Sunday, July 7, 2013

IT'S A BEAUTIFUL DAY: Michael Bublé

Seguro que a estas alturas ya os suena esta canción, que algunos pensaréis que me he retrasado un poquito en ponerla, y tengo que reconocerlo: tengo en fila india un montón de canciones aspirantes a competir por ser la mejor del año. Y como nunca es tarde si la dicha es buena, os presento si no la mejor canción, sí el mejor día del año, de la mano de este canadiense que roza los bien llevados treinta y ocho años y que es considerado por algunos el heredero del mismísimo Frank Sinatra. Sus inicios en la música se remontan al año 2000, aunque no fue hasta el año 2005 cuando dio el salto definitivo desde Estados Unidos hasta el resto del mundo.
It's a beautiful day es el primer single de su disco To be Loved, Ser Amado. Disfruta de la letra y de la canción:
 
I DON'T KNOW WHY YOU THINK THAT YOU COULD HOLD ME
NO SÉ POR QUÉ CREES QUE ME PODRÍAS SOSTENER
 
WHEN YOU CAN'T GET BY, BY YOURSELF
SI NO LO PUEDES HACER CONTIGO MISMA
 
AND I DON'T KNOW WHO WOULD EVER WANT TO TEAR THE SEAM OF SOMEONE'S DREAM
Y NO SÉ QUIÉN QUERRÍA ROMPER EL SUEÑO TEJIDO POR ALGUIEN
 
BABY, IT'S FINE, YOU SAID THAT WE SHOULD JUST BE FRIENDS
ESTÁ BIEN NENA, DIJISTE QUE SERÍAMOS SÓLO AMIGOS
 
WHILE I CAME UP WITH THAT LINE
CUANDO SE ME OCURRIÓ AQUELLA IDEA
 
THAT IT'S FOR THE BEST, IF YOU EVER CHANGE YOUR MIND, DON'T HOLD YOUR BREATH
QUE ERA LO MEJOR, PERO SI CAMBIAS DE OPINIÓN, NO TE CALLES
 
CAUSE YOU MAY NOT BELIEVE THAT BABY, I'M RELIEVED
PORQUE AUNQUE NO TE LO CREAS NENA, ME SIENTO ALIVIADO
 
WHEN YOU SAID GOODBYE, MY WHOLE WORLD SHINES,
ME DIJISTE ADIÓS Y AHORA TODO MI MUNDO BRILLA
 
HEY, HEY, HEY, IT'S A BEAUTIFUL DAY AND I CAN'T STOP MYSELF FROM SMILING
HEY, HEY, HEY, ES UN DÍA HERMOSO Y NO PUEDO DEJAR DE SONREÍR
 
IF I AM DRINKING, THEN I AM BUYING,
SI ME PONGO A BEBER, COMPRO PRIMERO,
 
AND I KNOW THERE'S NO DENYING
Y NO HAY MANERA DE NEGARLO
 
IT'S A BEAUTIFUL DAY
HACE UN DÍA FANTÁSTICO
 
THE SUN IS UP, THE MUSIC'S PLAYING
HA SALIDO EL SOL Y SUENA LA MÚSICA
 
AND EVEN IF IT STARTED RAINING, YOU WON'T HEAR THIS BOY COMPLAINING
E INCLUSO SI EMPEZARA A LLOVER, NO ME OIRÍAS QUEJARME
 
CAUSE I AM GLAD THAT YOU ARE THE ONE WHO GOT AWAT
PORQUE ESTOY FELIZ DE QUE FUERAS TÚ QUIEN SE ALEJARA
 
IT'S A BEAUTIFUL DAY
 
IT'S MY TURN TO FLY, SO GIRLS, GET IN LINE
ME TOCA A MÍ VOLAR, ASÍ QUE CHICAS PONEOS EN FILA
 
CAUSE I AM EASY, NO PLAYING THIS GUY LIKE A FOOL
QUE SOY UN CHICO FÁCIL, PERO NO ME TOMÉIS EL PELO
 
NOW I AM ALRIGHT, MIGHT HAVE HAD ME CAGED BEFORE, BUT NOT TONIGHT
AHORA ESTOY BIEN, PUEDE QUE ME HAYAN TENIDO ENJAULADO ANTES, PERO ESTA NOCHE NO
 
CAUSE YOU MAY NOT BELIEVE THAT BABY I'M RELIEVED
PORQUE AUNQUE NO TE LO CREAS NENA, ME SIENTO ALIVIADO
 
THIS FIRE INSIDE, IT BURNS TOO BRIGHT
ESTE FUEGO INTERIOR QUEMA DEMASIADO
 
I DON'T WANT TO SAY SO LONG, I JUST WANT TO SAY GOODBYE
NO QUIERO DECIR HASTA PRONTO, QUIERO DECIR ADIÓS
 
(ESTRIBILLO)

CAUSE IF YOU EVER THINK I'LL TAKE UP
PORQUE SI PIENSAS QUE ME PASARÉ EL TIEMPO

MY TIME WITH THINKING OF OUR BREAK-UP
PENSANDO EN NUESTRA RUPTURA

THEN YOU'VE GOT ANOTHER THINK(1) COMING YOUR WAY
YA PUEDES IR CAMBIANDO DE PARECER

CAUSE IT'S A BEAUTIFUL DAY, BEAUTIFUL DAY, OH BABY, ANY DAY THAT YOU ARE GONE AWAY, IT'S A BEAUTIFUL DAY

PORQUE ES UN DÍA PRECIOSO, UN DÍA PRECIOSO, NENA, CUALQUIER DÍA EN QUE TÚ NO ESTÉS ES UN DÍA PRECIOSO.

(1) En muchos sitios os encontraréis thing en vez de think, pero la expresión "a think coming" es común en lengua inglesa cuando se le habla con autoridad a alguien para decirle que deje de hacer lo que está haciendo.


                               

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 


 





Ya os hablé en la entrada de New Brand Me de que la liberación masculina también existe. Lo ejemplifiqué con una canción de Alejandro Sanz y ahora tenéis otro ejemplo con It's a Beautiful Day. Concluimos por tanto que la liberación no tiene género y disfrutaremos de nuevo del momento en que por fin alguien desaparece de nuestras vidas y respiramos hondo, uffffffffff, qué alegría, qué bonito brilla el sol sin ti, cuando dejas de imponer tus silencios, cuando dejas de estar ahí para recordarme que no te pertenezco y que mi vida no gira en torno a ti.

Sobre Shakira, liberaciones, montañas y cadenas rotas.
 
Recuerdo a aquella chica del instituto en torno a la cual todo giraba. Me llamaba con una sonrisa, con un gritito, con una palmadita en la espalda, y yo respondía como un autómata. Mi misión era explicarle senos, cosenos, tangentes, fórmulas químicas que ya no recuerdo, oraciones subordinadas, el resumen de La Celestina, las pasivas en inglés y la alegría en fin de que mis sobresalientes académicos repercutieran en un raquítico aprobado por los pelos para ella, que nunca estudiaba y se limitaba a escuchar mis resúmenes. La escondí bajo el personaje de Bibiana, a pesar de que mi profe de literatura insistió en que ese nombre debía escribirse con dos uves, que para eso se relacionaba etimológicamente con el verbo vivir, pues Viviana significa "vivaz, animada, llena de vida". Es cierto que Bibiana era así. En los pasillos del instituto sus carcajadas sonaban a vida, a chicos arremolinados en torno a sus senos, a cigarrillos atrevidos en los servicios, a intercambios de chicles con los más guapos. Yo permanecía en mi pupitre resolviendo los problemas matemáticos sin saber muy bien cómo llegaba a su resolución, pero casi siempre lo conseguía. Apenas hablaba con ella en toda la mañana, pero sabía que en cualquier momento ella acercaría sus tetas a mis lápices y me diría: Sssss, ¿a qué hora voy a tu casa, que me tienes que explicar las rimas de Bécquer?
Sus tetas rozaban mi boca y ésta hablaba por mí: llego a comer a las tres así que a las tres y cuarto te espero en mi cuarto.
Por eso la llamé Bibiana. Porque el sufijo bi- siempre me recordaba que cuando la miraba a ella me quedaba bizco mirando sus dos enormes montañas acabadas en aquellos pezones rosáceos como este texto, y que podría recitar de memoria la colección completa  de los poemas de Bécquer a cambio de pasarme un rato montado en sus puntitas de fresa. 
Y a pesar de que a mí no parecía afectarme su afecto en casa y su indiferencia en público, aquella chica sí que quebrantó parte de  mi autoestima adolescente. Mi amiga Marta se dio cuenta de cómo Bibiana estiraba de mí, y fue por aquel entonces cuando de verdad nos distanciamos, porque no soportaba verme arrastrándome tras las tetas de Bibiana. Yo en cambio aposté por ellas a costa de todo, y me hice bimembre, bipartita, bicéfalo, bisílabo, bicelular y bifurcado. Hasta que lo conseguí. Andaba explicándole el bipartidismo, y con el lápiz llamé a sus puertas para acariciarlas con torpeza y detenerme con las yemas de mis dedos en aquellos senos puntiagudos, y mis hormonas conformaron la ecuación perfecta, subí por los picos más altos de cada continente, analicé cada subordinación de mis dedos en sus pechos, me hice bilingüe sin que me diera permiso para utilizar mi lengua, recorrí las cuevas de Altamira y me subí a la luna en el mejor recorrido histórico que pudiera hacerse entre libros y apuntes, y sólo mis manos pudieron amarla. Menos mal.
Porque después de eso vendría el amor. Y el dolor por verla en otras órbitas en nuestra clase de segundo c. La quise demasiado en silencio como para poder vomitarla con facilidad, y su presencia tanto en clase como en mi habitación hicieron demasiado difícil liberarme de ella.
La ecuación del porqué yo no podía intercambiar un chicle con ella, o la tangente de la prohibición que mi lengua tenía de recorrer sus senos se quedaron irresueltos en mi cuaderno. Así que tuve que recorrer el difícil camino de una oración subordinada de finalidad: para que pudiera olvidarla. Para que pudiera olvidarla tuve que esperar al verano y que ella se fuera un mes con sus papás ricos a un apartamento en la playa. Para que pudiera olvidarla, tuve que quitarme los pantalones de pana que me arropaban con su tacto, la camisa de franela que ella me alisaba con sus manos, y el abrigo que yo le prestaba cuando en pleno febrero salía a enseñar sus ubres y le caía granizo encima. Para que pudiera olvidarla, tuve que inventarme un nuevo amor en forma de chica de verano con tetas pequeñas, que no las confundas con montañas, que heredó las piernas firmes para correr si le hacía falta.
                               
                                  
 
Y así se producen las liberaciones, forzadas o no, para seguir teniendo beautiful days, como cuando los niños salíamos en estampida el último día de clase, que septiembre quedaba lejos y quizás ya no volveríamos a ver a ese profesor que nos mortificaba. La familia de Bibiana era la única que salía a veranear y la pandilla de amigos aprovechábamos su ausencia para kolarnos en su casa y okuparla. Apenas me acordaba de Bibiana y por segundos la imaginaba bailando en la arena de una playa, meneando sus caderas al ritmo del Tiburón. Pero volvía de inmediato a la realidad de aquel día maravilloso, y sentíamos que aquella casa era nuestra, que aunque el frigorífico estaba vacío, podíamos aprovechar el teléfono para llamar a una línea caliente, u organizar una fiesta de disfraces con los sujetadores de Bibiana.
 
                               



Mike se vestía con un escudo protector que lo mantenía en continuo estado de alegría. Nada podía hacer que su día dejara de ser un beautiful day...
Ni siquiera cuando Mary, su madre, lanzaba correos desde algún lugar de Estados Unidos a modo de boomerang, anunciando su fecha de ida y regreso. En el año 2012, como cada primavera, Mary lanzó dos correos, pero en forma de dardo, con billete de ida, y sin fecha de vuelta. El primero para Michael, el padre de su hijo, y el segundo para su amiga María.
Hola. I've decided to visit you this month. I've already bought a ticket. No return still. Hasta pronto.
Fue el primer correo que Michael abrió aquella mañana de mayo. Sabía que si Mary anunciaba su viaje era porque ya había sacado el billete. Pero sus tres palabras no return still (sin vuelta aún) sonaban a amenaza. Todavía la recordaba en América, con sus andares de Lolita, la eterna adolescente, aquella mujer que se acostó con ese Michael americano, el pragmático e insolidario, el que no pensaba más que en pasarlo bien, el que no escuchaba los gritos solitarios de Jules, ese Michael que ya no vivía en su cuerpo. No es que Michael se hubiera metamorfoseado, sino que en su cuerpo vivieron dos personas completamente diferentes.

El correo a María era más extenso:
Hola pretty girl. Vuelvo a Espania. Me gustaría convencer a Mike para que se viniera conmigo a USA. Cada día estoy más sentimental (¿se dice así?) y quiero pasar más tiempo con mi hijo. Llego el sexto del mes próximo. Llegaré a Málaga sobre las doce de la noche. ¿Vendrás a recogerme? No es una pregunta, es una orden, lol, lol, lol, Contéstame bitch. ¿Cómo va todo por allí? WHAT ABOUT ROCÍO, your future mother-in-law, jajajaja, Ah! No he comprado billete de vuelta, pero te llevo unos vestidos que te harán prettier and prettier and prettier. Saludos a Carlitos. Remember: no he comprado billete de vuelta, ¿me soportarás? XD.

María, a quien en la editorial donde compartía éxitos con su novio Carlos, le habían encargado la biografía de un famosísimo torero, sonrió con la última frase de Mary. Pocas personas la hacían sonreír como Mary. Se había pasado media mañana intentando escribir una introducción que fuera mejor que la de Carlos para que la biografía llevara su nombre, y no el de los dos, pero fue incapaz de escribir una sola letra, exceptuando la ele que escribió su nariz durante dos renglones y medio al caer dormida sobre el teclado. María nunca dormía bien. Ya fuera por una cosa o por otra. Pero no se lo decía a nadie. Carlos había pasado la noche a su lado antes de partir a Granada para la presentación de un libro. No entendía qué demonios pintaba Carlos en cada presentación de la editorial. En realidad sí, sí lo entendía. Carlos era el escritor más prestigioso que trabajaba para aquella editorial anodina, y ella no. Ella no. Cuando se lo anunció acaban de hacer el amor. Una noche tonta. De esas en las que María se dejaba llevar por la nada, o por el todo, por la necesidad de sentir  los brazos de un hombre acariciándola, haciéndola sentir viva por momentos, a ella, tan joven, y tan áspera.
María contestó de inmediato al correo de Mary.
Rocío sigue encantadora. Ayer estuvimos las dos cosiendo (sewing) :), y me ha preparado toallas bordadas con mi nombre para el ajuar (household furnishings). Después hicimos croquetas y hablamos de lo maravilloso que es su hijo. Por supuesto que iré por ti, puta. Tu hijo está muy alto y muy bien, aunque cada día más salido (randy). No sé si es buena idea lo de que te lo lleves a América. Lo hablamos, ¿vale?. Vente tú a España y nos alquilamos un piso de solteras en Madrid, lejos de toda esta gente, aunque claro, tú quieres estar con tu hijo, pero te coges un Ave cada weekend. XXX. Planes, y más planes.
Cuando cerró el correo, María todavía sonreía. Se veía reflejada en la pantalla del ordenador y se notó guapa. Y a más guapa más mala, se autoproclamaba. En el ordenador leyó usuario Carlos y sintió deseos de conseguir la contraseña para leer la introducción sobre Medina, el torero. Si pudiera conseguir la contraseña para acceder a los documentos de Carlos... El mismo Carlos se la daría, pero ella quería copiarla y mejorarla sin que éste se enterara, por estúpido, por llevarse siempre el éxito. Consciente de su maldad, lavaba sus manchas de mala conciencia en la justificación del dolor que sentía, y su dolor la hacía mala, mala, mala ante el espejo, y retiraba su mirada de él, dividida en trocitos de mala leche. La biografía de Medina la conseguiría ella: María Soler García.
Pobre Carlos, se decía para sí Michael, mientras se bebía el café de la mañana a sorbos para asimilar el correo-dardo que acababa de recibir. Cuando llegue Mary, María volverá a darle de lado igual que el año pasado. Lo más ético que puedo hacer por él es que Mary se venga a mi casa y no a la suya, pobre, no sabe qué hacer para complacer a María, y si María le pide que meta en su casa a Mary, él lo hará. No puede ser que siempre salga perdiendo el pobre Carlos...
- Buenos días. Buaaaaa. Está lloviendo- Mike entró al comedor interrumpiendo los pensamientos de Michael.
- ¡Qué entusiasmo hijo! Hay que levantarse antes y mejor.
- Estoy harto de instituto y sólo llevamos una semana de trimestre.
- Mike, no...
- No daddy, no por favor, no me eches la charla ahora que son las ocho.
- Pues tómate el zumo y nos vamos.
- ¿Dónde está Mimi?
- Creo que está en la cama.
- Joder con la chacha, cómo se gana el sueldo.
- Mike, un día Mimi se va a cansar de tus bromas.
- Sí, daddy, sí.
Michael se dirigió al fregadero con el café en la mano, y en su paso aprovechó para darle una colleja a su hijo, que se bebía el zumo con desgana. No quería enfrentarse a él, no quería discutir con él sobre sus modales ni sobre cómo dirigirse a las personas que más aprecio tenía, ni sobre sus aires de superioridad, no era eso lo que él trataba de enseñarle, pero tampoco sus padres lo enseñaron a él a drogarse en las discotecas y él lo hizo, o no fue él, fue el otro Michael que vivió en su cuerpo de joven. Ahora no era más que un pobre hombre ensayando la manera de decirle a su hijo que su madre volvía a España, temiendo que la rechazara pero odiando que le cogiera demasiado cariño. Barto tocó el timbre con puntualidad para ir al instituto.
- ¡Voy gordo!
- Abre que me mojo.
Mike fue a abrir con rapidez.
- ¿Qué pasa? ¿No hay paraguas en tu casa?
- Sí, pero...
- Vale, no me interesa, ¿has estudiado?
- Muy poco.
- Yo menos, estuve chateando con Sandra.
- Ah.
- Buenos días - interrumpió Michael padre, mirando el vaso de zumo que Mike no se había terminado.
- Buenos días, Michael- contestó Barto.
Nos vamos. Los chicos se sentaron en los asientos traseros del Patrol y el silencio se hizo dueño del trayecto. Michael miraba a su hijo por el espejo retrovisor, y pensaba cuánto le recordaba a él mismo, al Michael que vivió en su cuerpo cuando era joven, al de California, al premichael, al olvidado, al repugnado, y a veces en la noche, envidiado, al que dormía a pierna suelta, al sin remordimientos, al que se paseaba por la vida sin mirar atrás ni adelante, y allí atrás tenía un remichael mirando las gotas de lluvia haciendo carreras en el cristal. El silencio del camino se convirtió en una cruz a cuestas, ya que Michael no dejaba de darle vueltas a cómo le diría a Mike que venía su madre, y de paso caminó por un atolladero mental plagado de trampas y zarzas con preguntas que escocían en qué soy, qué hago aquí, adónde voy, y quién irá conmigo.
- Para!!!!!!!!!!!- gritó Mike indignado.
Michael frenó. Se había pasado unos metros de la puerta del instituto y tuvo que poner las luces de emergencia. Había planeado decirle a Barto que los dejara solos unos segundos para mantener una charla paterno-filial. El diálogo siempre como punto cardinal. Lo había visualizado todo mentalmente. Pero su despiste lo había estropeado todo.
- Hijo, tenemos que hablar.
Barto no dudó en poner atención a las palabras de Michael.
- ¿Qué pasa papá?
- Luego.
- Dilo ahora. Barto se va a enterar igualmente.
- Viene tu madre.
-¿Y?
- No ha comprado billete de vuelta.
- Bueno, ya la echaremos - replicó Mike sonriendo y guiñándole un ojo.
Y mientras Mike se alejaba compartiendo paraguas con Barto, Michael permaneció mudo en el coche, pensando que ahora le tocaba contárselo a Mimi.
Desde el retrovisor vio a su hijo premichael y remichael saludando a una chica con dos besos lentos en las mejillas, y aún oía la voz de su hijo alegremente diciendo... Sandrilla! Tenemos un día precioso.

                          



Rocío era la madre orgullosa de tres hijos como tres soles: Carlos, Toni y Barto, de mayor a menor. Rocío aguantó con hipocresía y mentiras los golpes y la mala leche de un tirano durante más de veinte años. Vivió días grises uno tras otro. Carlos prosperó y se le convirtió en toda una eminencia. Toni se quedó bajo sus faldas y con una delgadez preocupante que lo convertía en un extraño en una familia con una media de masa corporal elevada. Barto nació por error: tarde pero bien, y se convirtió en su ojito derecho y su niño mimado. Desde que Carlos se fue, Rocío notó que el humor del tirano iba de mal en peor, pero asumió que moriría entre cardenales y temblores al mediodía, cuando el tirano regresaba de la taberna. Se despertaba a medianoche con la imagen de su débil Toni, que se ponía las manos en la cara ante cualquier gesto que hiciera su padre, para protegerse la cara. Pero Toni no sabía defenderse. Sus manos pequeñas tapaban media cara y dejaban una mejilla al descubierto. Sus piernas flaqueaban con cada sacudida del tirano y Toni caía al suelo de rodillas. Ella en cambio lo amenazaba con una sartén o con un cuchillo y se ponía siempre delante de su hijo sartén en mano gritándole que no lo llamara maricón, que su Toni era muy hombre. Así que la pobre Rocío tampoco acertaba en la defensa de Toni, que salía volando como una hoja de papel, con los mismos ojos de qué asco de vida que tenía el que lo engendró.
Una tarde de verano Toni llegó sangrando a casa. Su padre le había propinado la mayor paliza de su vida. Pero fue la última. Rocío llamó a Carlos para contarle cómo estaba su hermano.
Carlos cogió su Clío desde el pueblo de la costa donde vivía, y en tres horas se plantó en casa. Ordenó a su madre que prepara las maletas y que no mirara atrás nunca más. Todos obedecieron y se apilaron en el coche como pudieron. Rocío se colocó unas gafas de sol enormes y cerró los ojos. Durante el viaje sin retorno a la costa, nadie se atrevió a hablar ni a preguntar qué haría el tirano cuando entrara a casa y la encontrara vacía. El silencio sólo se vio interrumpido por Rocío, que despacito preguntó quién cantaba esa canción que sonaba en la radio diciendo así: que el cielo y tu madre cuiden de ti.
                        
                            
                               
 
 
 
 
Tú, mujer, no te calles nunca. No dejes pasar ni la primera señal. No aceptes ni un perdón. No asumas ni un sólo insulto. No pierdas ni una sola parte de ti. No olvides un mal gesto, ni una mano levantada, que no disfrace su mala leche de amor desesperado, que es mentira. Él está enfermo y tú necesitas huir o pedir ayuda (016). Vete antes de que te consuma. Vete para que pronto vuelvas a sentir que después de él habrá días preciosos.
 
 
                       
 

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