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Tuesday, January 8, 2013

WHEN SHE WAS MINE: Lawson



Más conocidos por su interpretación de  Moves Like Jagger, prefiero a Lawson en su faceta romanticona, y aquí tenéis la más romántica de sus últimas canciones: When she was mine (cuando era mía) es una expresión utilizada por The Killers en Here with me, y es que la temática es prácticamente la misma que en la canción de mi penúltima entrada (aunque en ésta quizás se puede entrever una mayor responsabilidad masculina a la hora de asumir culpas) por eso os dejo con Carlos, y su soledad...
 
Solus-sola-solum  (...continuación)

Michael no le devolvió el mensaje a Carlos, por lo que el pobre terminó abordado por sus propios pensamientos, que son muy traicioneros, tú, que bajas la guardia y ahí están, esperando a que los atiendas a todos, impacientes y violentos, como hooligans a la puerta de un estadio, amenazando con destrozar la noche en la que duermes. Carlos, pobre Carlos, se quedaba mirando alrededor del sofá con cierta sorpresa, como si los muebles que lo acompañaban le fueran ajenos y extraños. Había comprado un corrector, un corrector de tinta sí, para fulminar sus errores que eran muchos, que su cerebro no le funcionaba bien, que se atascaba como un neumático en un barrizal de recuerdos y temores (gotta walk before i fall); había comprado maría, no su María, sino marihuana a los aparca-coches con la que velar la puta realidad (fall out, out on the street) y poder al menos compartirla con su querido amigo Michael. El dinero... cuánto lo había buscado...
Y no es que Carlos fuera rico, como lo eran Michael o su tía. Sólo se consideraba lo suficientemente rico como para ser libre,  independiente, y en estado catatónico de soledad. María, María, (now i wish i could forget), María y Granada, cuántos recuerdos, Granada y María. María imprimía a Granada la misma personalidad que Carlos percibía de la chica. Granada era bella, imprevisible y peligrosa. Carlos no pasaba ni una semana sin subir al Sacromonte, sin escuchar el cante jondo que se diluía al llegar a la Alhambra. Pero Granada a veces lo traicionaba, y se veía obligado a salir corriendo porque se había metido muy en sus adentros, y ésta lo expulsaba en señal de repulsa, como defendiéndose de un objeto extraño no identificado. Y ahí estaba él solo, vomitado, expulsado, otra vez, otra vez (nothing left of me... down on my knees). Debería recoger y reunir todas las fotografías de María para quemarlas, o al menos para guardarlas en una cajita azul de la tienda de los chinos, espurrearles unas gotitas de Contradiction y olvidarse por un tiempo de su existencia, tal y como la belle dame sans merci le había pedido. Debería darle un nuevo aire a su estudio, pero no (tried to forget), pero no, contradiction, su estudio era el país de la intemporalidad: si María volviera, le gustaría encontrarlo todo tal y como lo dejó.
Carlos buscó en María la imagen de un nuevo padre (psicoanalista=100 euros/sesión). Quería que ella lo abrazase y lo protegiese, porque Carlos se había cansado de ser el protector de su familia. Curó las heridas de todas y cada una de las palizas que su padre le propinó a su madre, pobre Rocío, madre de Carlos, recordada vagamente por Carlos, gracias a la tortilla de patatas, y apenas reconocida en su caleidoscopio cerebral: Rocío era hipócrita y sincera; Rocío era fría en la arena de la playa, con sus gafas de sol; Rocío era cálida acariciando la espalda de su hijo, y sobre todo y ante todo, extraña, irreconocible, como le eran el resto de su familia. Toni, bajito repelente, con un humor tan cambiante que le recordaba a su propio padre, y eso que fue Toni quien más chocó con su propio padre, y tendría que ser Toni el más dolido con la figura paterna, y no Carlos, para que te enteres psicoanalista. Y Barto, el más pequeño, esa especie de apéndice de Rocío que aparecía a tres metros de ella o tres segundos más tarde, el gordito simpático, sempiterno catador de paquetitos de  Kinder Bueno o imaginario guerrero Power Ranger. Ésa es la familia de Carlos. Entes lejanos, inobservados y olvidados. No le interesan. No caben en los pensamientos de Carlos, copados todos por la belle dame sans merci.
tengo que verla-tengo que verla-tengo que verla- intenté olvidarla- pero la necesito-la necesito-la necesito- cuando era mía- o no lo fue?










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