No es porque haya visto La Voz, pero este tipo cada día me cae mejor; hace años, sus estribillos me cansaban, su letra me producía cierta repulsión por "presumir" en excesivas ocasiones de sus usos y abusos del alcohol y otras sustancias, pero cada vez su voz me recuerda más a Joaquín Sabina (perdón si la comparación ofende) y el final desgarrado de esta canción me conmueve. Muchos de vosotros ya conoceréis esta canción (la cantó en La Voz con una de sus concursantes) y podríamos decir también que pertenece a 2012, pero bueno, creo que en 2013, se seguirá escuchando, o al menos yo, jaja, pues es una de ésas que no me cansan...
LA PRINCESA SOLITARIA
LA PRINCESA SOLITARIA
Érase una vez una princesa llamada Sola, que vivía en un remoto país del planeta Villaverde; Sola había visto los años pasar saliendo de su país a conocer gente extraña, que normalmente la había lastimado de una manera o de otra. Así que Sola, casi sin darse cuenta, empezó a salir cada vez menos de aquel precioso país que ella misma había levantado poco a poco con mucho ahorro y mucho trabajo. Sola era una mujer bella, culta, preparada, pero el miedo a que la hirieran la mantenía siempre con las fronteras cerradas, y no dejaba pasar el aire por sus ventanas, por miedo a la contaminación fritanga de sus vecinos, o por miedo a que los foráneos descubrieran que la que habitaba aquel país no era la mujer feliz que aparentaba ser. Así que el patio de luces de Sola apenas se abría nunca, aunque algún país vecino la descubrió alguna noche de verano mirando las estrellas... Y el rumor era cierto; alguna noche estival, la princesa Sola se sentaba en una silla a oscuras y se entretenía hablando con las estrellas; había ocasiones en que se quedaba tanto tiempo mirándolas, que percibía cómo a lo largo de la noche, giraban en el cielo, como montadas en un tiovivo.. De todas ellas, su favorita, la estrella polar, era la que menos se movía, pues permanecía anclada en el centro del cielo, casi impertérrita, como si estuviera clavada al cielo con una chincheta. Y a ella le confesó una noche cuánto desearía dejar de ser la princesa Sola, y que algún prícipe encantador la acompañara en aquel país solitario. La estrella polar, dispuesta a complacerla, le mandó un bello príncipe que viajó por todos los signos del zodíaco, y entró por la ventana de su patio interior. Sola y Polo se enamoraron. Sola abrió todas las ventanas de su país; Sola y Polo compartieron sábanas con la pasión de los que nunca han amado tanto, ni han sido amados tanto, y prometieron no separarse jamás. Sola, espléndida como jamás lo hubiera imaginado, empezó a soñar con una vida en otro país, más amplio, más rico, más distinguido que su país en el planeta Villaverde. Olvidó sus veladas con Polo y con la estrella polar. Madrugaba para trabajar duro. La noche en que Sola olvidó besar las buenas noches de Polo, éste perdió sus labios. Cuando las orejas de Polo dejaron de escuchar te quiero, se cayeron por el peso de la tristeza. El pobre Polo perdió sus manos cuando intentó acariciar el pecho de Sola y ella se excusó con un no-es-el-momento. Polo perdió su nariz cuando Sola dejó de llenar el país con rosas por cada segundo día del mes. Una noche, Sola no volvió a casa. La llamó al móvil, y la buscó por toda la ciudad, pero no la encontró jamás, pues andaba en la casa de su jefe, con quien empezó a compartir ambiciones territoriales varias. La noche en que Polo dejó de ver a Sola, perdió sus ojos. Polo regresó por el camino del zodíaco y la estrella polar lo abrazó para consolarlo. Sola, que no se había percatado de cómo Polo perdió sus ojos, su nariz, sus manos, sus oídos y sus labios, tampoco se dio cuenta de la ausencia de él, hasta que... hasta que una noche por casualidad abrió la ventana de su patio de luces, y sin querer vio en el cielo la estrella polar, como clavada con una chincheta en el medio.





0 comments:
Post a Comment