Echo de menos en España solistas que canten baladas, de esas sencillas que hagan pensar poco, ya sé, creo que el verano me está volviendo vago, y he repetido la idea de pensar poco varias veces, pero es que últimamente echo de menos muchas cosas, entre ellas, a ti. Y esto también lo dije hace tiempo, pero echo muuuucho de menos al Alejandro Sanz de los años 90, y en femenino, bueno, tengo a Rosana, de la que espero pronto un nuevo trabajo, y a Merche, pero esa chica está en otras cosas, y últimamente no me da en el punto R.
Por eso siempre recurro a América Latina, y encuentro tanta riqueza que no sé qué escoger. A Felipe Santos, colombiano de Bogotá, ya lo conocéis por una canción que presenté como una de las mejores de 2012, acompañado de Cali y El Dandee: Olvidarte.
Después de ese éxito ha sacado dos singles más al mercado, y le han bastado para llegar a España, que me han dicho es La Meca alternativa si Estados Unidos se pone duro. En el primero, nos quedamos sin saber cuál es la decisión de la chica a pesar de que él está contento tras afirmar: "Te vuelvo a ver":
Y el elegido para hoy es No queda nada, que me recuerda a letras muy lejanas...¿será ésta?
No, se llama Frente a Frente, la cantó por primera vez Jeanette en 1981 dentro de su disco Corazón de Poeta, y su autor se llama Manuel Alejandro.
¿Será ésta?
Nooo, esto es un tango del maravilloso uruguayo Julio Sosa. Se llama "Nada".
Ahora sí, es ésta:
Lo peor de todo es que se apague la luna...
El amor desde el ángulo B (primera parte)
Patricia es una mujer de mirada firme. Sus ojos negros apenas bajan o suben cuando hablas con ella. Si giran hacia la izquierda, sus caderas se mueven con ellos. Si giran hacia la derecha, sus caderas igual acompañan a los ojos firmes. Sólo ella conoce la estrategia que guarda en sus ojos ingrávidos. No quiere que le salgan los secretos por los ojos. Domina la lengua como nadie en esa biblioteca en la que trabaja. Se ha acostumbrado a ganar sin hacer ruido, y conoce el secreto. Su piel negra apenas deja ver sus heridas que son menos que sus sueños, y sus saludos formales a lectores y profesores de la Universidad en que trabaja, esconden la fórmula para no perder ni una migaja de todo lo que ha ganado. Para evitar que los sueños que guarda bajo su piel se le ahoguen en la razón, escribe historias de otros de vez en cuando. Se viste de otras mujeres que son todas ella. Se transforma en hombres malos que la hieren a ella. Pero siempre elige ella, y gana ella.
Acostumbrada a observar a todo el que escoge un libro y por qué, dirige la mirada a las manos de Julio, argentino con una beca en la Universidad de Colombia durante un año. Julio no sabe que Patricia ya conoce sus manos, y le pregunta a Patricia por toda la biografía de Cortázar que exista en esa biblioteca. Patricia lo atiende mientras mira sus manos y su pelo que se torna blanco como los sueños de ella. Julio se siente satisfecho de tanta información eficaz. Julio se gira y Patricia se revuelca en sus palabras de acento lejano mientras continúa dominando la estancia, desde todos los ángulos. Julio se sienta de espaldas a ella y nota como por su aliento se cuelan los deseos platónicos de Patricia que le tocan la espalda y se pierden más abajo. De repente recuerda que ha de llamar a su novia, el ángulo C, Desi, que lo espera en Paraná con los brazos extendidos sobre el botón del Skype.
Julio, ángulo B, ha venido a Colombia aleccionado. No miradas. No diálogos más allá de lo académico. No copas. No bailes. Sólo libros. Sólo estudia y saca tus publicaciones. Y Skype a todas horas, que el ángulo C está vacío, y teme convertirse en una circunferencia hecha de jabón, desaparecida en el aire, por lo que usa escuadra y cartabón para definir su posición. En la distancia.
Patricia, ángulo estrecho, apunta sus deseos desde la discreción. Afina desde los escasos cuarenta grados, y deja salir su erotismo desde un estrechísimo correo electrónico.
Hola extraño,
Tras doce horas de firme determinación y locura, he decidido poner fin a esta especie de catarsis que tanta falta le hace a mi espíritu. Lo que voy a decir resulta un tanto molesto, más aún si uno no espera una descarga de esta naturaleza.
Para empezar ofrezco disculpas por utilizar el correo laboral; pero, en fin, una aprende a usar los recursos que tiene a mano.
Bien, hace algunos meses, cuando te acercaste a mí para preguntar por Cortázar, me di cuenta de que ya te había visto antes, aunque fuera en otra vida, o encarnados ambos en otras especies. Lo cierto es que cuando te veo entrar en la biblioteca, o te veo que te diriges a la residencia después de hacer deporte, siempre me hago la misma pregunta: ¿a qué huele tu cabello después del baño? Es una pregunta absurda y para mí sólo era curiosidad de la sana, pero así empezó la vaina: quise saber dónde vivís, cómo vivís, y por qué estás aquí, y bueno, debo decir que me hice una idea, aunque remota, del ser que mora en ti.
Creo que me prendí de ti con la cabeza, igual, no puedo asegurar que haya querido a nadie con el corazón, al menos como indican los manuales y los discursos de los "expertos" acerca de ese sentimiento tan raro. Pero querer con la cabeza no está mal, sobre todo porque te permite mantener la justa distancia de aquello que quieres. El problema para mí es que ésa, que es mi única forma de querer, esta vez me ha generado algunos inconvenientes y angustias que no vale la pena señalar. Por esta condición de mi naturaleza y por la tranquilidad de mi alma dejo este juego en el que soy la única jugadora, loca y absurda.
He seguido todas tus publicaciones y la experiencia no ha sido del todo mala, este encontrarme contigo en la virtualidad me ha permitido recordar que existen otras formas de estar viva que para mí ya no eran importantes. Valoro tu existencia y me gusta saber que, al final de todo, sigues caminando o levitando en este espacio, y que puedo tocarte, olerte y saberte a través de tus letras, sin importar lo que escribas. Lo anterior no debe ser interpretado como un sentimiento erótico; aunque suene raro, no es tal.
Gracias, por permitirme desahogarme.
El ángulo B, Julio, agredido y obtuso por los dardos agudos del ángulo A, y pensando en la fe recta que el ángulo C le tiene puesta, envía el correo directamente a la papelera de reciclaje. Se pone el pijama y se acuesta esparcido en circunferencias hechas de Patricia moviendo sus caderas cuando va a buscar un libro, y se la encuentra en mitad de un pasillo mostrándole sus senos oscuros y misteriosos, oliéndole el pelo y dejándolo húmedo toda la noche.
Al día siguiente, Patricia, en su mirada rectilínea, divisa a Julio en el ascensor. Deja lo que está haciendo, sin que nadie note su premura en el silencio de la biblioteca, y pulsa el botón sabiendo que con sólo pulsar el botón, obligará a Julio a meterse en el mismo cubo que ella. Buenos días, Julio. Buenos días, ¿cómo se llamaba usted? Me llamo Patricia, sonrió el ángulo A, tendiendo la mano para formar un arco con la mano de Julio.
TU NOMBRE, NEK (2010)
Seré breve señora Patricia. Señorita, apostilló ella. Bien señorita Patricia. Sepa usted que no tiene posibilidades conmigo. Que tengo una novia en mi país esperando por mí. ¿Acaso yo le pedí algo? Respondió Patricia encogida. No. Por si acaso. Además, mañana mismo se acaba mi estancia en esta universidad. Me regreso.
Así que Julio se regresó a la Argentina con su novieta de toda la vida, y Patricia se quedó sola en su biblioteca, recordando a Julio con sus ojos rectilíneos, imaginando olores, queriendo con la cabeza, pero sintiendo que al corazón se le apagó la luna, se le paró el calendario, y que sin los pasos de Julio de la biblioteca a hacer deporte, y del deporte a la residencia, a ella no le quedaría nada. Ella, que creía querer con la cabeza.
(continuará)
Hola extraño,
Tras doce horas de firme determinación y locura, he decidido poner fin a esta especie de catarsis que tanta falta le hace a mi espíritu. Lo que voy a decir resulta un tanto molesto, más aún si uno no espera una descarga de esta naturaleza.
Para empezar ofrezco disculpas por utilizar el correo laboral; pero, en fin, una aprende a usar los recursos que tiene a mano.
Bien, hace algunos meses, cuando te acercaste a mí para preguntar por Cortázar, me di cuenta de que ya te había visto antes, aunque fuera en otra vida, o encarnados ambos en otras especies. Lo cierto es que cuando te veo entrar en la biblioteca, o te veo que te diriges a la residencia después de hacer deporte, siempre me hago la misma pregunta: ¿a qué huele tu cabello después del baño? Es una pregunta absurda y para mí sólo era curiosidad de la sana, pero así empezó la vaina: quise saber dónde vivís, cómo vivís, y por qué estás aquí, y bueno, debo decir que me hice una idea, aunque remota, del ser que mora en ti.
Creo que me prendí de ti con la cabeza, igual, no puedo asegurar que haya querido a nadie con el corazón, al menos como indican los manuales y los discursos de los "expertos" acerca de ese sentimiento tan raro. Pero querer con la cabeza no está mal, sobre todo porque te permite mantener la justa distancia de aquello que quieres. El problema para mí es que ésa, que es mi única forma de querer, esta vez me ha generado algunos inconvenientes y angustias que no vale la pena señalar. Por esta condición de mi naturaleza y por la tranquilidad de mi alma dejo este juego en el que soy la única jugadora, loca y absurda.
He seguido todas tus publicaciones y la experiencia no ha sido del todo mala, este encontrarme contigo en la virtualidad me ha permitido recordar que existen otras formas de estar viva que para mí ya no eran importantes. Valoro tu existencia y me gusta saber que, al final de todo, sigues caminando o levitando en este espacio, y que puedo tocarte, olerte y saberte a través de tus letras, sin importar lo que escribas. Lo anterior no debe ser interpretado como un sentimiento erótico; aunque suene raro, no es tal.
Gracias, por permitirme desahogarme.
El ángulo B, Julio, agredido y obtuso por los dardos agudos del ángulo A, y pensando en la fe recta que el ángulo C le tiene puesta, envía el correo directamente a la papelera de reciclaje. Se pone el pijama y se acuesta esparcido en circunferencias hechas de Patricia moviendo sus caderas cuando va a buscar un libro, y se la encuentra en mitad de un pasillo mostrándole sus senos oscuros y misteriosos, oliéndole el pelo y dejándolo húmedo toda la noche.
Al día siguiente, Patricia, en su mirada rectilínea, divisa a Julio en el ascensor. Deja lo que está haciendo, sin que nadie note su premura en el silencio de la biblioteca, y pulsa el botón sabiendo que con sólo pulsar el botón, obligará a Julio a meterse en el mismo cubo que ella. Buenos días, Julio. Buenos días, ¿cómo se llamaba usted? Me llamo Patricia, sonrió el ángulo A, tendiendo la mano para formar un arco con la mano de Julio.
TU NOMBRE, NEK (2010)
Seré breve señora Patricia. Señorita, apostilló ella. Bien señorita Patricia. Sepa usted que no tiene posibilidades conmigo. Que tengo una novia en mi país esperando por mí. ¿Acaso yo le pedí algo? Respondió Patricia encogida. No. Por si acaso. Además, mañana mismo se acaba mi estancia en esta universidad. Me regreso.
Así que Julio se regresó a la Argentina con su novieta de toda la vida, y Patricia se quedó sola en su biblioteca, recordando a Julio con sus ojos rectilíneos, imaginando olores, queriendo con la cabeza, pero sintiendo que al corazón se le apagó la luna, se le paró el calendario, y que sin los pasos de Julio de la biblioteca a hacer deporte, y del deporte a la residencia, a ella no le quedaría nada. Ella, que creía querer con la cabeza.
(continuará)


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