo blanquito de la campiña cordobesa, de ésos que cuando pasas con el coche cerquita de ellos, parece un oasis blanco en un mar de olivos. Me he acordado de él cuando escuchaba estaba canción porque justo era esa letra la que Antonio iba pensando en su camino al campo de su padre una tarde de verano.
Tenía su padre una fanega de tierra bastante retirada del pueblo. El padre le dedicaba unas horas por la mañana temprano, pero nunca aparecía en aquel secarral por la tarde, porque el calor era insoportable. Así que Toni, que sólo adivinaba letras de canciones cuando su padre estaba lejos, se cogió la moto de su padre, que estaba borracho en la taberna, adivinaba, y pensó precisamente que su camino por la oscuridad no era demasiado oscuro gracias a Toby, su perrito, al que metió en las agüeras, que lo guiaba el corazón palpitante de un hombre mayor que le echó el ojo en la pescadería hacía unas mañanas, pero Toni no sabía dónde se hallaba el corazón del pescadero, aunque sí su miembro. Era aquello, su curiosidad, su adivina adivinanza si aquello de verdad le resultaría placentero lo que lo guiaba aquella tarde en la búsqueda de su sueño. No sabía cómo acabaría el viaje, pero sabía dónde empezaba: en la firme decisión de coger su motillo, su perro y su propio cuerpo, por joven que fuera, por poco que comprendiera.
Dicen que estoy atrapado en un sueño. No es cierto, sé lo que quiero. Ayer me enteré de que mi tío de cuarenta años murió de noche sin darse cuenta, y si eso me pasa a mí, no quiero que me ocurra sin haber probado lo que quiero. No importa con quién. No importa cómo. Que alguien me despierte cuando lo haya probado. Seguro que se me pasa esta ansiedad, que despertaré sabio y maduro, que no sabía hasta qué punto andaba perdido.
Toni llevaba la moto con seguridad, como si en el manillar se hallase el peso del mundo. Tenía dos manos inexpertas a las que enseñar. Sólo dos manos. No tenía alas para volar y escapar de aquel pueblo, sólo dos manos para que el pescadero le diera lo que él necesitaba. Deseaba viajar y conocer el mundo, pero no tenía alas ni dinero, sólo dos manos, una choza en la fanega de tierra de su padre, la moto de su padre, un perro que lo acompañaba fielmente, y un objeto de deseo en su mente. Toni no sabía lo que era el amor, ni le interesaba, pero sí quería participar de aquel juego que llaman sexo y que durante tantas noches le provocaba mojar sus sábanas.
Toni llegó a la choza y se encontró con el pescadero. Apenas empezó a soñar despierto su padre lo despertó a escopetazos. Y desde entonces Toni vivió atrapado en un agujero negro del que sólo salen lamentos que gritan: no sabía que andaba perdido, no sabía que andaba perdido...
las alas de Toni
(toma definitiva)
EXILIO DOMÉSTICO
A Carlos nunca le gustó hablar por teléfono. En aquel caso, sin embargo, el teléfono era el único instrumento para ser capaz de decir que su padre era lo que era: un cabrón.
- Venga mama, no vale la pena llorar. Os venís al chalé. Yo seguiré de alquiler en Granada hasta que me compre un piso con María.
- Ay, hijo.
- Ustedes estaréis bien aquí, en la playita. Seguro que Toni encuentra curro pronto.
-¿Y qué hará él? Aquí se lo va a comer la mierda, si no sabe ni cómo funciona la lavadora.
- Que se pudra mama, que se pudra.
- Ay, hijo, que es tu padre.
- Mama, me estás diciendo que casi mata a Toni, que casi te mata a ti. Os tenéis que venir que no me fío de él ni un pelo.
- Ay, hijo.
- Hay un jardín en la entrada de la casa, más bonito mama. Barto podrá tener su propia habitación, y aquí hay muy buena gente. Está el sobrino de mi profesora, justo enfrente. Es más buena gente que ná. Yo creía que me iba a mirar con mala cara, porque su tía me ha regalado la casa, pero todo lo contrario. Está encantado. Se llama Michael y me ha dicho que si os venís, por fin va a tener compañía. Además tiene un hijo de la edad de Barto. Seguro que hacen buenas migas, y son de educaos, mama, no te lo puedes ni imaginar.
- ¿Está casao, hijo?
- No mama, no está casao, pero eso ¿qué tiene que ver?
- ¿Y él cuida del niño?
- Sí, pero a ti qué más te da, deja de hacer preguntas y haz la maleta.
- Ay, hijo, no puedo dejarlo tirado aquí como un perro.
- Mama, no menciones a ningún perro, que se ha cargado a Toby, joder.
Y Rocío volvía a inundar sus palabras en lágrimas haciéndolas ininteligibles.
- ¡Mama! ¡Mama! - gritaba Carlos por el teléfono. -¿Dónde está Toni? Dile que se ponga- la espetó.
Rocío estaba resentida. Sabía del pe(s)cado de su segundo hijo y no quería ni mirarlo, pues escarbando en las heridas que su padre le había dejado, podía imaginar a Toni en los brazos del pescadero, y a todo el pueblo murmurando y preguntándose dónde los había pillado el padre, especulando cuánto tiempo habían estado liados, y que de la paliza que el padre les había pegado, los había hecho hombres para siempre. O no. Porque la palabra maricones se había quedado pegada al culo de Toni, como una etiqueta clavada en el culo de un pollo del supermercado.
- Está en su cuarto. No quiere salir. Dice que se quiere ir contigo a Granada.
- Dile que se ponga.
- ¡Toni! Tu hermano mayor- la voz de Rocío dejó de temblar para adoptar un tono frío y distante, rezumando resentimiento.
... Toni consiguió mantener una conversación de veinte minutos con sólo dos letras: sí.
- Haced la maleta, que mañana a las diez en punto estoy allí.
Y así fue. Carlos era un hombre de palabra. Ya antes se propuso un Yo te esperaré y un No digas nada, y siempre lo cumplía. Aparcó su Clío frente a su casa blanca siempre y siempre limpia. Tenía prisa por acabar con aquel asunto. Se sentía fuerte para acabar con aquella situación de descarado maltrato, y valiente en parte por desarrollar aquel rol pseudo-paternal que por herencia le había tocado. Y sobre todo, sobre todo, decidido a romper los lazos que sólo el libro de familia afirmaba. En realidad Carlos no sentía demasiado apego por su familia, ni por su infancia, ni por su pueblo, y el distanciamiento le hacía ver las cosas con claridad. Henry James, siempre Henry James.
Pero ni Henry James y su distanciamiento pudieron evitar que a Carlos se le hiciera un nudo en la garganta al entrar a la que fue su casa, ver a su madre y sus dos hermanos en el portal con las maletas preparadas, y sentir a su hermano Barto que se le acurrucaba en las piernas, las gafas de sol de una madre de ojos heridos, y la actitud de niño rebelde de su Toni herido, que apenas había crecido.
Y llantinas. Más llantinas. Cada maleta que caía en el maletero era un sofoco, las manos de Barto temblando entre sus piernas, que siempre en las tragedias corría de un lado a otro, sin saber qué hacer después de haber escuchado que su hermano Toni era mariquita, mariquita, de los de verdad, y dónde estaba su padre, si él no vendría, que a él nunca le había pegado, y es que él no iba a ser tan sinvergüenza como sus hermanos, que él sí lo acompañaba a la taberna de El Tuerto, a él sí le gustaba cavar la tierra, él sí le reía las gracias, y a él le compraba siempre una Coca-Cola de las de cristal, de las buenas, de las que nunca entraban en su casa, porque mama siempre compraba Cola Día, mientras su padre se bebía los cartones de vino a pares. A Barto la Coca-Cola le parecía un tesoro, eso sí, acompañada de cacahuetes, mmm, riquísimos, por mucho que El Tuerto lo amenazara con que algún día se le quedarían atrancados en el culo, su papa, dónde estaba su papa.
Nos vamos. No se hable más. Dieron un portazo y el Clío desapareció del pueblo, dejando atrás una vida. Toda una vida. Nadie habló durante el viaje excepto Rocío para preguntar cuál era el nombre de la cantante que ponían en la radio. A veces había interferencias, con forma de lamento de Rocío en frecuencia modulada.
Y empezó otra vida. Barto vio el mar por primera vez. Toni aprendió a pasear por la calle sin que nadie lo llamara mariquita-barre-barre-con la escoba de tu madre. Barto se bebía todas las botellas de cristal de Coca- Cola porque Michael, el vecino, era un tío cojonudo, y lo invitaba siempre.
Rocío tuvo una casa más grande y aprendió a depilarse las piernas. Carlos les dio cobijo para ignorarlos. Toni se hizo camarero. El vecino Michael le regaló a Barto una Nintendo 3DS. Rocío, en agradecimiento, le limpiaba la casa a Michael de vez en cuando, que aquel hombre era como de su familia, y su amiga Mimi también. Con ella podía hablar de todo. Y en el ruido de sus palabras encontró cómo sanar sus heridas. Las de la piel y la del alma. Rocío también conoció a su futura nuera: María, la novia de Carlos, que empezó a ausentarse de la casa de Carlos, porque una vez más, eran demasiados.
Barto nunca entendía por qué Mike, el hijo de Michael se dejaba las cocacolas a medias, pero mirando a través de ellas, se olvidó con rapidez del que fuera su padre, y de los cacahuetes del tuerto.
(la gota que colmó el vaso)
Despiértame
A Toni lo ha salvado su hermano Carlos, cómo no. Carlos le saca un lustro en edad, pero eso da igual. Por siglos que pasaran, Toni nunca alcanzaría a Carlos en méritos académicos, profesionales y artísticos. Nadie sabe bien cuál es la profesión de Carlos el filósofo: escribe, opina, investiga y escribe-opina-e-investiga tanto que incluso tuvo un mecenas con nombre de mujer americana.
Toni está preocupado porque cae mal a todo el mundo. Carlos le contesta que es por su actitud de adolescente resentido con todo y con todos, que el mundo no es el papa, y que nadie lo va a juzgar por su... bueno, por eso que nadie se atreve a decir porque el primero que ha de decirlo es Toni y Toni no admite su homosexualidad, claro que tiene un microchip implantado en el cerebro, y se le ha caído al bulbo raquídeo por los correazos de su padre, pero sobre todo el microchip aún funciona cada día porque su madre lo niega todo, lo esconde todo, que ya no le da besos la mujer, todo un sacrificio, a ver si con la ausencia de besos de mamá, sale a buscar los de mujeres.
Soy un hombre nuevo, se dice Toni, aquí no me conoce nadie. Sin pasado, sin historias y sin insultos a la espalda. Pero el lenguaje es tan traidor como su propia conciencia. Y lo de hombre nuevo le viene grande, se dice, porque Toni no es un hombre, o eso cree, se lo dice su conciencia, revuelta ésta como un mar agitado que te vomita la basura que un día arrojaste, y a él le vuelven los insultos de su padre y se le meten en el bulbo raquídeo: MARICÓN, MARICÓN, como olas inesperadas chocando contra su propia dignidad, y deshaciendo el castillo de felicidad ficticia que ha construido durante una hora. El lenguaje no ayuda, sólo conforma realidades, por eso Toni miente mucho, o calla mucho, para dejar de mentir y seguir ensuciándose.
Y en esa suciedad, Toni le saca defectos a todo el mundo. Su madre es una imbécil por mostrarse falsamente dolida por haber abandonado a su marido en el pueblo y haberse ido a la playa a vivir como una reina. Hipócrita. Cuando la ve meterse en el mar, la piensa exmaltratada, exinfeliz, exmadre de un hijo exhomosexual, y sabe que los ex son falsos, que una ola de recuerdos hará que desaparezcan. Su hermano Carlos le parece un pedante, pero lo odia porque le gustaría cambiarse por él, porque así le gustarían las chicas, y porque si tuviera la misma labia que su hermano, quizás dominara el lenguaje, para que éste no lo traicionara jamás. Y de su hermano pequeño ni hablemos. Lo desprecia hasta el infinito, empezando por su nombre imperdonable: Bartolomé. Ese niño absurdo no sabe más que comer, reír y dormir, y ambos se ignoran, no se ven aunque compartan espacios, no se oyen, ni se huelen, ni se cruzan, ni se reconocen.
De esta forma tan raquítica se presenta Toni en el espejo. Inerte, carente de sentimientos hacia los demás, que se levanta por las mañanas y se va sin desayunar a servir cafés al otro lado del Cergal, a recoger propinas que se guarda en una hucha para un día poder escapar a otro mundo, mirando de soslayo los pechos descubiertos de los guiris, donde encuentra dos médanos, y se le esconde la noche, mojando sus encías, bajando los abdómenes, y doblando sus pupilas, para volver a casa y no cenar, con el recuerdo de una imagen bronceada e inconsciente de que alguien lo mira, que derramará bichitos que se esparzan por su ansia magnífica para ahogar sus verdades, y que quizás mañana, de verdad mañana, ya no sea maricón, y su madre, su madre por fin lo bese de nuevo. Despierta con las nalgas sucias como su conciencia. Se mete en la ducha y recuerda el lobo del pescadero en busca de sus pezones, se demora, se divierte, se da placer y recuerda la magnitud de quien lo deshonró. El pescadero. El primero que lo hizo soñar.
La tarde en que se citó con el pescadero se llevó a Toby en las agüeras de la moto. Confiaba en que su padre no saliera en toda la tarde del bar del Tuerto, pues estrenaba aire acondicionado. Toni y Toby se encaminaron hacia la tierra donde el pescadero lo esperaba con médanos, lunas y lobos. La moto iba despacio, haciendo stop en la misma esquina del bar del Tuerto, cuyo ojo todo lo veía y cuya boca escupió la frase que provocó el despertar del sueño: "ya va tu hijo para la tierra, cómo te gusta que te lo hagan todo, ¿eh?" Así que el monstruo se despertó del letargo con el orgullo herido y se encaminó hacia su fanega de tierra andando, en pleno mes de agosto, a comprobar a qué había ido Toni por la tarde a la tierra, que le tenía dicho que las sandías había que cogerlas de la mata con la fresquita.
Toni, en la choza, soñando, se encontró con el pescadero y se deshizo de su camiseta de Barcelona 92 que su madre había metido en la lavadora quince millones de veces. Expuso sus pezones sedientos de lengua cerrando los ojos para no ver la horrible cara del pescadero. Sacó sus médanos sedientos de lobo y abrió sus ojos para comprobar magnitudes dantescas. El abrazo del pescadero fue letal y supo que sí, que era cierto, que le gustaba; sus dunas se abrían al mismo ritmo que Toby, espectador mudo, meneaba la colita. Los labios del pescadero se esforzaban por conseguir los de Tony, que los rechazaba. El viejo ascendía y Tony descendía. Que no me bese, que no me bese, que me dan asco sus labios de viejo, que sólo quiero su polla.
El pescadero, sediento, no sintió el rechazo de Tony y lo volteó para desvirgarlo y dominarlo, sin que el muchacho pusiera resistencia. Ahí viene, ahí viene. Y el pescadero quería no acabar para volver a empezar, lobo entre médanos.
El dolor se confundió con el placer de la penetración hasta tal punto que Toni recuerda con cierta excitación el primer correazo que le propinó su padre. El pescadero huyendo despavorido para no ser alcanzado por la escopeta de caza del padre de Toni. La búsqueda de sus slips blancos. Los últimos ladridos de Toby. El miembro humedecido y venido a menos en cada golpe. La secreta redención encontrada en cada uno de sus golpes. El castigo merecido. El rumor extendido por todo el pueblo. La paliza a su madre. Los llantos de Barto. El tiro en la cabeza al pobre Toby, víctima colateral de aquel salvaje. La vergüenza. El éxodo a la costa.
Carlos le saca un lustro a Toni, pero nunca alcanzará la deshonra de Toni, por siglos que pasan. Carlos ha salvado a Toni, cómo no. De tanta suciedad. Fin.
Y por si se os ha quedado mal sabor de boca, os dejo con el que será el próximo éxito de Avicii, junto con Nile Rodgers y Adam Lambert: Lay me Down.
SINTIENDO EL CAMINO A TRAVÉS DE LA OSCURIDAD
GUIDED BY A BEATING HEART
GUIADO POR UN CORAZÓN QUE PALPITA
I CAN'T TELL WHERE THE JOURNEY WILL END
NO PUEDO DECIR DÓNDE ACABARÁ ESTE VIAJE
BUT I KNOW WHERE IT STARTS
PERO SÉ DÓNDE COMIENZA
THEY TELL ME I'M TOO YOUNG TO UNDESRSTAND
ME DICEN QUE SOY DEMASIADO JOVEN PARA ENTENDER
THEY SAY I'M CAUGHT UP IN A DREAM
DICEN QUE ESTOY ATRAPADO EN UN SUEÑO
WELL, LIFE WILL PASS ME BY IF I DON'T OPEN UP MY EYES
BUENO, SE ME PASARÁ LA VIDA SI NO ABRO BIEN LOS OJOS
WELL, THAT'S FINE BY ME
BIEN, POR MÍ ESTÁ BIEN
...estribillo... (x2)
SO, WAKE ME UP WHEN IT'S ALL OVER
ASÍ QUE DESPIÉRTAME CUANDO TODO SE HAYA PASADO
WHEN I AM WISER AND I AM OLDER
CUANDO SEA MÁS SABIO Y MADURO
ALL THIS TIME I WAS FINDING MYSELF
TODO ESTE TIEMPO ESTUVE ENCONTRÁNDOME A MÍ MISMO
AND I DIDN'T KNOW I WAS LOST
Y NO SABÍA QUE ESTABA PERDIDO
...
I TRIED CARRYING THE WEIGHT OF THE WORLD
LO INTENTÉ SOPORTANDO EL PESO DEL MUNDO
BUT I ONLY HAVE TWO HANDS
PERO SÓLO TENGO DOS MANOS
I HOPE I GET THE CHANCE TO TRAVEL THE WORLD
ESPERO TENER LA OPORTUNIDAD DE VIAJAR POR EL MUNDO
AND I DON'T HAVE ANY PLANS
Y NO TENGO PLANES
I WISH THAT I COULD STAY FOREVER THIS YOUNG
OJALÁ PUDIERA QUEDARME ASÍ DE JOVEN PARA SIEMPRE
NOT AFRAID TO CLOSE MY EYES
SIN MIEDO A CERRAR LOS OJOS
LIFE'S A GAME MADE FOR EVERYONE
LA VIDA ES UN JUEGO EN EL QUE TODO EL MUNDO PARTICIPA
AND LOVE IS A PRIZE
Y EL AMOR ES UN PREMIO
...estribillo...
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
I DIDN'T KNOW I WAS LOST
Toni: el que despertó con el pie izquierdo.
(toma falsa)
Permitidme ahora hablaros de Antonio, un chico al que todos llamaban Toni, un habitante más de un pueblo blanquito de la campiña cordobesa, de ésos que cuando pasas con el coche cerquita de ellos, parece un oasis blanco en un mar de olivos. Me he acordado de él cuando escuchaba estaba canción porque justo era esa letra la que Antonio iba pensando en su camino al campo de su padre una tarde de verano.
Tenía su padre una fanega de tierra bastante retirada del pueblo. El padre le dedicaba unas horas por la mañana temprano, pero nunca aparecía en aquel secarral por la tarde, porque el calor era insoportable. Así que Toni, que sólo adivinaba letras de canciones cuando su padre estaba lejos, se cogió la moto de su padre, que estaba borracho en la taberna, adivinaba, y pensó precisamente que su camino por la oscuridad no era demasiado oscuro gracias a Toby, su perrito, al que metió en las agüeras, que lo guiaba el corazón palpitante de un hombre mayor que le echó el ojo en la pescadería hacía unas mañanas, pero Toni no sabía dónde se hallaba el corazón del pescadero, aunque sí su miembro. Era aquello, su curiosidad, su adivina adivinanza si aquello de verdad le resultaría placentero lo que lo guiaba aquella tarde en la búsqueda de su sueño. No sabía cómo acabaría el viaje, pero sabía dónde empezaba: en la firme decisión de coger su motillo, su perro y su propio cuerpo, por joven que fuera, por poco que comprendiera.
Dicen que estoy atrapado en un sueño. No es cierto, sé lo que quiero. Ayer me enteré de que mi tío de cuarenta años murió de noche sin darse cuenta, y si eso me pasa a mí, no quiero que me ocurra sin haber probado lo que quiero. No importa con quién. No importa cómo. Que alguien me despierte cuando lo haya probado. Seguro que se me pasa esta ansiedad, que despertaré sabio y maduro, que no sabía hasta qué punto andaba perdido.
Toni llevaba la moto con seguridad, como si en el manillar se hallase el peso del mundo. Tenía dos manos inexpertas a las que enseñar. Sólo dos manos. No tenía alas para volar y escapar de aquel pueblo, sólo dos manos para que el pescadero le diera lo que él necesitaba. Deseaba viajar y conocer el mundo, pero no tenía alas ni dinero, sólo dos manos, una choza en la fanega de tierra de su padre, la moto de su padre, un perro que lo acompañaba fielmente, y un objeto de deseo en su mente. Toni no sabía lo que era el amor, ni le interesaba, pero sí quería participar de aquel juego que llaman sexo y que durante tantas noches le provocaba mojar sus sábanas.
Toni llegó a la choza y se encontró con el pescadero. Apenas empezó a soñar despierto su padre lo despertó a escopetazos. Y desde entonces Toni vivió atrapado en un agujero negro del que sólo salen lamentos que gritan: no sabía que andaba perdido, no sabía que andaba perdido...
las alas de Toni
(toma definitiva)
EXILIO DOMÉSTICO
A Carlos nunca le gustó hablar por teléfono. En aquel caso, sin embargo, el teléfono era el único instrumento para ser capaz de decir que su padre era lo que era: un cabrón.
- Venga mama, no vale la pena llorar. Os venís al chalé. Yo seguiré de alquiler en Granada hasta que me compre un piso con María.
- Ay, hijo.
- Ustedes estaréis bien aquí, en la playita. Seguro que Toni encuentra curro pronto.
-¿Y qué hará él? Aquí se lo va a comer la mierda, si no sabe ni cómo funciona la lavadora.
- Que se pudra mama, que se pudra.
- Ay, hijo, que es tu padre.
- Mama, me estás diciendo que casi mata a Toni, que casi te mata a ti. Os tenéis que venir que no me fío de él ni un pelo.
- Ay, hijo.
- Hay un jardín en la entrada de la casa, más bonito mama. Barto podrá tener su propia habitación, y aquí hay muy buena gente. Está el sobrino de mi profesora, justo enfrente. Es más buena gente que ná. Yo creía que me iba a mirar con mala cara, porque su tía me ha regalado la casa, pero todo lo contrario. Está encantado. Se llama Michael y me ha dicho que si os venís, por fin va a tener compañía. Además tiene un hijo de la edad de Barto. Seguro que hacen buenas migas, y son de educaos, mama, no te lo puedes ni imaginar.
- ¿Está casao, hijo?
- No mama, no está casao, pero eso ¿qué tiene que ver?
- ¿Y él cuida del niño?
- Sí, pero a ti qué más te da, deja de hacer preguntas y haz la maleta.
- Ay, hijo, no puedo dejarlo tirado aquí como un perro.
- Mama, no menciones a ningún perro, que se ha cargado a Toby, joder.
Y Rocío volvía a inundar sus palabras en lágrimas haciéndolas ininteligibles.
- ¡Mama! ¡Mama! - gritaba Carlos por el teléfono. -¿Dónde está Toni? Dile que se ponga- la espetó.
Rocío estaba resentida. Sabía del pe(s)cado de su segundo hijo y no quería ni mirarlo, pues escarbando en las heridas que su padre le había dejado, podía imaginar a Toni en los brazos del pescadero, y a todo el pueblo murmurando y preguntándose dónde los había pillado el padre, especulando cuánto tiempo habían estado liados, y que de la paliza que el padre les había pegado, los había hecho hombres para siempre. O no. Porque la palabra maricones se había quedado pegada al culo de Toni, como una etiqueta clavada en el culo de un pollo del supermercado.
- Está en su cuarto. No quiere salir. Dice que se quiere ir contigo a Granada.
- Dile que se ponga.
- ¡Toni! Tu hermano mayor- la voz de Rocío dejó de temblar para adoptar un tono frío y distante, rezumando resentimiento.
... Toni consiguió mantener una conversación de veinte minutos con sólo dos letras: sí.
- Haced la maleta, que mañana a las diez en punto estoy allí.
Y así fue. Carlos era un hombre de palabra. Ya antes se propuso un Yo te esperaré y un No digas nada, y siempre lo cumplía. Aparcó su Clío frente a su casa blanca siempre y siempre limpia. Tenía prisa por acabar con aquel asunto. Se sentía fuerte para acabar con aquella situación de descarado maltrato, y valiente en parte por desarrollar aquel rol pseudo-paternal que por herencia le había tocado. Y sobre todo, sobre todo, decidido a romper los lazos que sólo el libro de familia afirmaba. En realidad Carlos no sentía demasiado apego por su familia, ni por su infancia, ni por su pueblo, y el distanciamiento le hacía ver las cosas con claridad. Henry James, siempre Henry James.
Pero ni Henry James y su distanciamiento pudieron evitar que a Carlos se le hiciera un nudo en la garganta al entrar a la que fue su casa, ver a su madre y sus dos hermanos en el portal con las maletas preparadas, y sentir a su hermano Barto que se le acurrucaba en las piernas, las gafas de sol de una madre de ojos heridos, y la actitud de niño rebelde de su Toni herido, que apenas había crecido.
Y llantinas. Más llantinas. Cada maleta que caía en el maletero era un sofoco, las manos de Barto temblando entre sus piernas, que siempre en las tragedias corría de un lado a otro, sin saber qué hacer después de haber escuchado que su hermano Toni era mariquita, mariquita, de los de verdad, y dónde estaba su padre, si él no vendría, que a él nunca le había pegado, y es que él no iba a ser tan sinvergüenza como sus hermanos, que él sí lo acompañaba a la taberna de El Tuerto, a él sí le gustaba cavar la tierra, él sí le reía las gracias, y a él le compraba siempre una Coca-Cola de las de cristal, de las buenas, de las que nunca entraban en su casa, porque mama siempre compraba Cola Día, mientras su padre se bebía los cartones de vino a pares. A Barto la Coca-Cola le parecía un tesoro, eso sí, acompañada de cacahuetes, mmm, riquísimos, por mucho que El Tuerto lo amenazara con que algún día se le quedarían atrancados en el culo, su papa, dónde estaba su papa.
Nos vamos. No se hable más. Dieron un portazo y el Clío desapareció del pueblo, dejando atrás una vida. Toda una vida. Nadie habló durante el viaje excepto Rocío para preguntar cuál era el nombre de la cantante que ponían en la radio. A veces había interferencias, con forma de lamento de Rocío en frecuencia modulada.
Y empezó otra vida. Barto vio el mar por primera vez. Toni aprendió a pasear por la calle sin que nadie lo llamara mariquita-barre-barre-con la escoba de tu madre. Barto se bebía todas las botellas de cristal de Coca- Cola porque Michael, el vecino, era un tío cojonudo, y lo invitaba siempre.
Rocío tuvo una casa más grande y aprendió a depilarse las piernas. Carlos les dio cobijo para ignorarlos. Toni se hizo camarero. El vecino Michael le regaló a Barto una Nintendo 3DS. Rocío, en agradecimiento, le limpiaba la casa a Michael de vez en cuando, que aquel hombre era como de su familia, y su amiga Mimi también. Con ella podía hablar de todo. Y en el ruido de sus palabras encontró cómo sanar sus heridas. Las de la piel y la del alma. Rocío también conoció a su futura nuera: María, la novia de Carlos, que empezó a ausentarse de la casa de Carlos, porque una vez más, eran demasiados.
Barto nunca entendía por qué Mike, el hijo de Michael se dejaba las cocacolas a medias, pero mirando a través de ellas, se olvidó con rapidez del que fuera su padre, y de los cacahuetes del tuerto.
(la gota que colmó el vaso)
Despiértame
A Toni lo ha salvado su hermano Carlos, cómo no. Carlos le saca un lustro en edad, pero eso da igual. Por siglos que pasaran, Toni nunca alcanzaría a Carlos en méritos académicos, profesionales y artísticos. Nadie sabe bien cuál es la profesión de Carlos el filósofo: escribe, opina, investiga y escribe-opina-e-investiga tanto que incluso tuvo un mecenas con nombre de mujer americana.
Toni está preocupado porque cae mal a todo el mundo. Carlos le contesta que es por su actitud de adolescente resentido con todo y con todos, que el mundo no es el papa, y que nadie lo va a juzgar por su... bueno, por eso que nadie se atreve a decir porque el primero que ha de decirlo es Toni y Toni no admite su homosexualidad, claro que tiene un microchip implantado en el cerebro, y se le ha caído al bulbo raquídeo por los correazos de su padre, pero sobre todo el microchip aún funciona cada día porque su madre lo niega todo, lo esconde todo, que ya no le da besos la mujer, todo un sacrificio, a ver si con la ausencia de besos de mamá, sale a buscar los de mujeres.
Soy un hombre nuevo, se dice Toni, aquí no me conoce nadie. Sin pasado, sin historias y sin insultos a la espalda. Pero el lenguaje es tan traidor como su propia conciencia. Y lo de hombre nuevo le viene grande, se dice, porque Toni no es un hombre, o eso cree, se lo dice su conciencia, revuelta ésta como un mar agitado que te vomita la basura que un día arrojaste, y a él le vuelven los insultos de su padre y se le meten en el bulbo raquídeo: MARICÓN, MARICÓN, como olas inesperadas chocando contra su propia dignidad, y deshaciendo el castillo de felicidad ficticia que ha construido durante una hora. El lenguaje no ayuda, sólo conforma realidades, por eso Toni miente mucho, o calla mucho, para dejar de mentir y seguir ensuciándose.
Y en esa suciedad, Toni le saca defectos a todo el mundo. Su madre es una imbécil por mostrarse falsamente dolida por haber abandonado a su marido en el pueblo y haberse ido a la playa a vivir como una reina. Hipócrita. Cuando la ve meterse en el mar, la piensa exmaltratada, exinfeliz, exmadre de un hijo exhomosexual, y sabe que los ex son falsos, que una ola de recuerdos hará que desaparezcan. Su hermano Carlos le parece un pedante, pero lo odia porque le gustaría cambiarse por él, porque así le gustarían las chicas, y porque si tuviera la misma labia que su hermano, quizás dominara el lenguaje, para que éste no lo traicionara jamás. Y de su hermano pequeño ni hablemos. Lo desprecia hasta el infinito, empezando por su nombre imperdonable: Bartolomé. Ese niño absurdo no sabe más que comer, reír y dormir, y ambos se ignoran, no se ven aunque compartan espacios, no se oyen, ni se huelen, ni se cruzan, ni se reconocen.
De esta forma tan raquítica se presenta Toni en el espejo. Inerte, carente de sentimientos hacia los demás, que se levanta por las mañanas y se va sin desayunar a servir cafés al otro lado del Cergal, a recoger propinas que se guarda en una hucha para un día poder escapar a otro mundo, mirando de soslayo los pechos descubiertos de los guiris, donde encuentra dos médanos, y se le esconde la noche, mojando sus encías, bajando los abdómenes, y doblando sus pupilas, para volver a casa y no cenar, con el recuerdo de una imagen bronceada e inconsciente de que alguien lo mira, que derramará bichitos que se esparzan por su ansia magnífica para ahogar sus verdades, y que quizás mañana, de verdad mañana, ya no sea maricón, y su madre, su madre por fin lo bese de nuevo. Despierta con las nalgas sucias como su conciencia. Se mete en la ducha y recuerda el lobo del pescadero en busca de sus pezones, se demora, se divierte, se da placer y recuerda la magnitud de quien lo deshonró. El pescadero. El primero que lo hizo soñar.
La tarde en que se citó con el pescadero se llevó a Toby en las agüeras de la moto. Confiaba en que su padre no saliera en toda la tarde del bar del Tuerto, pues estrenaba aire acondicionado. Toni y Toby se encaminaron hacia la tierra donde el pescadero lo esperaba con médanos, lunas y lobos. La moto iba despacio, haciendo stop en la misma esquina del bar del Tuerto, cuyo ojo todo lo veía y cuya boca escupió la frase que provocó el despertar del sueño: "ya va tu hijo para la tierra, cómo te gusta que te lo hagan todo, ¿eh?" Así que el monstruo se despertó del letargo con el orgullo herido y se encaminó hacia su fanega de tierra andando, en pleno mes de agosto, a comprobar a qué había ido Toni por la tarde a la tierra, que le tenía dicho que las sandías había que cogerlas de la mata con la fresquita.
Toni, en la choza, soñando, se encontró con el pescadero y se deshizo de su camiseta de Barcelona 92 que su madre había metido en la lavadora quince millones de veces. Expuso sus pezones sedientos de lengua cerrando los ojos para no ver la horrible cara del pescadero. Sacó sus médanos sedientos de lobo y abrió sus ojos para comprobar magnitudes dantescas. El abrazo del pescadero fue letal y supo que sí, que era cierto, que le gustaba; sus dunas se abrían al mismo ritmo que Toby, espectador mudo, meneaba la colita. Los labios del pescadero se esforzaban por conseguir los de Tony, que los rechazaba. El viejo ascendía y Tony descendía. Que no me bese, que no me bese, que me dan asco sus labios de viejo, que sólo quiero su polla.
El pescadero, sediento, no sintió el rechazo de Tony y lo volteó para desvirgarlo y dominarlo, sin que el muchacho pusiera resistencia. Ahí viene, ahí viene. Y el pescadero quería no acabar para volver a empezar, lobo entre médanos.
El dolor se confundió con el placer de la penetración hasta tal punto que Toni recuerda con cierta excitación el primer correazo que le propinó su padre. El pescadero huyendo despavorido para no ser alcanzado por la escopeta de caza del padre de Toni. La búsqueda de sus slips blancos. Los últimos ladridos de Toby. El miembro humedecido y venido a menos en cada golpe. La secreta redención encontrada en cada uno de sus golpes. El castigo merecido. El rumor extendido por todo el pueblo. La paliza a su madre. Los llantos de Barto. El tiro en la cabeza al pobre Toby, víctima colateral de aquel salvaje. La vergüenza. El éxodo a la costa.
Carlos le saca un lustro a Toni, pero nunca alcanzará la deshonra de Toni, por siglos que pasan. Carlos ha salvado a Toni, cómo no. De tanta suciedad. Fin.
Y por si se os ha quedado mal sabor de boca, os dejo con el que será el próximo éxito de Avicii, junto con Nile Rodgers y Adam Lambert: Lay me Down.







