Saturday, September 21, 2013

A PRUEBA DE TI: Malú

Seguro que a estas alturas ya la has escuchado, porque Malú es muy radiofriendly, y porque aprovecha, como cualquiera lo haría, el tirón de La Voz, un programa de máxima audiencia en España. Y seguro que también habrás oído que en la portada de su disco Sí sale desnuda, sin enseñar nada, que también es importante, a tenor de las veces escuchado, qué elegancia, tú, que esas cosas hay que saber hacerlas.
                          

Lo cierto es que sin abandonar su estilo habitual, Malú llega roquera, y nos deja registros más o menos nuevos, aunque para los que pertenecemos al endémico grupo de los que tienen la horrible sensación (sólo a veces, menos mal) de que cualquier tiempo pasado fue mejor, es difícil que supere aquel grandioso me has enseñado tú, tú has sido mi maestro ... Aprendiz (1998).
 
    
Pero éste es el presente:
 
                            
¿Final feliz o no? Planteo esta pregunta porque algunos de los amigos que me leéis en google plus, me pedís finales felices en mis historias, a mí precisamente, que a los diecisiete me bebí a Lorca en la puerta de su casa en Granada, hasta emborracharme unos metros más al norte detrás del Hipercor, y a los dieciocho me cogí un coma etílico de tanto Shakespeare, de tal manera que ahora mis resacas se ríen del Ibuprofeno. ¿Qué es un final feliz? ¿Dónde acaba la historia? Si es en la resolución del conflicto, quizás sí existe un final feliz. ¿Pero no llega otro conflicto después? Podemos intentarlo comenzando con un fueron felices para siempre y acabarlo con un érase una vez. De acuerdo, lo intento, aun cuando la canción no tiene un final convencionalmente feliz, y no necesariamente ha de ser así, porque solemos adscribir unión y permanencia al concepto de felicidad cuando la historia nos es ajena. En fin, ahí voy. A prueba de ti.  
 
LO QUE EL FORENSE NO SABÍA.
 
Y colorín colorado, se nos ha muerto la amistad, dice el forense una vez diseccionado el cuerpo inerte. En su informe sostiene que la atravesaron con dos balas de ofensa y desconfianza. 
Se nos ha ahogado el deseo en el mar del egoísmo. 
Las vergüenzas han salido al escenario a recibir honores y aplausos, manos alzadas y ovaciones variadas. 
Los quizás se nos han vuelto groseros y tacaños de sexo. 
Los silencios escocían demasiado como para sostenerlos más de diez segundos.
La fidelidad parecía una tortuga bocarriba en el desierto. 
Los avisos fueron desestimados. 
Las alertas desatendidas.
Las reacciones subestimadas.
La magia explicada.
El compromiso abucheado.
El talento inadvertido.
La indiferencia metida en una carta que pide disculpas por las molestias producidas. 
Se nos ha muerto la complicidad. Dice la autopsia que de puro aburrimiento se ha quemado en el sol.
Lo que nos hacía vulnerables a ti y a mí se lo llevó el tiempo y nos devolvió una coraza de mentira.
La distancia tomó forma y se tornó pared.
El tiempo hizo de las suyas y jugó al despiste.
Los deslices se sobredimensionaron.
Se nos ha muerto el amor. Dice el forense que de pura inanición.
Lo que el forense no sabía es que tú y yo, lo tuyo y lo mío, lo nuestro, resucita con una leve sonrisa, con un cruce de codos torpes, que no sólo Jesucristo iba a tener el privilegio de resucitar de entre los muertos, y que tú y yo, lo tuyo y lo mío, lo nuestro, no obedece a canciones ni a causas naturales. Que lo nuestro dura más que lo que indica una canción, y que aunque algunos dicen que el cada día es el final, nunca un final había sido tan principio. A ti, lo sabes. Érase una vez.
Y sí, la tortuga, nadie sabe cómo, se dio la vuelta, caminó hasta el oasis más próximo, tampoco se sabe si espejismo o real, y allí fue feliz, comiendo mosquitos para siempre. A ti, lo sabes. Érase una vez.
                        

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