Os presento a Jesse y Joy. Los acabo de conocer, y no me han dejado indiferente. La voz de la chica me parece formidable, y la letra me transmite ese difícil pero exitoso paso que se da del dolor a la indiferencia... ¿Quién no lo ha sentido alguna vez? Estás hecho polvo por alguien que no te hace ni caso, pero te hundes una y otra vez en tu propio dolor, hasta que un día por fin despiertas, y... a mí me da igual!!! Uffff, qué tranquilidad, qué paz, qué bonito eso de quererse a uno mismo otra vez...
La canción para nada necesita de ese vídeo oficial con robo de anillo cuando la víctima duerme, predíctor mensajero y arrepentimiento final. Me quedo simplemente con la letra y con la música de esta preciosa canción, que ha ganado dos grammy latinos en 2012, si no estoy mal informado.
HUGO Y BEA, O LA INCAPACIDAD DE AMAR.
La primera vez que Bea consiguió caminar fue de la mano de su padre; risueña y decidida, se dirigió hacia su madre como si hubiera sido la primera vez que la abrazara. Esta niña puede que tenga algún problema motórico, comentaba su muy protectora, muy unida y muy abundante familia. El primer abrazo que Hugo recordaba era el de su abuelo la noche que comprendió que sus padres no volverían más. Bea tuvo una infancia fácil a pesar de sus dificultades motóricas: obtuvo muchos tequieros y ningún no. Hugo obtuvo pocos tequieros y muchos noes durante su no-infancia. La primera charla que Bea tuvo sobre sexo fue precisamente con su abuelo, porque le daba vergüenza contarle a sus padres que un chico de 1ºC, con el que salía desde hacía dos días, le tocaba el culo cada vez que se besaban. La primera vez que Hugo vio sexo en directo fue al abrir la puerta de la habitación de su abuelo, quien no estaba dispuesto a dejar de hacer su vida, aunque fuera el único familiar directo que le quedó a Hugo después de aquel accidente del que el pobre Hugo sólo recordaba un abrazo de compasión. Tras la charla con su abuelo, Bea juró y perjuró que ningún hombre volvería a tocarla así, como el chico de 1ºC. Tras pillar a su abuelo con aquella chica joven (Belinda, creía recordar) Hugo salió a dar una vuelta y fumarse unos petas con los amigos. Bea apareció risueña, decidida a entrar en el garito donde Hugo parecía hacer guardia. Sus tacones eran demasiado altos y su vestido demasiado incómodo. Hugo le extendió la mano. Bea casi se abalanza sobre él. Fue la primera vez que un hombre la abrazó de verdad. O al menos así lo sintió ella. Aquella noche, Bea y Hugo hicieron el amor con los preservativos del abuelo de él, y sin pensar en los consejos del abuelo de ella, más que nada porque el pobre había fallecido un año antes. La primera vez que el abuelo de Hugo sintió la misma incomodidad que Hugo sintiera años atrás, fue al ver a Hugo y Bea desnudos en su propia cama. La primera vez que Bea se vio desnuda delante de dos hombres fue aquella misma noche: frente a Hugo y su abuelo.
La primera vez en su vida que Hugo escuchó un te quiero fue a los veinticinco. La primera vez en su vida que Bea escuchó un no fue a los veintiséis. Se lo dijo Hugo, aunque no fue un no, sino más bien, un a mí no me gustan esas chorradas de amor. Bea supo entonces que Hugo no sabía amar, aunque apenas podía entender el porqué de su incapacidad para amar. Bea se hizo psicóloga. Hugo se hizo drogadicto. Bea nunca volvió a enamorarse. Hugo empezó a acostarse con la hija de Belinda, que cobraba el triple que su madre, a pesar de que el IPC no se había triplicado en tan pocos años. Bea no consiguió trabajo de psicóloga, pero sí de equilibrista. Hugo se rehabilitó, pero nunca más volvió a escuchar el te quiero tan hermoso como el que Bea le dijo aquella noche.





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