Friday, February 1, 2013

JUST ONE LAST TIME: David Guetta

 
Comienzo esta entrada con una petición; si alguien experto en David Guetta entra en este blog y sabe por qué la letra de la canción menciona a Sasha, que me lo cuente, porque a día de hoy, todavía no tengo la respuesta. Pero es que podría volver a empezar la entrada y decir que ésta es la canción perfecta para un fin de semana; y hasta el vídeo perfecto; me gusta ver cómo un chico que es poca cosa revienta una pared para salvar la vida de Ella, y al final (poco creíble) él muere por ella, o eso parece. Pero es que David Guetta no es la primera vez que nos sorprende; lleva ya tiempo haciéndolo, aunque esta vez creo que se ha superado; aunque es difícil superar un reto tan difícil como llevar la música hecha en y para las discotecas de Ibiza hasta los top ventas de EEUU, y él lo consiguió; es la versión bailable de otro grande (y pido disculpas si a alguien ofende la comparación): Mike Oldfield. Sólo una vez más; es mi primera apuesta para febrero, y para todo el año, claro. El vídeo salió en Youtube el 3 de diciembre y tuvo más de dos millones de visitas en cuatro días. Casi nada. Las voces tan espectaculares son propiedad del grupo sueco (otra vez Suecia) Taped Ray. Disfrutad la música, disfrutad el vídeo y disfrutad  el inglés tan standard de estos chicos, tan entendible, y si alguien la conoce, que me presente a Sasha; :).


                                              




Hace tiempo que vencí a todos los monstruos. No ha quedado ni uno en mi cabeza como sí le pasó a la pobre Silvia de Little Talks , o a una tal Jules que algún día conoceréis. Para vencerlos, tuve que ver desde demasiado cerca y demasiado pronto al que nunca lograré vencer: el monstruo de la muerte, del que conozco su victoria segura, pero al que evito y al que no le concedo apenas segundos de mi existencia. Dicen los expertos que esta tanatofobia que nos caracteriza a todos, o casi todos, no es más que un retroprogreso del siglo XX, un producto de la sociedad materialista, y lo llaman retroprogreso, porque supone un retroceso en la aceptación de la realidad. Sin embargo, dudo de verdad que antes de esto, la muerte se asumiera de manera natural, como una etapa más de la vida misma. ¿No es el instinto de supervivencia un denominador común a todas las especies? ¿Sabéis lo que realmente duele y asusta? La idea de no volver a tener conciencia de vida; la sensación de extinción; el fin de la actividad cerebral; el no volver a tener una vez más, una ocasión más: la nada proyectada en un tiempo infinito. ¿Te conformarías con una vez más? Seguro que no; querrías otra.
Ana sí que tuvo una vez más, pero no sabemos si la quiso. No volvió a hablar.


Ana. La otra versión de una madrugada de marzo. Acaba de notar un cosquilleo en la mejilla y quizás esté llorando, pero no nota las lágrimas. Lleva ya más de mil besos sin dar pensando en aquella madrugada. Recuerda que no hacía demasiado frío, que el invierno se apresuraba por marcharse. Intenta recordarlo todo y en su percepción infinita del tiempo, es capaz de reproducir cada uno de sus movimientos a cámara lenta, lentísima. Se ve sentada con las piernas algo abiertas en la silla del ordenador. Recuerda la sensación placentera de pisar el agua oscura; el excitante miedo a la roca resbaladiza que te empujará hacia acá o hacia allá, pero te empujará. Tienes un mensaje nuevo de Hermana Judith, contacto que escondía la identidad de Luis-30, el hombre de más de 40 que tenía miedo a ser rechazado a priori. Y las mentiras, para ser menos mentiras, se disfrazan de verdades ajenas, pues cierto es que Ana tiene una hermana, llamada Judith, con la cual no hablaba desde hacía dos años.
-Estoy en Madrid. No sabs lo k daria x tenerte aki amilado. Llamam y t recojo en Moncloa.
Ana comenzó a moverse con nerviosismo alrededor del ordenador, alrededor de los libros de su marido Jaime, y alrededor de sus dudas, alrededor de su moral y de sus sentimientos enredados. Podía llamarlo por teléfono pero temía que alguien la oyera; podía conectarse con él vía correo; podía despertar a Jaime (misión imposible) para que hicieran el amor allí mismo, entre los libros y el ordenador que tanto amaba. O escribir un definitivo no me llames nunca más. Olvida mi número; bórralo, no me llames nunca más. Ana se quedó por fin quieta.
- Ha llegado el momento Luis; kiero k me lo hagas na mas verm
-Cuando??????????????
-Mañana
-No puedo esperar mas
-Podemos ensayar ahora
-No. Ana, no kiero mas telefono; si no viens mañana, no vengo mas a madrid y ahora lo digo en srio.
Ana pulsó la tecla de llamada con nerviosismo. Se quitó el camisón y las bragas. Luis-30 contestó al primer tono.
- Estoy tirada en el suelo, cariño; quiero un adelanto.
- No.
- ¿Luis?
- Ven al hotel, Ana; no faltes.
Y Ana se quedó sola en el suelo, semidesnuda, con la explicación frustrada de por qué se tiraba al suelo en la punta de la lengua.
- Dímelo cabrón; dime lo que me vas a hacer.
- Te esperaré por la mañana. Si no llegas, me iré y no vuelvo a pisar Madrid. Sabes que no me gusta Madrid.
FIN DE LLAMADA.
Ana entonces descubrió a otra Ana tumbada en el suelo, con su mano derecha buscándose a sí misma. Sintió el frío del suelo y se reincorporó al tiempo que se ponía las bragas y el camisón con prisas, que olían a vergüenza. Salió a la terraza para fumarse un cigarro mientras buscaba alguna estrella en el cielo de Madrid. No encontró ninguna. La madrugada no acaba nunca. Quiero que te pongas encima de mí, Luis; no puedo más. Ana se pasea por las habitaciones, y en la oscuridad adivina el cuerpo de su hija. No sabe que su madre es una guarra, se dice. Ni siquiera contemplarla mientras duerme me quita la angustia. 
00:34. Ana entra en la ducha.
00:47. Ana se seca el pelo con un potente secador que no despierta ni a Jaime ni a Carmen.
01:07. Ana llora frente a su hija. Es la última vez que Ana disfrutará del llanto.
01:22. Ana se tumba detrás de su marido y le mira la espalda cubierta con su pijama de franela.
01:59. Ana se prepara la alarma del móvil a las 5:30.
02:07. Ana entra en la fase REM (roncas exageradamente, mamonazo)
02:34. Ana llama a Luis-30 y le promete que estará allí bien temprano. Llevará la falda de Gaughin. Inconfundible.
02:58. Ana se ha dormido. 
05:30. Suena la alarma. Ana despierta. Apenas tiene sueño.
El tiempo empieza a adquirir ya nuevas dimensiones: se alarga y se estrecha a medida que multitud de sensaciones se le agolpan en la cabeza, aturullada. Jaime y Carmen siguen durmiendo. No me voy a despedir de ellos para no picar el anzuelo del remordimiento. Escribe una nota. He ido a ver al psicólogo. No puedo más. El portazo en la puerta del piso tiene ecos infinitos, como sobredimensionado por la metáfora que acaba de producir. Es como si ya no fuera a volver a esa vida; ha elegido otra vida, y ya está echando de menos la anterior. Se sube al tren. Que no te vea el DNI. Que no vea la foto de tu hija. Que la que va en el tren no eres tú, sino otra, un pedazo falso de ti, una culebra que pide cosas extrañas y que probablemente se vaya cuando le hayas dado lo que pide. Ana siente sus manos frías y cubiertas de sudor nervioso. Desprenden el extraño olor que ha resultado de mezclar su perfume más caro con las monedas para llegar a Príncipe Pío. Ana tiene algo de sueño. Se sirve de su mano izquierda para proteger su cabeza de la dureza del cristal. Morfeo empieza a rondarla. No te duermas que te pondrás fea. Y es en este punto cuando la memoria empieza a fallar. Tan sólo recuerda ya las letras rojas de la cabeza del tren flotando en un punto indeterminado del océano que componen la madrugada, el cielo casi cubierto y el cristal que todo lo oscurece: ahcota. Se han quedado incandescentes durante un microsegundo que parece centenario.  Ya nunca verás a Luis-30. Se dice. Quiero una primera vez con Luis, y una última con Jaime.  Just one last time. Llanto, dolor y cuerpos amontonados a su alrededor componen el recuerdo de ese espacio de tiempo visionado tantas veces.

OTRAS MADRUGADAS Y OTROS JUEVES.



Esta Madrugada, Amaral (2005)



Y en esta canción de La Oreja de Van Gogh podéis ver otra perspectiva de la muerte; la que muere es la narradora, por lo que su muerte no es más que un traslado a otro lugar, lo que le quita a la muerte todo el tabú y los miedos que giran en torno a ella. Y no es la única canción del disco que lo hace, pero os dejo Jueves, año 2008.





La historia de Ana en el tren es totalmente ficticia y no conozco ninguna persona a la que le pasara esto en los atentados del 11 de marzo de 2004. Por supuesto, no he pretendido ser sensacionalista ni sacar provecho del dolor que semejante atentado ocasionó. Durante aquel año, yo pasaba por Atocha con frecuencia, y el acontecimiento me afectó bastante. Así que les dedico esta entrada a:
1-Todas las personas que perdieron sus vidas aquella mañana de marzo. 191 personas que se dirigían a sus puestos de trabajo, a visitar a familiares, a hacer sus compras, a estudiar, en definitiva a vivir, y les arrancaron sus planes, sus metas y sus vidas por lo que es y será siempre un sinsentido.
2- A los 1.858 heridos del atentado.
3- A las familias de fallecidos y heridos.
4- Al pueblo de Madrid: por colaborador, solidario, maduro, y por saberse levantar al día siguiente.
5- A Pilar Manjón y su asociación de víctimas del terrorismo, cuestionada injustamente  por los medios de comunicación más conservadores de este país.

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