Si de entre todos los DJs propusiéramos el título al más romántico, éste tenía que ser (como no) para un italiano: Álex Gaudino. El que nos hiciera escuchar hasta en la sopa Destination Calabria junto a Crystal Waters y What a Feeling junto a Kelly Rowland ha elegido este año a una de la muchas juezas de los muchos X-Factors que pululan por ahí, Nicole Scherzinger, para hacer un tema que ha recibido muchas críticas de los muchos críticos que habitan este nuestro planeta. Al parecer la chica lo intenta a todas horas con el dance, pero no lo ha conseguido hasta que le ha puesto la voz a este entradito en años que bien podría ser uno de los reyes de aquello que llamaban ruta del bacalao (para los que no entendemos, cavaliere del chunda chunda).
El caso es que yo descubrí esta canción hace dos semanas porque era una de los vídeos más populares en los 40, y me imagino que aunque la canción no es suficiente para esos muchos, el vídeo hace el resto para que una gran mayoría de internautas musicoadictos que son muy muchos más, lo busquen en google o en donde pueden, pues creo que no son demasiado radiados. Una canción para los y las más románticas de la disco. Que también son muchos y muchas, o eso creo.
...PRESENTACIÓN...
La chica que adoraba a Nicole no esperaba que alguien le entregara su sonrisa con la facilidad de quien hace natural el diálogo de las emociones. Así que se levantó y dejó el collage abandonado para abandonarse en las pestañas del chico que bailaba con cuatro piernas y se dejó enseñar el amor y otros cuentos. Se cazaron el universo con miradas y ritmo de cuatro piernas, y se examinaron las posesiones, en una aduana no obligada para intercambiarse impuestos del peso del pasado.
Ella le preguntó qué tienes, no quién eres, a lo que él respondió: tengo un sombrero que protege mi cabeza del sol y mi estómago del hambre, una aventura en solitario, una radio que vocea que estoy vivo, tengo la costumbre de no echar raíces, tengo el mal hábito de irme sin adioses, porque el adiós es el principio de la muerte, tengo pecas en los hombros, tengo luces en los ojos ahora que me miras, tengo huecos en mis orejas, los reservé para que me contaras tus secretos que todos saben, y no guardo secretos, excepto la memoria tonta esta que me hace olvidar números y letras y a lo peor mañana no recuerdo si tienes dos eses en tu nombre, o ya son tres, que yo te presto una, sin impuestos ni intereses, tengo una piel que se vuelve braille para entender lo que no me cuentes, tengo una grabadora en el bolsillo por si algún día no me dices te quiero, y tengo una historia contigo, que vamos a escribir tú y yo, tengo ruidos que dibujo con líneas en el aire para traerte a ti si un día no te veo, tengo tu aliento de melón y una flor entre los dientes, para que me regales promesas a cambio de universos. ¿Y tú? ¿Qué tienes?
Así que Vanessa le contestó: tengo tres eses en mi nombre, un collage para Nicole. Tengo un perro que sólo olfatea pero que no muerde ni ladra. Tengo un gato en la memoria. Sobrevivió a la curiosidad y al vértigo pero no a los cólicos. Ya ves, no lo tengo pero tampoco lo olvido, no suelo hacerlo, lo de olvidar, porque el olvido es una mentira para vagos. Tengo una luna delgadita. Rara vez luce plena y con volcanes. Intento suplirla con diez vatios de optimismo por minuto. Tengo una pizarra que no escribe, un libro en blanco, un techo de papel y la casa se me moja. Guardo en mi bolso los besos de mi mami papi tita tata y primos. Tengo noches sin estrellas, espacio sin tiempo, tiempos sin escenas, entreactos que no soporto, un sol con miedo escénico, un reloj que se quita las agujas en agosto, un hilo sin hilvanar, amores en el recuerdo que no siento, pero tampoco olvido, porque el olvido es una mentira para vagos, lo siento, esto ya te lo he dicho, ya ves, también tengo nervios en las cuerdas vocales. Guardo secretos que ya se saben, declaraciones de guerra no declaradas por silencio miedo y otros cuentos. Tengo dos lunares no heredados y aventuras que no llegan. Tengo un cuerpo que cuido cuando puedo y quiero y un alma que no alcanzo a tocar, tan dentro está. Tengo dos barbies en la casa de mis padres, un piso compartido con buena gente, un trabajo mal pagado, y un regalo cada agosto, mi reloj que se desprende perezoso de minuteros y otros cuentos. Tengo amigos en el face con los que nunca hablo. Tengo un idioma que nadie entiende, un pasaporte para perderme y huellas en las yemas para que sólo me encuentres tú. Tengo la esperanza de crecer y la sonrisa abierta para que tú la cuides con tus danzas de cuatro piernas. No tengo a Dios o no lo siento. No tengo rencores. Y tengo dos condiciones: no sé guardar mentiras, ni siquiera las que no se descubren, y además, no me definas si yo no lo hago. No tengo ovejitas que contar al dormir. Me guardan rencores ajenos por elecciones propias. Los chantajes los ignoro con una pinza que me tapa la nariz. Tengo un exilio forzado pero inadvertido. Y tengo cuarenta horas de agosto.
...NUDO...
El chico le pidió el teléfono y ella mismo se lo apuntó, por temor a que cualquier cinco sumara siete, y se hiciera el desastre de no volver a mirarse las pestañas. Ella se fue radiante y él la llamó unos metros más tarde por temor a que el cuarenta se esfumara en la desidia hecha cobardía. Se fueron a la playa y él la invitó a que el baile continuara. Ella lo besó en defensa propia y él atacó indefenso. Lanzaron deseos al vacío, pues ningún deseo superaba al presente. Ella se puso tremenda, y sus risas despegaron las pegatinas del collage. Él lo confesó. Lo siento. Tengo también una estela de burro a mi espalda, por parte de mi padre que me trataba mal para hacerme bueno, y por parte de mi madre, que me gritaba cuando no encontraba palabras para decirme cuánto me quería. Así que él salió despedido del garito con fresas en la boca, y púas en la piel. Vanessa las sacó una a una. Pero él no volvió a sonreír.
- También, también tengo que irme a casa. En Nueva York. Mañana por la mañana.
- Demasiado bueno para ser verdad.
Cuando Vanesssa, a la que ya le había crecido la tercera ese, volvió a despertar, encontró un I'll be missing you con una invitación: vente a Nueva York.
...TRES DESENLACES...
Uno. Vanesssa regresó a Madrid para despedirse de sus amigos por Facebook, de su mami papi tita tata y primos con una cena, de su jefe con una carta de dimisión, de su perro que dejó al cuidado de hermano que cascaba rabia y otros cuentos, y de los chantajes emocionales con una superpinza en la nariz. Cogió un avión, y al llegar a Nueva York, la Estatua de la Libertad la recibió con piruetas de cuatro piernas para que escribiera sus nombres de cuatro eses en todos los bancos de Central Park. Y allí Vanesssa le enseñó a su novio a pegar pegatinas de niñas monas. Y Vanesssa aprendió de él cómo se baila con cuatro piernas y cómo de a gusto se está si se mira el mundo haciendo el pino.
Dos. Son las malas jugadas de la vida. La mala memoria de él. Seguro que cambió un cinco por un siete. Probó todas las combinaciones posibles para ahogar la soledad con llamadas telefónicas. Pero Vanesa nunca encontró al hombre que bailaba con cuatro piernas.
Tres. Vanesssa se despidió de todos. Sólo se llevaba a su nueva vida su cuaderno de collage para niñas monas. Le pidió al taxista que la llevara a la T-4 y de repente sonó una canción en la radio. Le gustaba aquello de echar de menos. Le pidió al taxista que parara y la dejara en Vicálvaro, a medio camino, que se había levantado caprichosa y no quería volar. Vertió unas cuantas lágrimas que le sirvieron de pegamento para su collage para niñas monas. Y se quedó pensando con la firmeza de quien no quiere caerse al suelo: hoy me he levantado con ganas de ser yo la causa, y no la lucha.
Destination Calabria con Crystal Waters.
What a feeling con Kelly Rowland.
...NUDO...
El chico le pidió el teléfono y ella mismo se lo apuntó, por temor a que cualquier cinco sumara siete, y se hiciera el desastre de no volver a mirarse las pestañas. Ella se fue radiante y él la llamó unos metros más tarde por temor a que el cuarenta se esfumara en la desidia hecha cobardía. Se fueron a la playa y él la invitó a que el baile continuara. Ella lo besó en defensa propia y él atacó indefenso. Lanzaron deseos al vacío, pues ningún deseo superaba al presente. Ella se puso tremenda, y sus risas despegaron las pegatinas del collage. Él lo confesó. Lo siento. Tengo también una estela de burro a mi espalda, por parte de mi padre que me trataba mal para hacerme bueno, y por parte de mi madre, que me gritaba cuando no encontraba palabras para decirme cuánto me quería. Así que él salió despedido del garito con fresas en la boca, y púas en la piel. Vanessa las sacó una a una. Pero él no volvió a sonreír.
- También, también tengo que irme a casa. En Nueva York. Mañana por la mañana.
- Demasiado bueno para ser verdad.
Cuando Vanesssa, a la que ya le había crecido la tercera ese, volvió a despertar, encontró un I'll be missing you con una invitación: vente a Nueva York.
...TRES DESENLACES...
Uno. Vanesssa regresó a Madrid para despedirse de sus amigos por Facebook, de su mami papi tita tata y primos con una cena, de su jefe con una carta de dimisión, de su perro que dejó al cuidado de hermano que cascaba rabia y otros cuentos, y de los chantajes emocionales con una superpinza en la nariz. Cogió un avión, y al llegar a Nueva York, la Estatua de la Libertad la recibió con piruetas de cuatro piernas para que escribiera sus nombres de cuatro eses en todos los bancos de Central Park. Y allí Vanesssa le enseñó a su novio a pegar pegatinas de niñas monas. Y Vanesssa aprendió de él cómo se baila con cuatro piernas y cómo de a gusto se está si se mira el mundo haciendo el pino.
Dos. Son las malas jugadas de la vida. La mala memoria de él. Seguro que cambió un cinco por un siete. Probó todas las combinaciones posibles para ahogar la soledad con llamadas telefónicas. Pero Vanesa nunca encontró al hombre que bailaba con cuatro piernas.
Tres. Vanesssa se despidió de todos. Sólo se llevaba a su nueva vida su cuaderno de collage para niñas monas. Le pidió al taxista que la llevara a la T-4 y de repente sonó una canción en la radio. Le gustaba aquello de echar de menos. Le pidió al taxista que parara y la dejara en Vicálvaro, a medio camino, que se había levantado caprichosa y no quería volar. Vertió unas cuantas lágrimas que le sirvieron de pegamento para su collage para niñas monas. Y se quedó pensando con la firmeza de quien no quiere caerse al suelo: hoy me he levantado con ganas de ser yo la causa, y no la lucha.
Destination Calabria con Crystal Waters.
What a feeling con Kelly Rowland.




