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Friday, July 5, 2013

I LOVE IT: Icona Pop feat. Charlie XCX

Como estamos en verano, seguimos hablando de fiestas y alegrías. Lo sé. Algunos pensaréis qué tiene que ver, pero habréis de disculparme. Es una asociación muy personal ésta de asociar el mes de julio a un estado continuo de entusiasmo en el que quizás influyen la sensación de que el sol apenas muere, la medianoche cálida, y la impresión de que queda todo un verano por delante para disfrutar de sus noches de algodón. Aún tengo muchas historias que contaros, reales o no, que ocurrieron en verano, bajo una luna que parecía calentar, en unos cuerpos semidesnudos que se entregaban a soñar estando despiertos, y en todo esto me influyó Walt Whitman, que me marcó para siempre con sus Hojas de Hierba.
Pero no quiero quitarle protagonismo a nuestras protagonistas de hoy: Icona Pop, dos chicas suecas. Es curioso también ver cómo en lengua inglesa el epicentro del pop se reparte prácticamente en tres países: Gran Bretaña, Estados Unidos y Suecia. Aino Jawo y Caroline Elizabeth Hjelt, que rondan los 25 años ahora, se conocieron en una fiesta y tras un rapidísimo flechazo musical, unieron sus dotes musicales para crear el ya conocido grupo Icona Pop.
En cuanto a la canción, nacida en 2012, es ya todo un referente en Suecia desde ese mismo año, pues la revista Rolling Stone la considera la 35º mejor canción de 2012, aunque nosotros nos la reservamos para 2013, que éste es un blog de popularidad real, tú ya sabes, jeje, que por mucho que los expertos digan, ha sido en 2013 cuando esta canción se ha escuchado y reescuchado.
Atent@s a la letra. No tiene desperdicio. Ni despilfarro.

 
 
A HORRIBLE THING THAT WE STARTED DOING NOW
UNA HORRIBLE COSTUMBRE QUE HEMOS COGIDO
 
WHEN YOU PASS SOMEBODY THAT LOOKS REALLY GOOD
CUANDO TE CRUZAS CON ALGUIEN QUE ESTÁ BIEN
 
WE ALWAYS GO: OH SHIT, CHECK THAT OUT!
SIEMPRE DECIMOS: OH MIERDA, ÉCHALE UN VISTAZO.
 
I GOT THIS FEELING ON THE SUMMER DAY WHEN YOU WERE GONE.
TUVE ESA SENSACIÓN AQUEL DÍA DE VERANO CUANDO TE FUISTE.
 
I CRASHED MY CAR INTO THE BRIDGE. I WATCHED, I LET IT BURN
CHOQUÉ EL COCHE CONTRA EL PUENTE. ME QUEDÉ MIRANDO Y LO DEJÉ ARDER.
 
I THREW YOUR SHIT INTO A BAG,
METÍ TUS DESPOJOS EN UNA BOLSA
 
AND PUSHED IT DOWN THE STAIRS
Y LA TIRÉ POR LAS ESCALERAS
 
I CRASHED MY CAR INTO THE BRIDGE
CHOQUÉ EL COCHE CONTRA EL PUENTE
 
I DON´T CARE, I LOVE IT, I DON`T CARE
NO ME IMPORTA, ME ENCANTA, NO ME IMPORTA
 
...
 
YOU ARE ON A DIFFERENT ROAD
ESTÁS EN UN CAMINO DIFERENTE,
 
I´M IN THE MILKY WAY
YO ESTOY EN LA VÍA LÁCTEA
 
YOU WANT ME DOWN ON EARTH
ME QUIERES ABAJO EN LA TIERRA
 
BUT I AM UP IN SPACE
PERO ESTOY ARRIBA EN EL ESPACIO
 
YOU ARE SO DAMN HARD TO PLEASE
ERES MALDITAMENTE DIFÍCIL DE SATISFACER
 
WE GOTTA KILL THIS SWITCH
NECESITAMOS UNA PARADA DE EMERGENCIA
 
YOU ARE FROM THE 70'S AND I AM A 90'S BITCH
TÚ ERES DE LOS AÑOS 70 Y YO UNA PUTA DE LOS 90 
...
 Para bien o para mal, son éstas ya unas maneras muy conocidas del pop actual: aires de riot girls de chicas que no renuncian ni a la pista de baile ni a la mala leche. A ellas les encanta todo, sobre todo la destrucción, que no el amor, (pobre Vicente Aleixandre) que estampan el coche contra el puente, pues supongo que tendrán unos papitos lindos que se lo reparen, ¿no? Destrucciones aparte, la canción al final habla de la poca química entre dos personas que no conectan, pero todo da igual, porque les encanta: una quiere domar a la otra pero no hay manera, y eso sí, si eres de los 90 eres una puta y caminas por el cielo, si eres de los 70, dominante, pisas la tierra, y vas a tener difícil cazar rompecorazones y rompelotodo.
Nuevos iconos, iconos o iconas, miembros o miembras, como decía aquella preparada ministra socialista, con un punto o una punta de locura o locuro, que permiten a los demás aprovechar tanta destrucción física y lingüística para sacar su propia canción de este verano. O verana.
 
     
El drama de Florence Welch y Dev Hynes con I love it: 
 
                                               
 
La tortura de Mario Vaquerizo y las Nancys Rubias.
- Me encanta.
- A mí no.
 
                          
 
Pero he de reconocerlo. Toda esta diversión y destrucción de mentirijilla es propia de una locura de verano, así que proclamamos desde este momento a este I love it y toda la parafernalia que ha provocado como firme candidatos o candidatas a canciona del verana.

LA DESTRUCCIÓN, EL AMOR O EL DESPILFARRO

Hasta para querer hay que tener el bolsillo lleno. Sería difícil querer a esta chica que te rompe el coche y le encanta. Desde pequeño, he asimilado que el amor puede salir muy caro, y que cuando algo no anda bien en una cabecita loca, se puede uno caer por los acantilados del despilfarro, o los de la destrucción.
La destrucción, cuando es ajena, la llevo fatal. Todavía no he perdonado a ese niño mimado del soldadito de plomo que dejó caer al pobre soldadito por la ventana (aunque quizás fuera ese muñeco inquisidor que le advertía: "¡Deja de mirar a la pequeña bailarina!"), que después de pasar por tantas desventuras, regresando a casa en la barriga de un pescado, el muy imbécil lo tirara al fuego, destruyendo así los días que se pasarían mirándose, el soldadito y la bailarina, despilfarrando los juguetes que sus burgueses padres le compraran, pero no acabando nunca con el amor, el amor ígneo y con forma de corazón.

                                


A nuestra querida Ana, sedienta de amor y sexo, y empachada de remordimientos, el amor también le salía caro allá en el año 2003. Llenaba su móvil de mensajes que la estimulaban como una perra en celo. Se fotografiaba tirada en el suelo, como le gustaba a Luis-30, bajaba las estrellas del cielo y se bañaba cada noche en ellas, y con voz sensual  lo llamaba y le susurraba, estoy en la vía láctea, quiero que vengas a rescatarme. Sin traje espacial. Yo te doy de respirar. Y Luis-30, al otro lado del teléfono, se excitaba por lo insaciable del sexo virtual con Ana, atrapada en las estrellas. Cuando Luis-30 no respondía los mensajes, Ana estallaba en pura furia, y destruía los platos sobre los que no había comido, y las ropas que no se había puesto. Mientras Jaime dormía, Ana se paseaba por una luna de deseos, y se quemaba como Mercurio, sin atmósfera que protegiera su adicción a Luis-30, ese sol que la quemaba de noche y la congelaba de día. La Ana Venus se calentaba aún más, cuando Luis-30 le proponía viajar a Madrid a conocerla. La Ana Urano se levantaba malherida del suelo, llevando el alma a cuestas y yéndose a dormir como un minúsculo Plutón, cargando con una órbita infinita de remordimientos y asco hacia ella misma. Al amanecer, la Ana Tierra se despertaba con el beso azul de Jaime, y ésta comenzaba su rotación y traslación en torno al móvil, que no dejaba de sonar con mensajes matutinos de su amante virtual. Jaime preguntaba con moderada curiosidad, y Ana terminaba tirando el móvil por la ventana de aquel tercer piso. Perdió un Samsung, un Nokia, y varias bragas que olían a él. Pero nunca se sacó de su cabeza ni a Luis-30, ni su número de teléfono. Despilfarro emocional. 

                             


 A María no le hacía demasiada gracia que Carlos le hiciera regalos, pues siempre quiso ser una mujer independiente. Sin embargo, siempre le encargaba a Carlos la compra de sus juguetes sexuales. Estaba empeñada en que la única forma de seguir queriendo a Carlos era que encontrara un punto H, ulterior al G que la aburría, y lo mandaba en busca de bolas chinas, manubrios rugosos, y condones de sabores. Después de aquellos manjares, la habitación de Carlos parecía un bazar de todo a un euro, María se largaba, y Carlos se metía en la bañera a llenarse de leche y cacao, como la nocilla, para parecerse al cuadro de David, y cuando hubiera terminado Carlos se decía en voz alta que toda esa parafernalia había llegado a su fin. Cogía una bolsa de basura y metía los paquetes de cacao (2 euros) los bricks  de leche (2.60), los preservativos usados en distintas formas (inflados, anudados, mojados, ensalivados, colgados, explotados e inseminados) (5.50), las bolitas (9.50), la verga moldeable (12). Total: 31 euros y sesenta céntimos. El despilfarro o el amor.

                                     


A Mimi, su papel de Cenicienta bientratada, apenas nada le costaba dinero. Su Michael Gere particular le entregó una tarjeta de crédito con su nombre a modo de alianza de amor eterno, pero ella, siempre humilde, apenas la usaba. Se pasaba los días en la cocina ideando comidas, ya lo sabes. Había sin embargo días grises en que no tenía demasiadas ideas, y ponía lentejas en la olla, las ponía a cocer, y se metía en la tele viendo a quién elegía el tronista de turno en Mujeres y Hombres y Viceversa. O se tragaba por enésima vez Pretty Woman u Oficial y Caballero, sus pelis favoritas, dejando que las lentejas se desternillasen de risa en la olla, esperando ver las caras de asco de Michael y Mike que llegaban cuando les daba la gana. Padre e hijo se miraban con cara de circunstancias. Y Mimi se ofrecía entonces a preparar un huevo frito. Apenas había acabado de hablar, las lentejas ya ocupaban el cubo de la basura orgánica. Despilfarro nostálgico.  
                              
                               
Faustina, la gatita huérfana de la calle Cuesta, aprovecha el descontrol municipal en cuanto a basuras y reciclaje, y aunque en casa de Michael y Mimi usan la triple fórmula (orgánica- envases- papel), se mete en cualquier contenedor, y se pasa las noches de verano saboreando una rica polla de goma con sabor a lentejas quemadas. El amor o el hambre.

                                  
                            
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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