Saturday, July 27, 2013

Mi mamá me mima. Después de siete meses de blog, algunos ya sabréis que son dos de los niños mimados de éste. A él lo he traído de acompañante con Tanto, de artista principal con El beso que me dejó mudo, y con ¿Quién?, que nos llevó al dolor más intenso. De ellos hemos visto su precioso Corre que nos deleitaba con una pareja que ya no da más de sí por culpa de una parte, y su ¿Con quién queda el perro?, en la que ninguno de los dos daban más de sí. Llorar con Mario Domm es la sexta entrada más visitada de este blog, y aunque un no sé quiénes que yo no comprendo han retirado los vídeos musicales de Jesse y Joy en infinidad de ocasiones, yo os voy a mimar igual. No en vano, el dúo mexicano se convirtieron en los máximos ganadores de los Grammy Latinos, su canal de YouTube supera los 300 millones de visitas, y han estado de gira por EEUU para llegar a España a finales de junio.
La realización del vídeo del español junto a los mexicanos tuvo lugar en Madrid bajo la dirección de Rafa Sañudo, y la canción, que es de ellos, se edita ahora en España con la aparición de él.
abriste una ventana despertando una ilusión
cegando por completo mi razón
mantuve la esperanza conociendo tu interior
sintiendo tan ajeno tu calor
probé de la manzana por amor
quiero ya no amarte y enterrar este dolor
quiero que mi corazón te olvide
no ser como tú, quiero ser yo la fuerte
sólo te he pedido a cambio tu sinceridad
quiero que el amor al fin conteste
¿por qué siempre soy yo la de la mala suerte?
vienes, me acaricias y te marchas con el sol
me duele sólo ser tu diversión, no,
dices que me amas, que no hay nadie como yo
que soy la dueña de tu corazón
pero alguien más está en tu habitación
...
No, no pasa nada si el amor no es perfecto,
siempre y cuando sea honesto
y no, ya para qué pedir perdón, no es correcto,
no puedo compartir lo que no se me dio
no soy la dueña de tu corazón,
yo soy quien sobra en esta habitación, no,
...
          
No me lo niegues, esto es una auténtica preciosidad.
                                                 MIMI
Pocas personas conocían el verdadero nombre de Mimi, excepto su madre y su padre. Mimi había decepcionado desde el nacimiento cuando asomó su cabecita al mundo frágil y cobardemente. Había sido el deseo masculino de unos padres primerizos, humildes y poco dados a eso que los demás conocemos como alegría. En casa, cuando Mimi crecía y aprendía a hacer gracietas, su madre tenía por costumbre frenar su alegría recordándole que la noche anterior se había hecho pis en la cama, o que se había comido la mitad del plato de garbanzos. Su maestra, la señorita Catalina, no consiguió que aprendiera a sumar en primero de primaria por muchos bofetones que le arrease, o por muchos garbanzos que se colocara en cada mano para ilustrarla. Ella sintió que su carácter era pequeñito, pequeñito como un guisante a medida que su apodo se le instalaba en los oídos para tener el reflejo de girarse o levantar la mirada cuando algún sujeto la apelase. La eme se colocaba entre sus labios para echarse una siesta antes de salir al sonido, pues quien la llamaba lo hacía con pereza y sin mucho interés. La i surgía de las cuerdas vocales con los labios cerrándose con lentitud después de dos esfuerzos sonoros, y connotaba una mezcla de burla, de recordatorio de que Mimi era poquita cosa, de que nunca se supo la tabla del nueve, y de que sus orejotas siempre serían un impedimento en la consecución de la belleza.
Mimi creció entre fogones, pues desde que la señorita Catalina aconsejó a su madre que Mimi tenía que aprender sus labores, con siete años, horror, su poco alegre madre la metió en la cocina a preparar pucheros para toda la semana. Se olvidó de la escuela con rapidez, y sólo estuvo preparada para volver a ella en caso de que el hermano masculino se escabullese del vientre de su madre alguna vez. Los tristes padres planearon tener un varón, pero nunca llegó, así que Mimi nunca volvió al cole, ni siquiera para llevar a su hermano a la puerta del cole.
Mimi Me Irrita Muy Indignantemente, decía su padre, cuya boca nunca supo soltar una eme que no fuera en posición :( ... llegan los vecinos y no tiene ni educación para mantener una conversación. Mimi pues mentía irremediablemente y muy inconscientemente cuando se quedaba encerrada en su habitación y soñaba ser princesa. Mimi salía a la calle con su amiga Laura, otra princesa no realizada, y desarrollaba entonces sus habilidades lingüísticas, pues no paraba de hablar con ella de cuán prometedor el futuro podría serles. Así que Mimi y Laura una noche de sábado decidieron no esperar más al futuro, que no aparecía, y decidieron buscarlo. El futuro vino vestido de dos pantalones de pinzas y un polo de los del cocodrilo, junto con un cinturón con los colores de la bandera de España. Conocieron a dos señoritos de Linares, su pueblo, que las agasajaron con falsas promesas de princesas que nunca llegaron, como el futuro,  y lo único que de ellos quedó fue el germen de hijos futuros.
Los tristes padres de Laura y Mimi expulsaron a las vergüenzas de casa a menos que abortaran en una clínica de ésas que se aprovechan de las leyes de Gallardón y amigos S.A. Pero Mimi, que nunca había sido niña, se sentía preparada para ser madre, así que se cogió una mochila con apenas unas bragas, unos vaqueros y alguna falda que conservaba desde que dio el estirón. Mimi todavía soñaba con que alguien la ayudaría a cuidar su embarazo, su vida y tabla del nueve, pero nueve intentos de trabajo multiplicados por cero experiencia resultaron en un no tengo nada que meterme en la boca, y un reconfortante por qué siempre soy yo la de la mala suerte, que provocó que su futuro hijo muriera en sus entrañas, como las zarigüeyas, que dicen que se hacen las muertas ante el peligro, pero en realidad son víctimas de su propio cerebro, paralizado y apagado por el miedo.
Sin hijo y sin padres, se metió en un burdel móvil, que se desplazaba de domicilio para despistar a la policía, y allí Mimi aprendió a multiplicar por nueve cuando su chulo la vendía por 9.99 la hora. La huella de su hijo no nacido fueron unas tetas inmensas y una cadera despampanante que nunca hasta entonces había poseído. Y allí se hizo princesa, burlando los bofetones del chulo, y aprendiendo a halagar con la lengua para que el hijo de puta aquel no se quedara con todo su dinero. A medida que aprendió a volar sola se le suavizaron las orejas entre sus rizos, y la nariz le crecía de tanto mentir. Un buen día cogió el teléfono y marcó el número de sus tristes padres, y después de mucho llanto y abrazos telefónicos, les contó que había conocido a un hombre muy especial, que le sobraba el dinero, y que por eso ella aprovechó para estudiar enfermería, que la señorita Catalina estaba muy confundida, que lo suyo no eran los fogones sino las inyecciones, y su madre por fin pronunció orgullosa y con gesto sonriente, su verdadero nombre María de los Ángeles, y salió corriendo al banco de la esquina donde la señorita Catalina, enferma de alzhéimer, hablaba con las palomas, y la madre de Mimi le contó que su hija se había hecho  enfermera, y que trabajaba en un gran hospital. La señorita Catalina miró sus manos para buscar garbanzos, y al no encontrar ninguno asintió con lentitud y masculló: un gran muchacho su hijo, sí.
Las mentiras de Mimi eran un arma de doble filo. Le producían aumento del tamaño de su napia, pero tenían algo de mágico: se hacían realidad. Por eso apareció un americano entrado en años pero espectacular. Se llamaba Michael y la sacó de la prostitución. La metió en su casa, y como en sus mayores sueños, nunca le hizo el amor, por mucho que ella lo deseara después. La princesa Mimi consiguió un hogar, un hijo de mentira que llevaba el mismo nombre que su futuro marido, y una cocina con televisión para no perderse ni un programa matutino.
Después llegaron otras personas a la habitación de Michael, la cocina. Apareció su antigua esposa, Mary O'Donson, madre de quien sólo era su hijo de mentira. Mimi siguió siendo la dueña de la casa porque nunca la echaron de la cocina, ni nunca dejó de tener los tequieros de Michael, pero notaba que había demasiada gente en su habitación. Por si fuera poco, tenía Michael dos vecinos muy especiales, de nombre Jaime y Ana. El hombre se dormía por las esquinas, y la mujer, postrada en una silla de ruedas e inmóvil de pies a cabeza, sólo parecía estar tranquila en presencia del príncipe Michael, porque si la sacaban de la cocina empezaba a gemir y a llorar por la vagina, por lo que sería inhumano negarle a una mujer la estancia en la cocina, la habitación de Michael. Pero Mimi seguía asfixiándose entre la multitud de la cocina. Su padre la llamó un día, y después de preguntarle por sus inyecciones en el hospital, le contó que su madre estaba muy rara, que últimamente se sentaba en el banco con la señorita Catalina, y que olvidaba hasta ser triste, que quizás debiera pasarse por Linares, después de tanto tiempo.
Cansada de lostequieros vacíos de Michael, y de las humillaciones de Mary, que le decía en voz baja que aquella no era su familia, recordó por fin que nueve por cero es cero, y se cogió una mochila con unas cuantas bragas y unos vaqueros. No necesitaría más para volver a los fogones de Linares, que su padre el triste la había llamado para sustituir su santa esposa por su santa María de los Ángeles, que él no sabía ni freírse un huevo, ni sabía reír ni se sabía la tabla del nueve.
Mimi se fue en silencio, tan en silencio como se pronuncia su nombre. Se había olvidado de que sus mentiras podían hacerse realidad. La noche anterior Michael le preguntó por Mary, y ella, llena de rabia y dolor, le mintió en broma y le dijo, se ha caído por las escaleras y se ha muerto la muy zorra.
Mimi se sentó en los labios con íes del banco de la estación. Quedaban diez minutos para que saliera el autobús a Linares. Tumbó sus ojos en el suelo formando emes y preguntándose por qué siempre era ella la de la mala suerte.
 http://javierbarbagarzon.blogspot.com.es/2013/04/prisoners-carlos-jean-ydj-nano-feat.html


Una voz de mujer la sacó de sus recuerdos mimietéreos y le preguntó: ¿Es usted María los Ángeles García Baños? Mimi contestó asustada: mmmm-í. Tendrá usted que acompañarme. María de los Ángeles no regresó a Linares nunca más. Apareció como imputada en el homicidio de Mary O'Donson que murió por un golpe en la cabeza y rodando por las escaleras la misma mañana en la que Mimi regresaba a su ciudad natal. Nunca pudo demostrarse su culpabilidad. Ni tampoco su inocencia. Todo el mundo en Linares supo que fue prostituta. Los padres de ella salieron por la tele con las caras de tristeza, mascullando emes e íes de tristeza, renunciando a la hija torpe y poca cosa que siempre les había engañado. Y Mimi se quedó escondida en un rincón de una habitación pequeña, con la ventana cerrada, mememomanmo mus muemos me mrinmema, con garbanzos en las manos para sumar la gente que sobraba en su habitación, y nunca olvidando que nueve por cero es cero.

                         






0 comments:

Post a Comment

ban nha mat pho ha noi bán nhà mặt phố hà nội