El "We found love" que Calvin Harris se marcó con Rihanna marcó un antes y un después en la carrera del escocés. Ya había colaborado en recreaciones de artistas como Kylie Minogue, Neyo o Shakira, pero se le acusaba de hacer poco más que remezclas de aficionado y que por tanto estaba sobrevalorado. Y para muestra, un "She Wolf" de Shakira en manos de Harris:
Por cierto, Shakira, siempre más dada a crear sus propias canciones, rechazó la propuesta de cantar el "We found love" que sí aceptó Rihanna.
Después vendría el éxito con Florence Welch (la de Florence and the machine): Sweet Nothing.
Y su tercer trabajo, 18 Months, se ha convertido en una fuente de singles que promociona en diferentes países y en momentos diferentes para asegurarse un éxito casi perpetuo, aunque ya se sabe que en la música, como en la vida, lo de perpetuar es complicado. Me falta otra de mis favoritas, pero no la pongo y te invito a hacer click en la etiqueta de Calvin Harris para que conozcas otra entrada que ya le dediqué hace bastantes meses.
La sensación de que Calvin Harris ya no es lo que era, nos la deja su videoclip de I need your love, aparentemente autograbado, junto con la voz tan característica de Ellie Goulding. A pesar de lo acaramelados que salen a lo largo de los 3 minutos y 48 segundos, Calvin tiene novia... y se llama Rita Ora. Y Ellie tiene novio; se llama Jeremy Irvine y a lo mejor lo conoces por la peli War Horse. Calvin Harris ya no tiene que ser discreto en sus producciones, porque de hecho nunca lo ha sido, y para muestra, una piña:
Esto ocurrió en 2009, cuando Calvin se mofaba de los peinados repetidos de esta generación x que estamos criando.
Pero te dejo con lo mejor de él: su música. I Need Your Love.
Nosotros, que nos gusta teletransportarnos y vivimos realidades paralelas, sabemos que hay maneras muy fáciles de viajar y vivir vidas o momentos que no estaban escritos en el guion. Y ésta es una de esas canciones, independientemente de la letra, que conforman ese medio de transporte con destino a ese lugar que a priori no nos pertenecía.
Es una canción que has de poner a todo volumen (no vale el ordenador a menos que le coloques altavoces). Son sólo tres minutos y cuarenta y ocho segundos, lo que equivale a doscientos veintiocho mil millones de nanosegundos, el tiempo necesario para que la luz recorra setecientos sesenta mil kilómetros, más o menos ir a la luna y volver.
Mike conocía el efecto que esta canción producía en la novia de su padre, Mimi, y en él mismo. No importa lo que diga. Da igual la letra. Es la canción perfecta para vivir una realidad diferente durante un rato. Además, la fórmula no se agota; me explico: puedes reproducirla tantas veces como desees teletransportarte. Así que Mike sube el volumen del equipo musical, mira a Mimi dentro de sus ojos verdes, se esconde en el pasillo en la penumbra, y la deja actuar a sus anchas para luego recibirla con tres besos olvidables cuando la música se apaga, y tres inolvidables besos cuando escuchan la melodía eléctrica de I need your love.
Es una canción que has de poner a todo volumen (no vale el ordenador a menos que le coloques altavoces). Son sólo tres minutos y cuarenta y ocho segundos, lo que equivale a doscientos veintiocho mil millones de nanosegundos, el tiempo necesario para que la luz recorra setecientos sesenta mil kilómetros, más o menos ir a la luna y volver.
Mike conocía el efecto que esta canción producía en la novia de su padre, Mimi, y en él mismo. No importa lo que diga. Da igual la letra. Es la canción perfecta para vivir una realidad diferente durante un rato. Además, la fórmula no se agota; me explico: puedes reproducirla tantas veces como desees teletransportarte. Así que Mike sube el volumen del equipo musical, mira a Mimi dentro de sus ojos verdes, se esconde en el pasillo en la penumbra, y la deja actuar a sus anchas para luego recibirla con tres besos olvidables cuando la música se apaga, y tres inolvidables besos cuando escuchan la melodía eléctrica de I need your love.
A- El beso darwiniano.
Cuando Mimi se metió en la oscuridad para que sus labios fueran la arena de Mike y sus manos el mar de Mike, la testosterona que fluía de sus bocas medía la capacidad de reproducción sexual de ambos cuerpos. Quería un hijo. Quién fuera madre para parirte otra vez y padre para sembrarte.
Cuando Mimi acarició con su lengua la lengua de Mike, el cerebro de ella medía la pasión de él, su amor obsesivo, su dopamina contaba en pantalla gigante todo lo que él estaba dispuesto a hacer por ella. Quería un hombre. Para cuidarte y verte dormir que nunca lo he hecho y sueño con eso.
Cuando la lengua de Mimi jugaba con la de Mike y le escupía pasión en los ojos, Ella generaba oxitocina para que Mike se quedara siempre, o al menos hasta que criara a los hijos que le diera. Y que te quedes siempre, que nunca más te enamores porque duermes conmigo.
B- El beso biológico.
Se intercambiaron saliva porque el chico prefería los besos húmedos. Era su mejor método para inflarla a testosterona y provocarle más apetito sexual, recibir de ella muestras de estrógenos que le dieran a él una idea de su grado de fertilidad. Ella se bañaba de él y su cerebro sacaba muestras de su sistema inmune, para asegurarse el tiempo. Que no quiero que te vayas nunca, ni me dejes nunca, que quiero verte dormir y burlar la distancia de esta maraña de estrellas que es lo único que tenemos.
C- El beso literario.
A Mimi no la habían criado para vivir sin un hombre, por muy moderna que pretendiera verse frente al espejo. Mimi en realidad no era más que una buscamaridos, de ésas cuyo objetivo en la vida está programado en un microchip que su madre le instaló a base de inyecciones diarias repetidas planeadas dando las cosas por hecho, te he preparado el ajuar para cuando venga un hombre bueno y con la cartera medio llena que tampoco aspires tú a mucho. Que tus manos sean ágiles para llenarle el estómago y vaciarle las partes blandas y tu misión constante y paciente para que el hombre vuelva siempre al lecho. Que lo dejes volar de vez en cuando que siempre vuelve si está cuidado y repleto.
El problema es que las cosas se torcieron y una vez que el cuadro prediseñado de su vida dejó de ser inmaculado, prefirió empezar otro, en vez de ocultar su propia mancha. Luego, qué casualidad, la vida le puso a huevo un cuadro bien parecido al prediseñado por su madre cuando no hablaba con las palomas del parque, y esta vez falló algo que no fue ella misma. Falló la testosterona de Michael y se quedaron sin dopamina. Mimi no sabe qué, no sabe cómo. Maldigo la maldición de Tiresias. Mimi no sabe qué ni sabe cómo, pero sabe culpar como sabemos todos, así que Mimi no es capaz más que dilucidar una sola culpable: Mary O'Donson. Si ella no hubiera venido a España, si Michael la echara definitivamente de aquella su casa... pero Michael es tan bueno que siempre vela por los intereses de su hijo Mike, y él quiere que esté con su madre. Pero Mimi ya no atiende a razones. Mimi está desbocada en su cocina. Mimi se quita la ropa, es su casa. Mimi pasea desnuda por el salón, desafiando la enorme indiscreción de los vecinos de la calle Cuesta. Se ha mirado los pechos con lentitud y ahora los recorre con el índice derecho para construir un camino que llegue a su ombligo. Ha imaginado unas manos jóvenes acompañándola en su camino invisible, infinito trayecto. Se ha masajeado el pubis y ha vuelto a llover. Ella no conoce la leyenda del rey pescador, y por fin llueve al sur al norte y en los millones de puntos cardinales que no conocen sequía. Las manos jóvenes la han metido en su laberinto de aguas, o ella, mano experta, ha guiado las manos de Mike para comprender a una mujer. Mimi ha visto la luz y la salida que otros no ven. Ella ha visto la salida y ensaya la escapada apuñalando con vehemencia una foto de Mary O'Donson que la retratada ha tenido el descaro de poner en la mesa donde los comensales desayunan, almuerzan, cenan y no hacen el amor. Después de apuñalar la foto, Mimi la ha aplastado con sus propias manos, y los cristales que protegían el rostro de Mary se le han metido en las manos hasta el alma como Dorian Gray. Los ojos verdes de Mary se le han clavado en las manos. Mimi se va al baño y tira a la basura los restos de la foto de Mary. Mimi no se ha dado cuenta, pero ha vuelto a manchar el cuadro parecido al cuadro que su madre le había implantado en el cerebro en forma de plantilla confeccionada.
Mientras tanto, unos ojos jóvenes enamorados la observan en la penumbra. El cuerpo desnudo de Mimi produce zozobra en el ojo joven observador. Y la zozobra es lluvia. Y la lluvia es vida. Porque Mike, al contrario que su padre, no conoce la leyenda del rey pescador.
Y tú ve a dormir. Sin mí.
Cuando Mimi se metió en la oscuridad para que sus labios fueran la arena de Mike y sus manos el mar de Mike, la testosterona que fluía de sus bocas medía la capacidad de reproducción sexual de ambos cuerpos. Quería un hijo. Quién fuera madre para parirte otra vez y padre para sembrarte.
Cuando Mimi acarició con su lengua la lengua de Mike, el cerebro de ella medía la pasión de él, su amor obsesivo, su dopamina contaba en pantalla gigante todo lo que él estaba dispuesto a hacer por ella. Quería un hombre. Para cuidarte y verte dormir que nunca lo he hecho y sueño con eso.
Cuando la lengua de Mimi jugaba con la de Mike y le escupía pasión en los ojos, Ella generaba oxitocina para que Mike se quedara siempre, o al menos hasta que criara a los hijos que le diera. Y que te quedes siempre, que nunca más te enamores porque duermes conmigo.
B- El beso biológico.
Se intercambiaron saliva porque el chico prefería los besos húmedos. Era su mejor método para inflarla a testosterona y provocarle más apetito sexual, recibir de ella muestras de estrógenos que le dieran a él una idea de su grado de fertilidad. Ella se bañaba de él y su cerebro sacaba muestras de su sistema inmune, para asegurarse el tiempo. Que no quiero que te vayas nunca, ni me dejes nunca, que quiero verte dormir y burlar la distancia de esta maraña de estrellas que es lo único que tenemos.
C- El beso literario.
A Mimi no la habían criado para vivir sin un hombre, por muy moderna que pretendiera verse frente al espejo. Mimi en realidad no era más que una buscamaridos, de ésas cuyo objetivo en la vida está programado en un microchip que su madre le instaló a base de inyecciones diarias repetidas planeadas dando las cosas por hecho, te he preparado el ajuar para cuando venga un hombre bueno y con la cartera medio llena que tampoco aspires tú a mucho. Que tus manos sean ágiles para llenarle el estómago y vaciarle las partes blandas y tu misión constante y paciente para que el hombre vuelva siempre al lecho. Que lo dejes volar de vez en cuando que siempre vuelve si está cuidado y repleto.
El problema es que las cosas se torcieron y una vez que el cuadro prediseñado de su vida dejó de ser inmaculado, prefirió empezar otro, en vez de ocultar su propia mancha. Luego, qué casualidad, la vida le puso a huevo un cuadro bien parecido al prediseñado por su madre cuando no hablaba con las palomas del parque, y esta vez falló algo que no fue ella misma. Falló la testosterona de Michael y se quedaron sin dopamina. Mimi no sabe qué, no sabe cómo. Maldigo la maldición de Tiresias. Mimi no sabe qué ni sabe cómo, pero sabe culpar como sabemos todos, así que Mimi no es capaz más que dilucidar una sola culpable: Mary O'Donson. Si ella no hubiera venido a España, si Michael la echara definitivamente de aquella su casa... pero Michael es tan bueno que siempre vela por los intereses de su hijo Mike, y él quiere que esté con su madre. Pero Mimi ya no atiende a razones. Mimi está desbocada en su cocina. Mimi se quita la ropa, es su casa. Mimi pasea desnuda por el salón, desafiando la enorme indiscreción de los vecinos de la calle Cuesta. Se ha mirado los pechos con lentitud y ahora los recorre con el índice derecho para construir un camino que llegue a su ombligo. Ha imaginado unas manos jóvenes acompañándola en su camino invisible, infinito trayecto. Se ha masajeado el pubis y ha vuelto a llover. Ella no conoce la leyenda del rey pescador, y por fin llueve al sur al norte y en los millones de puntos cardinales que no conocen sequía. Las manos jóvenes la han metido en su laberinto de aguas, o ella, mano experta, ha guiado las manos de Mike para comprender a una mujer. Mimi ha visto la luz y la salida que otros no ven. Ella ha visto la salida y ensaya la escapada apuñalando con vehemencia una foto de Mary O'Donson que la retratada ha tenido el descaro de poner en la mesa donde los comensales desayunan, almuerzan, cenan y no hacen el amor. Después de apuñalar la foto, Mimi la ha aplastado con sus propias manos, y los cristales que protegían el rostro de Mary se le han metido en las manos hasta el alma como Dorian Gray. Los ojos verdes de Mary se le han clavado en las manos. Mimi se va al baño y tira a la basura los restos de la foto de Mary. Mimi no se ha dado cuenta, pero ha vuelto a manchar el cuadro parecido al cuadro que su madre le había implantado en el cerebro en forma de plantilla confeccionada.
Mientras tanto, unos ojos jóvenes enamorados la observan en la penumbra. El cuerpo desnudo de Mimi produce zozobra en el ojo joven observador. Y la zozobra es lluvia. Y la lluvia es vida. Porque Mike, al contrario que su padre, no conoce la leyenda del rey pescador.
Y tú ve a dormir. Sin mí.





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