Thursday, August 29, 2013

ES DE NOCHE

Es de noche. Ana recuerda la madrugada del 11 de marzo de 2004 con tanta exactitud que se ve sentada en el vagón que la condujo a la inmovilidad. Estaba a punto de encontrarse con Luis-30, que ya tenía nombre y se llamaba Michael, y el destino se lo regaló tarde. De repente sólo recuerda un estruendo que hace saltar a la gente de los asientos y los amontona en las vías del tren. Ana se queda despierta mientras duerme, y desde el cristal herido tan sólo ve unas luces rojas que rezan a-h-c-o-t-a. El mundo se le ha puesto del revés.
                                   
Es de noche. Después de hacer el amor, María se ha hecho la dormida  y Carlos ha aprovechado para dar rienda suelta a su última y secreta afición: pasarse las horas muertas en la bañera. A María le entra por la boca la calidez del agua achocolatada. Sale de la cama en bragas y cierra la puerta del baño para no quebrar la intimidad de Carlos y para que Carlos no interrumpa la suya. Vergüenza. Abre el cajón de la mesa del ordenador y saca un cuadernito amarillo donde Carlos guarda sus contraseñas. Lo que se niega a entrar en la memoria de Carlos queda escrito en el cuaderno amarillo. Pin del móvil, pin del otro móvil, contraseña de Facebook, contraseña de Twitter, pin de la tarjeta de crédito bajo el disfraz de teléfono de Vanesa. Este chico es tonto: si entrara un ladrón, un número de teléfono de cuatro números sería más que sospechoso. Aquí está. Documentos sobre Medina. La biografía del torero que la editorial les había encomendado por separado. Aquella batalla la ganaría ella. Si conseguía entrar al documento de Carlos se lo borraría todo. María ha perdido su ética y lo sabe, pero no puede ni quiere luchar contra su maldad. Descubre entonces que el documento está compartido en el ordenador de Michael y no en el de él mismo. Carlos no confía en ella. Terrible descubrimiento. Se le ha caído una lágrima del ojo izquierdo con forma de 6564. Es el número de acceso a los documentos que Carlos guarda en el ordenador de Michael. Y ha de acceder a ellos como sea. María y su lágrima retornan en bragas a la cama. Sobre su mejilla derecha unas cuantas lágrimas más dibujan un jeroglífico que descifra un tienes-lo-que-has-sembrado. Sobre su mejilla izquierda se percibe un pestañeo propio de un altísimo estado REM que descifra unas terminaciones nerviosas que recuerdan una y otra vez seis cinco seis cuatro seis cinco seis cuatro, como coches descontrolados y sin freno, que van chocando el uno contra el otro en una señal de nonstop, como fichas de dominó que no caen en cadena, en carreteras rotas de miedo que María pretende saltar para cruzar desde el arcén de la mediocridad al del prestigio.
 
                                   

 Es de noche. Estoy cansado de corazones que se desvanecen con el orgasmo. De repente me has hecho toc-toc en mi espalda y raudo me he girado a mirar quién me ha llamado. Eres tú. Nos encontramos en el fin del mundo y todo ha vuelto a empezar. Tu boca tiene forma de u, y tus ojos color miedo no te vayas. El mundo que vuelve a empezar llora inquieto como un niño atormentado. Te beso y el mundo lo agradece con silencio de cuna. Te cojo de los brazos y nuestros huesos riman de forma alejandrina. Tu sonrisa de u se torna risa en lumbre, y mis ojos luciérnagas que me muestran el mundo en hora d.t. Después de ti. Te desnudo lo que queda de mí y tus ojos asombrados te reconocen para lo que me queda de vida. Nazco en tu pecho y no muero en tu ahogado orgasmo. Aúllas mientras te paro y te escondes entre mis piernas. Es de noche pero a quién le importa si acaba de amanecer. No me dices tu nombre pero lloro sobre él para intentar que crezca. Te destejas en mi ombligo revolviendo tus piernas en las mías para hervirnos, servirnos y comernos. Es fácil desnudarse el cuerpo pero increíble desnudarnos la mente con miradas transformadas en manos hábiles. Has entrado en mi cuarto a lavarme la luna. El mundo aplaude al compás de mis piernas que te aprietan. Tus ojos color creencia me tirotean con besos y yazco en el suelo muerto de vida. No hay diplomacia y te hundes debajo de mí que me he incorporado en tu sexo que grita que arde que vive y saluda a esta noche que es de día y a este mundo que ha callado para nacer derecho. Es de noche. A quién le importa si tú y yo nos hemos parido. Por fin. Voy llenando tu vacío con toda mi exageración y me devoras el cielo para que sólo te vea a ti. Tu u busca mi o y ciego te respondo en diptongo que quiero ser tu favorito. Somos pecado desterrado del secreto y me manchas el mundo que aplaude y nos mira en forma de luna lavada por ti, en mi cuarto, en mi boca en o, y en mi espalda puerta que has abierto toc-toc. Se engranan caderas y me comes bebes tomas brindas chin chin. O soy yo, qué más da si es de día o es de noche. Nunca la inteligencia se sintió tan cercana a la irracionalidad. Te las comes ambas y en tu aliento leo que te quedas conmigo. Se desvanece el sexo pero me quedan tus manos para volver a empezar, que es de noche, y estás aquí. Éxtasis.


Cuarto sencillo destacado del disco Tanto de Pablo Alborán.


 

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