IN THE MIDDLE OF THE NIGHT
EN MITAD DE LA NOCHE
WHEN THE ANGELS SCREAM
CUANDO LOS ÁNGELES GRITAN
I DON'T WANNA LIVE A LIE THAT I BELIEVE
NO QUIERO VIVIR UNA MENTIRA QUE ME CREA
TIME TO DO OR DIE
ES EL MOMENTO DECISIVO
I WILL NEVER FORGET THE MOMENT
NUNCA OLVIDARÉ EL MOMENTO
THE MOMENT, THE MOMENT
EL MOMENTO, EL MOMENTO
...
AND THE STORY GOES OH-OH
Y LA HISTORIA DICE OH-OH
THAT'S HOW THE STORY GOES
ASÍ ES COMO DICE LA HISTORIA
YOU AND I WILL NEVER DIE
TÚ Y YO NUNCA MORIREMOS
IT'S A DARK EMBRACE
ES UN OSCURO ABRAZO
IN THE BEGINNING WAS THE LIFE OF A DAWNING AGE
AL PRINCIPIO ERA LA VIDA DE UNA ERA DE AMANECER
TIME TO BE ALIVE
HORA DE ESTAR VIVO
I WILL NEVER FORGET THE MOMENT...
I WILL NEVER FORGET THIS NIGHT WE SING
NUNCA OLVIDARÉ ESTA NOCHE EN QUE CANTAMOS
THAT'S HOW THE STORY GOES
ASÍ ES COMO DICE LA HISTORIA
FATE IS COMING, THAT I KNOW
VIENE EL DESTINO, LO SÉ
TIME IS RUNNING, GOT TO GO
EL TIEMPO CORRE, ME TENGO QUE IR
LET IT GO
DÉJALO IR
HEAR THEM NOW
ESCÚCHALOS AHORA
UNDER THE BANNER OF HEAVEN
BAJO LA BANDERA DEL CIELO
WE DREAM OUT LOUD
SOÑAMOS EN VOZ ALTA
UP IN THE AIR
EN MITAD DE LA NOCHE
WHEN THE ANGELS SCREAM
CUANDO LOS ÁNGELES GRITAN
I DON'T WANNA LIVE A LIE THAT I BELIEVE
NO QUIERO VIVIR UNA MENTIRA QUE ME CREA
TIME TO DO OR DIE
ES EL MOMENTO DECISIVO
I WILL NEVER FORGET THE MOMENT
NUNCA OLVIDARÉ EL MOMENTO
THE MOMENT, THE MOMENT
EL MOMENTO, EL MOMENTO
...
AND THE STORY GOES OH-OH
Y LA HISTORIA DICE OH-OH
THAT'S HOW THE STORY GOES
ASÍ ES COMO DICE LA HISTORIA
YOU AND I WILL NEVER DIE
TÚ Y YO NUNCA MORIREMOS
IT'S A DARK EMBRACE
ES UN OSCURO ABRAZO
IN THE BEGINNING WAS THE LIFE OF A DAWNING AGE
AL PRINCIPIO ERA LA VIDA DE UNA ERA DE AMANECER
TIME TO BE ALIVE
HORA DE ESTAR VIVO
I WILL NEVER FORGET THE MOMENT...
I WILL NEVER FORGET THIS NIGHT WE SING
NUNCA OLVIDARÉ ESTA NOCHE EN QUE CANTAMOS
THAT'S HOW THE STORY GOES
ASÍ ES COMO DICE LA HISTORIA
FATE IS COMING, THAT I KNOW
VIENE EL DESTINO, LO SÉ
TIME IS RUNNING, GOT TO GO
EL TIEMPO CORRE, ME TENGO QUE IR
LET IT GO
DÉJALO IR
HEAR THEM NOW
ESCÚCHALOS AHORA
UNDER THE BANNER OF HEAVEN
BAJO LA BANDERA DEL CIELO
WE DREAM OUT LOUD
SOÑAMOS EN VOZ ALTA
Ésa es la letra de la canción Do or die del grupo Thirty Seconds To Mars. Aunque al principio del videoclip se anuncia que el vídeo no es recomendable para mentes sensibles o epilépticas, no debes preocuparte. Tan sólo se trata de otra metacanción, homenaje al encuentro de los fans del grupo, que se encuentran finalmente y cuentan como la música (quizás la de ellos) les cambió la vida a todos dándoles la suficiente energía para seguir adelante.
¿Te apetece entenderlos?
Chico del principio: Cada vez que escucho esta canción, pienso en mi padre, sí, un infarto. Siento que ahora me falta algo, y ahora vivo asustado. Cuando vi lo rápido que se había ido, fue algo como (gesto con los dedos para indicar que fue visto y no visto). Mi sueño es tener una buena vida. Si mi vida es como la de él, entonces mi sueño se hace realidad.
Son de Los Ángeles, Londres, Alemania, Polonia, Rusia, España, Italia, Francia, Bélgica, Noruega.
- Si no tuviera mi música, ni siquiera estaría viva.
- La música es mi fuerte, es mi adicción, necesito de la música.
- Es la vida.
- Mis padres tuvieron que dejarlo todo. Perdieron sus trabajos. Mi madre tuvo cáncer y ha sido horrible.
- A veces no te queda nada excepto tu sueño.
- Sin fe, sin creencias, no somos nadie.
- Exprímelo todo al máximo, porque mañana...
- La voluntad podría ser totalmente diferente.
-Creo en la música. Lo es todo para mí.
- Todos tienen sueños, ven cosas, viajan por el mundo...
- Los sueños son algo a lo que te aferras.
- Es duro, pero das un paso y te haces más fuerte. Lo único que no se va nunca es la música.
- Y es tan simple como encenderla y te olvidas de todo lo que ocurre en tu vida.
- Jared, Tomo y Shanno son mis héroes, y sin ellos no sé dónde estaría.
Así que los fans de este grupo se llaman Echelon, y parecen algo así como un grupo muy identificado que necesitan de los líderes para vivir (horrorrrrrrr)
- Recorremos el mundo y somos familia ahora.
- Me perdí muchos años de ser Echelon.
- Y éste es único grupo de aficionados agradables que he conocido en mi vida. (en serio??? no me lo puedo creer, ¿en qué sectas, quiero decir, en qué grupos has estado antes????)
- Perseguir tus sueños es lo que realmente tienes que hacer en tu vida.
- Es un fragmento muy importante para mí.
- La música es la cosa más importante en mi vida.
- Me hace más grande, más fuerte.
- Me hace feliz.
Se les ha escurrido el bote de la megalomanía ¿no crees?. Le han puesto demasiada música a la vida. Nada es imprescindible excepto tú mismo y el sentido que le quieras dar a tu vida. Es cierto lo de aferrarse uno a lo más mínimo, pero cógete varios palos a los que amarrarte y no veas un único horizonte, porque cuando uno te falle, tendrás que tener muchos otros. El mensaje entonces, el del vídeo, el de la canción no, me parece negativo, y los adolescentes que salen en el vídeo me parecen cromos repetidos de esta generación Twitter que busca ahogar sus soledades en momentos trascendentales. Suspenso entonces en megalomanía, en autohomenaje, y en ego. Matrícula en Educación Física, por tardar sólo 30 segundos en llegar a Marte, qué malo soy haciendo chistes, uff, acabo de metabloguearme, y aprobado en canción sin vídeo. ¿Por qué los hago candidatos entonces a mejor canción de 2013?
1- Porque tenía ganas de hablar de ellos por esta canción de 2006:
THE KILL (BURY ME)
2- Y por ésta: 1- Porque tenía ganas de hablar de ellos por esta canción de 2006:
THE KILL (BURY ME)
UP IN THE AIR
Up in the air pertenece al mismo álbum que Do or Die (Love, Lust, Faith and Dreams) y fue la canción que acompañó el lanzamiento del SpaceX CRS-2 a la estación espacial internacional.
3- Y porque el chico del pelo largo, el más vulnerable de todos, me inspira ternura, y aunque yo le diría no a su momento de Do or Die, que cuantos menos momentos de Do or Die haya mejor, me he acordado del destino y de cómo la casualidad te lleva a un tipo de vida u otro, de cómo el escoger pasar una noche en este bar y no en el que está al lado, te llevó a conocer a esa persona que te cambió la vida, quién te hizo matricularte en el último momento en aquella asignatura y no en la otra, para compartir asiento con la chica del piercing, y no con el chico al que le huelen los pies. De por qué te engendraste aquel día, aquel segundo, y no el día anterior que no habrías sido tú, sino otro ser. Y yo, qué.
Porque sueño con haberte conocido antes. Sueño que tu mamá te trajo a España en sus viajes, y recorro el tiempo. Nos vemos en la calle y me miras, eres tú. Viajo hasta tu facultad y se te caen los libros al suelo de tanto amor. Recorro tu adolescencia y te encuentro en el miedo y los porqués. Te ofrezco mi mano para sacarte de ellos y comprender. Me presentas a Kylie Minogue, yo a Brandon Flowers y te quedas conmigo hasta que en unos años, nos hayamos visto por primera vez. El destino. Ahora es nuestro.
CÓRDOBA (ESPAÑA), AÑO 2003.
El chico que entra en el bar mira hacia todos los lados, como mostrándole al público que está allí buscando a alguien, y que si no la encuentra, se va. Lleva una mochila en sus espaldas, y en sus tres manos El Gran Gatsby. No va a leerlo, ya se lo sabe casi de memoria, pero llevarlo en las manos acrecentará la imagen de excelente estudiante que se ha forjado ante la profesora con la que ha quedado en el bar. El buen estudiante lleva gafas prevenidas del caos por una cuerda gruesa y roja que las sujeta. Sus orejas grandes las tapa un cabello castaño y desordenado; su nariz aquilina desentona en unos rasgos gruesos, y sus dientecillos juegan a salir por entre los labios a medida que sus pupilas se esfuerzan por encontrar la profesora en el bar. No se ha afeitado en varios días, pues el tocho de literatura americana en su mesa de trabajo ha relegado la cuchilla al olvido. Por fin adivina que la mano que se alza entre la multitud es la de la profesora que llevará su tesis, y es la primera vez que se ven en persona. Son las doce, y habían quedado a esa hora. Se llama puntualidad inglesa, pero ella lo ha esperado desde antes sorbiendo rebujito de desayuno.
La profesora de pelo cano andaba sedienta de uva después de recorrerse, otra vez, la judería. Ha andado por la sombra las calles empedradas, y se ha descalzado para sentirse hija de la muralla árabe y de la sinagoga. Le ha comprado a una gitana una camiseta que reza derrocha tolerancia. Le ha mentido a la gitana sobre su procedencia y le ha dicho que es alemana, la muy americana. Ha besado mentalmente los arriates, las macetas ingrávidas de la pared y los árboles frutales que jalonan las callejuelas. Las calles angostas y los exiguos ensanches la han embriagado de pasado y de repente se ha visto mora vestida de azul pretendida por un judío que ansía regarle las macetas. Ha entrado en un zaguán a pedir agua de botijo porque el sol le ha secado la lengua y la imaginación. Averroes le ha pasado el botijo y Maimónedes le ha ofrecido un pañuelo para secarse la barbilla. Se ha pellizcado el brazo. Al parecer, no estaba soñando.
- ¿Qué tal Carlos? ¿Va todo bien?
- Bueno, no anda mal- respondió el estudiante, que no era muy dado a describir con optimismo los estados de ánimo.
Carlos percibe entonces la presencia de una pareja en la mesa que está a su vera. Ella mira el móvil abstraída. Él se despereza y lanza caladas de su cigarrillo en forma de caña de pescar, interesado por conseguir pistas de una conversación ajena. Es el destino. Carlos no conoce a Jaime en ese momento, ni sabe dónde acabarán sus vidas el ocho de abril de 2013. Pero ahí están. Es la primera vez que Jaime le cae mal, y aún no lo conoce.
- ¿Scott Fitzgerald? Este hombre debió de amar la vida muchísimo. Creo que nunca se habría suicidado.- sentenció la profesora para romper el hielo académico.
- No, no...- respondió Carlos con timidez, que de repente se vio atrapado en el examen oral de su propia tesis doctoral: el suicidio de Sylvia Plath. La ineficacia del arte como terapia.
- Me gusta comparar circunstancias, Carlos, era sólo una forma de romper el hielo- continuó la profesora con aparente arrogancia, mientras le enseñaba al camarero su rebujito vacío.
- Desde luego Fitzgerald no pasó el invierno que pasó Plath en una maisonette londinense muerta de frío y esperando a que su marido le hiciera algún caso a sus hijos.
- No, desde luego que no. A Fitzgerald, Hollywood lo estaba haciendo de oro.
- El camarero se acercó y trajo otro rebujito. ¿Usted quiere algo maestro?- preguntó el camarero a los dientes de Carlos.
- No, gracias.
- Ponle un refresco al muchacho, Juan.
- Bueno, ponme una fanta de limón.
- ¿Qué buscas entonces en El Gran Gatsby?
- ...
- Está bien. Pospondré la pregunta para el próximo encuentro.
- Ya le diré, ya le diré - dijo Carlos nervioso.- Cualquier cosa que escriba se la consultaré antes.
- Please, Carlos, llámame de tú.
- ...
- ¿Has terminado ya tu estudio sobre Ofelia?
- Sí, pero ¿no cree que debería separarla de Virginia Woolf? - preguntó Carlos con la retórica del que ya conoce la respuesta, pues Ofelia, producto de la imaginación de Shakespeare o del que escribiera por él, nada tenía que ver con Virginia Woolf, que fue una persona de carne y hueso, que se suicidó al igual que Sylvia Plath, igual que tantos otros artistas a los que no se les puede aplicar la teoría freudiana de que el arte es una buena medida terapéutica. O como Carlos le explicaba a su madre para que le entendiera: según Freud dibujando, escribiendo o creando arte en general, uno se libera de la presión del subconsciente. Ahí en el coco - le decía - tenemos una especie de olla a presión que en cualquier momento va a reventar (la neurosis) y mediante el arte, ayudamos a que se libere tal presión. -Ahhhhh- contestaba Rocío como si se hubiera enterado de algo que se inflaba de egofilia gritando a los cuatro vientos lo listo que era su hijo, lo orgulloso que estaba de él y de la acertada posición de sus huevos grandes (ay, hijo qué huevos tan grandes y tan bien puestos tienes).
El camarero volvió a la escena con una bandeja en la que portaba el rebujito, la fanta de limón y un plato de aceitunas machacás. Los dejó caer sobre la mesa con el mismo aplomo con el que Carlos asomó sus dientes de conejo al plato, y sus ojos le dijeron a sus papilas gustativas que segregaran tanta saliva como pudieran, que se avecinaba una delicia. Malditos nervios.
- No seas tan sistemático Carlos. Creo en la memoria colectiva. Ofelia es tan real ahora como Virginia Woolf- dijo la profesora, con renovada arrogancia, pues había detectado que no tenía un pupilo, sino dos: Carlos, y el hombre que los miraba desde la otra mesa, que mecía a una niña en su silleta, y que se convidó a aquella clase informal sobre el suicidio y desvaríos varios.
- ¿Entonces no las separo? - preguntó Carlos enfadado al ver que la profesora, harta de vino, le cruzaba las piernas al hombre de al lado, sin importarle que su mujer estaba a su vera. Pero el hechizo de la vieja profesora sobre Jaime no fue más que dejarlo rem en la mesa, como si sus piernas abiertas supieran a manzana de bruja malvada. Así que la desairada profesora volvió a mirar a Carlos, que había aprovechado la confusión erótico-sonámbula para comerse todas las aceitunas.
- Pfffffff, it's up to you. (haz lo que quieras)
- ...
- Lo que sí que me gustaría que trataras es el tema del suicidio como una liberación, no como una huida. Afortunada o desgraciadamente, yo conozco un caso que me afectó.
- ...
-¿Te lo cuento?
- Sí, claro.
-Tengo un sobrino que ahora vive en España. Su mujer se ahogó en el mar, como Ofelia.
- Pe...
- Ya sé, ya sé que Ofelia se ahogó en el río. Qué más da. - la mirada de la profesora se desvió otra vez a la mesa de al lado, pues el hombre seguía durmiendo y la mujer compungida luchaba para que sus lágrimas sueltas no deshicieran el mosaico de maquillaje en su cara. - Lo cierto es que cada vez que le pregunto a mi sobrino por el suicidio de su mujer, siempre me queda más claro que su mujer se fue feliz, que se fue pensando que se iba a un sitio mejor. Que no se fue de aquí con pena.
- Perdón, pero Ofelia sí se fue con pena.
- Touchée. ¿Y qué me dices de Sylvia Plath?
- Igual.
- Yo no estaría tan segura.
- ¿Por qué se suicidó la mujer de su sobrino?
- Oh my god. El pobre está muy afectado porque todavía piensa que Jules, su mujer, se quitó la vida porque él se estaba acostando con la hermana de ella.
- Y usted piensa que no existe relación efecto-causa - afirmó Carlos en interrogación, imaginando la familia de la profesora en una mansión enorme con viñedos, tipo Falcon Crest.
- ¡Eso es! - exclamó la profesora, contenta por haberse hecho entender- Michael me cuenta que en los últimos días de su vida, su mujer, Jules, afirmaba tener dolor de olivo, que hablaba con las estrellas, y que incluso cuando él tonteaba con la hermana, ella los miraba complaciente. Y eso no es huida. Es liberación. - concluyó la vieja satisfecha de haber llevado a Carlos a la idea que ella sostenía.
- Tu sobrino lo que tiene es un morro que se lo pisa- pensó Carlos casi en voz alta, sin saber que hablaba del que pronto se convertiría en su gran mejor amigo.
- ¿Estás de acuerdo?
- ... - asintió Carlos.
- Pobre Jules y pobre Michael, mi sobrino. En este caso, eso de el muerto al ... y el vivo al...
- El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
- ¡Eso! Eso no aplica en este caso. Ella se metió en el agua tan feliz; se dejó el vestido de novia en la orilla, se metió piedras en la faja y en las bragas, y se ahogó tan feliz como Virginia Woolf. Pero ellos... menuda tragedia. La hermana, Mary, estaba embaraza, y los padres, unos irlandeses ultracatólicos que se habían enriquecido en Albany, los obligaron a tener al niño, y poco después de que murieran en un accidente de tráfico, Mary renunció a la custodia del niño y mi sobrino se vino a España con el crío. Ya está hecho un hombrecito.
- ¿Y tiene contacto con su sobrino?
- Sí, claro. ¿Quién te crees que paga sus excesos?
- Ah.
- Ahora está en el psicólogo. Hace poco llamó a una bruja porque dice que tiene un ... spell.
- Mal de ojo.
- Sí. ¿Conoces la Tierra Baldía? ¿Tiresias?
- ¿Habla de literatura clásica o de Eliot?
- ¿Conoces la historia del rey pescador, castigado a la esterilidad de su reino por matar dos serpientes mientras hacían el amor?
- ...
- Pues él se siente un Tiresias. Su mujer murió mientras él hacía el amor con su hermana. Y desde entonces cree que le ha caído un maleficio, que nunca más podrá hacer el amor.
- ...
- Y no folla - soltó la vieja a carcajadas, con el rebujito en pleno esplendor en sus venas.
- ...
- Y eso es todo. Firma aquí para que conste que has asistido a mi clase de literatura norteamericana.
- ¿Qué pasó con la hermana?
- ¿Con Mary? Se quedó en Estados Unidos. Es una snob. Viene muy de vez en cuando a ver a su hijo, pero la profesión de madre no le sienta bien.
- Ah.
- Ya puedes irte Carlos.
- Está bien.
Carlos se levantó de la silla como un perro al que patean, expulsado por la profesora cruel y neurótica de aquella clase tan particular. Se dio la vuelta y miró de reojo al hombre que dormía perezoso y no se despidió del camarero que lo esperaba atento a su saludo final. Una vez hubo abandonado el bar, recordó que ni siquiera había pagado su parte de consumición, pero se defendió de sí mismo con un bah, que lo pague ella, que es una borracha, vaya atino he tenido con la tesis, tendría que haber apostado por el profesor Jiménez que es más formal que esta tía.
La profesora se despidió del camarero con un billete de veinte euros y se acercó a la niña del cochecito para decirle guaaaaapa tres veces, una por ella, otra por su padre, y otra por su madre. La mujer se sacó un velo del bolsillo y se lo colocó como buenamente el alcohol la dejó. Y desapareció. Desapareció de esta historia pero no pude renunciar a hablar de ella, porque como dijo Clarice Lispector: un tapiz consta de tantos hilos que no puedo resignarme a contar uno solo; mi enredo proviene de que una historia está hecha de muchas historias. Y no todas puedo contarlas.
En la retina de Jaime y Ana quedó clavada para siempre la imagen de aquella adolescente sesentona que hablaba con acento americano y ebrio.
Carlos también la recordaría eternamente, pues gracias a ella fue laureado por su tesis doctoral que finalmente tituló Desvaríos en torno a Sylvia Plath. La profesora además cambió totalmente la vida de Carlos y la de su familia, pues le vendió a precio de ganga un apartamento en la calle Cuesta de un pueblecito de la costa tropical de cuyo nombre nadie quiere acordarse. La profesora le propuso cambiar su expediente a la universidad de Granada, y así conoció a María, el amor de su vida. El destino. El azar. Se conocieron en un curso sobre cómo escribir bien y no morir en el intento, el eterno dilema entre el caos y el orden, la apasionante inspiración o la pura construcción arquitectónica de la novela. Henry James o Keouac. María o él mismo. María representaba el autocontrol y él la pasión que se desborda, o al menos ésa es su impresión. Lo cierto es que Carlos le preguntó a María si quería salir con él, y ella le respondió sí, por qué no.
Unos minutos después, del bar sale una familia aturdida. Son Jaime, Ana y la recién nacida Carmen. Jaime está convenciendo a Ana de que no le pasa nada, que quizás el calor lo tiene aturdido, quizás por eso se duerme. Y Jaime le propone a Ana abandonar Madrid para mudarse al Mediterráneo. El destino.
Y hablando de Córdoba, y de Medina Azahara, os presento una canción que creo haber escuchado estando yo en el vientre de mi madre, pero he de investigar a ver si es cierto.
No. No puede ser. La versionaron en 1992 y yo ya estaba más que mayor. Seguiré investigando. Así que aquí acaba esta entrada larga y tediosa (ups, otra vez metablogueándome) en la que no ocurre nada. La vida. ¿Te parece poco?
Y acompañarte incluso desde que fueras feto, para ayudarte a absorber la sangre de nuestra madre y besar tu metamorfosis. Decirte que estoy aquí contigo aunque no me oigas, y en el parto mostrarte la luz para que en nuestros ojos sepamos que nunca nos separaremos aunque aún no nos hayamos conocido. Comerme tu sangre a besos y lamerte la placenta para hechizarme de tus despojos, de tu vida y tu futuro.
El chico que entra en el bar mira hacia todos los lados, como mostrándole al público que está allí buscando a alguien, y que si no la encuentra, se va. Lleva una mochila en sus espaldas, y en sus tres manos El Gran Gatsby. No va a leerlo, ya se lo sabe casi de memoria, pero llevarlo en las manos acrecentará la imagen de excelente estudiante que se ha forjado ante la profesora con la que ha quedado en el bar. El buen estudiante lleva gafas prevenidas del caos por una cuerda gruesa y roja que las sujeta. Sus orejas grandes las tapa un cabello castaño y desordenado; su nariz aquilina desentona en unos rasgos gruesos, y sus dientecillos juegan a salir por entre los labios a medida que sus pupilas se esfuerzan por encontrar la profesora en el bar. No se ha afeitado en varios días, pues el tocho de literatura americana en su mesa de trabajo ha relegado la cuchilla al olvido. Por fin adivina que la mano que se alza entre la multitud es la de la profesora que llevará su tesis, y es la primera vez que se ven en persona. Son las doce, y habían quedado a esa hora. Se llama puntualidad inglesa, pero ella lo ha esperado desde antes sorbiendo rebujito de desayuno.
La profesora de pelo cano andaba sedienta de uva después de recorrerse, otra vez, la judería. Ha andado por la sombra las calles empedradas, y se ha descalzado para sentirse hija de la muralla árabe y de la sinagoga. Le ha comprado a una gitana una camiseta que reza derrocha tolerancia. Le ha mentido a la gitana sobre su procedencia y le ha dicho que es alemana, la muy americana. Ha besado mentalmente los arriates, las macetas ingrávidas de la pared y los árboles frutales que jalonan las callejuelas. Las calles angostas y los exiguos ensanches la han embriagado de pasado y de repente se ha visto mora vestida de azul pretendida por un judío que ansía regarle las macetas. Ha entrado en un zaguán a pedir agua de botijo porque el sol le ha secado la lengua y la imaginación. Averroes le ha pasado el botijo y Maimónedes le ha ofrecido un pañuelo para secarse la barbilla. Se ha pellizcado el brazo. Al parecer, no estaba soñando.
- ¿Qué tal Carlos? ¿Va todo bien?
- Bueno, no anda mal- respondió el estudiante, que no era muy dado a describir con optimismo los estados de ánimo.
Carlos percibe entonces la presencia de una pareja en la mesa que está a su vera. Ella mira el móvil abstraída. Él se despereza y lanza caladas de su cigarrillo en forma de caña de pescar, interesado por conseguir pistas de una conversación ajena. Es el destino. Carlos no conoce a Jaime en ese momento, ni sabe dónde acabarán sus vidas el ocho de abril de 2013. Pero ahí están. Es la primera vez que Jaime le cae mal, y aún no lo conoce.
- ¿Scott Fitzgerald? Este hombre debió de amar la vida muchísimo. Creo que nunca se habría suicidado.- sentenció la profesora para romper el hielo académico.
- No, no...- respondió Carlos con timidez, que de repente se vio atrapado en el examen oral de su propia tesis doctoral: el suicidio de Sylvia Plath. La ineficacia del arte como terapia.
- Me gusta comparar circunstancias, Carlos, era sólo una forma de romper el hielo- continuó la profesora con aparente arrogancia, mientras le enseñaba al camarero su rebujito vacío.
- Desde luego Fitzgerald no pasó el invierno que pasó Plath en una maisonette londinense muerta de frío y esperando a que su marido le hiciera algún caso a sus hijos.
- No, desde luego que no. A Fitzgerald, Hollywood lo estaba haciendo de oro.
- El camarero se acercó y trajo otro rebujito. ¿Usted quiere algo maestro?- preguntó el camarero a los dientes de Carlos.
- No, gracias.
- Ponle un refresco al muchacho, Juan.
- Bueno, ponme una fanta de limón.
- ¿Qué buscas entonces en El Gran Gatsby?
- ...
- Está bien. Pospondré la pregunta para el próximo encuentro.
- Ya le diré, ya le diré - dijo Carlos nervioso.- Cualquier cosa que escriba se la consultaré antes.
- Please, Carlos, llámame de tú.
- ...
- ¿Has terminado ya tu estudio sobre Ofelia?
- Sí, pero ¿no cree que debería separarla de Virginia Woolf? - preguntó Carlos con la retórica del que ya conoce la respuesta, pues Ofelia, producto de la imaginación de Shakespeare o del que escribiera por él, nada tenía que ver con Virginia Woolf, que fue una persona de carne y hueso, que se suicidó al igual que Sylvia Plath, igual que tantos otros artistas a los que no se les puede aplicar la teoría freudiana de que el arte es una buena medida terapéutica. O como Carlos le explicaba a su madre para que le entendiera: según Freud dibujando, escribiendo o creando arte en general, uno se libera de la presión del subconsciente. Ahí en el coco - le decía - tenemos una especie de olla a presión que en cualquier momento va a reventar (la neurosis) y mediante el arte, ayudamos a que se libere tal presión. -Ahhhhh- contestaba Rocío como si se hubiera enterado de algo que se inflaba de egofilia gritando a los cuatro vientos lo listo que era su hijo, lo orgulloso que estaba de él y de la acertada posición de sus huevos grandes (ay, hijo qué huevos tan grandes y tan bien puestos tienes).
El camarero volvió a la escena con una bandeja en la que portaba el rebujito, la fanta de limón y un plato de aceitunas machacás. Los dejó caer sobre la mesa con el mismo aplomo con el que Carlos asomó sus dientes de conejo al plato, y sus ojos le dijeron a sus papilas gustativas que segregaran tanta saliva como pudieran, que se avecinaba una delicia. Malditos nervios.
- No seas tan sistemático Carlos. Creo en la memoria colectiva. Ofelia es tan real ahora como Virginia Woolf- dijo la profesora, con renovada arrogancia, pues había detectado que no tenía un pupilo, sino dos: Carlos, y el hombre que los miraba desde la otra mesa, que mecía a una niña en su silleta, y que se convidó a aquella clase informal sobre el suicidio y desvaríos varios.
- ¿Entonces no las separo? - preguntó Carlos enfadado al ver que la profesora, harta de vino, le cruzaba las piernas al hombre de al lado, sin importarle que su mujer estaba a su vera. Pero el hechizo de la vieja profesora sobre Jaime no fue más que dejarlo rem en la mesa, como si sus piernas abiertas supieran a manzana de bruja malvada. Así que la desairada profesora volvió a mirar a Carlos, que había aprovechado la confusión erótico-sonámbula para comerse todas las aceitunas.
- Pfffffff, it's up to you. (haz lo que quieras)
- ...
- Lo que sí que me gustaría que trataras es el tema del suicidio como una liberación, no como una huida. Afortunada o desgraciadamente, yo conozco un caso que me afectó.
- ...
-¿Te lo cuento?
- Sí, claro.
-Tengo un sobrino que ahora vive en España. Su mujer se ahogó en el mar, como Ofelia.
- Pe...
- Ya sé, ya sé que Ofelia se ahogó en el río. Qué más da. - la mirada de la profesora se desvió otra vez a la mesa de al lado, pues el hombre seguía durmiendo y la mujer compungida luchaba para que sus lágrimas sueltas no deshicieran el mosaico de maquillaje en su cara. - Lo cierto es que cada vez que le pregunto a mi sobrino por el suicidio de su mujer, siempre me queda más claro que su mujer se fue feliz, que se fue pensando que se iba a un sitio mejor. Que no se fue de aquí con pena.
- Perdón, pero Ofelia sí se fue con pena.
- Touchée. ¿Y qué me dices de Sylvia Plath?
- Igual.
- Yo no estaría tan segura.
- ¿Por qué se suicidó la mujer de su sobrino?
- Oh my god. El pobre está muy afectado porque todavía piensa que Jules, su mujer, se quitó la vida porque él se estaba acostando con la hermana de ella.
- Y usted piensa que no existe relación efecto-causa - afirmó Carlos en interrogación, imaginando la familia de la profesora en una mansión enorme con viñedos, tipo Falcon Crest.
- ¡Eso es! - exclamó la profesora, contenta por haberse hecho entender- Michael me cuenta que en los últimos días de su vida, su mujer, Jules, afirmaba tener dolor de olivo, que hablaba con las estrellas, y que incluso cuando él tonteaba con la hermana, ella los miraba complaciente. Y eso no es huida. Es liberación. - concluyó la vieja satisfecha de haber llevado a Carlos a la idea que ella sostenía.
- Tu sobrino lo que tiene es un morro que se lo pisa- pensó Carlos casi en voz alta, sin saber que hablaba del que pronto se convertiría en su gran mejor amigo.
- ¿Estás de acuerdo?
- ... - asintió Carlos.
- Pobre Jules y pobre Michael, mi sobrino. En este caso, eso de el muerto al ... y el vivo al...
- El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
- ¡Eso! Eso no aplica en este caso. Ella se metió en el agua tan feliz; se dejó el vestido de novia en la orilla, se metió piedras en la faja y en las bragas, y se ahogó tan feliz como Virginia Woolf. Pero ellos... menuda tragedia. La hermana, Mary, estaba embaraza, y los padres, unos irlandeses ultracatólicos que se habían enriquecido en Albany, los obligaron a tener al niño, y poco después de que murieran en un accidente de tráfico, Mary renunció a la custodia del niño y mi sobrino se vino a España con el crío. Ya está hecho un hombrecito.
- ¿Y tiene contacto con su sobrino?
- Sí, claro. ¿Quién te crees que paga sus excesos?
- Ah.
- Ahora está en el psicólogo. Hace poco llamó a una bruja porque dice que tiene un ... spell.
- Mal de ojo.
- Sí. ¿Conoces la Tierra Baldía? ¿Tiresias?
- ¿Habla de literatura clásica o de Eliot?
- ¿Conoces la historia del rey pescador, castigado a la esterilidad de su reino por matar dos serpientes mientras hacían el amor?
- ...
- Pues él se siente un Tiresias. Su mujer murió mientras él hacía el amor con su hermana. Y desde entonces cree que le ha caído un maleficio, que nunca más podrá hacer el amor.
- ...
- Y no folla - soltó la vieja a carcajadas, con el rebujito en pleno esplendor en sus venas.
- ...
- Y eso es todo. Firma aquí para que conste que has asistido a mi clase de literatura norteamericana.
- ¿Qué pasó con la hermana?
- ¿Con Mary? Se quedó en Estados Unidos. Es una snob. Viene muy de vez en cuando a ver a su hijo, pero la profesión de madre no le sienta bien.
- Ah.
- Ya puedes irte Carlos.
- Está bien.
Carlos se levantó de la silla como un perro al que patean, expulsado por la profesora cruel y neurótica de aquella clase tan particular. Se dio la vuelta y miró de reojo al hombre que dormía perezoso y no se despidió del camarero que lo esperaba atento a su saludo final. Una vez hubo abandonado el bar, recordó que ni siquiera había pagado su parte de consumición, pero se defendió de sí mismo con un bah, que lo pague ella, que es una borracha, vaya atino he tenido con la tesis, tendría que haber apostado por el profesor Jiménez que es más formal que esta tía.
La profesora se despidió del camarero con un billete de veinte euros y se acercó a la niña del cochecito para decirle guaaaaapa tres veces, una por ella, otra por su padre, y otra por su madre. La mujer se sacó un velo del bolsillo y se lo colocó como buenamente el alcohol la dejó. Y desapareció. Desapareció de esta historia pero no pude renunciar a hablar de ella, porque como dijo Clarice Lispector: un tapiz consta de tantos hilos que no puedo resignarme a contar uno solo; mi enredo proviene de que una historia está hecha de muchas historias. Y no todas puedo contarlas.
En la retina de Jaime y Ana quedó clavada para siempre la imagen de aquella adolescente sesentona que hablaba con acento americano y ebrio.
Carlos también la recordaría eternamente, pues gracias a ella fue laureado por su tesis doctoral que finalmente tituló Desvaríos en torno a Sylvia Plath. La profesora además cambió totalmente la vida de Carlos y la de su familia, pues le vendió a precio de ganga un apartamento en la calle Cuesta de un pueblecito de la costa tropical de cuyo nombre nadie quiere acordarse. La profesora le propuso cambiar su expediente a la universidad de Granada, y así conoció a María, el amor de su vida. El destino. El azar. Se conocieron en un curso sobre cómo escribir bien y no morir en el intento, el eterno dilema entre el caos y el orden, la apasionante inspiración o la pura construcción arquitectónica de la novela. Henry James o Keouac. María o él mismo. María representaba el autocontrol y él la pasión que se desborda, o al menos ésa es su impresión. Lo cierto es que Carlos le preguntó a María si quería salir con él, y ella le respondió sí, por qué no.
Unos minutos después, del bar sale una familia aturdida. Son Jaime, Ana y la recién nacida Carmen. Jaime está convenciendo a Ana de que no le pasa nada, que quizás el calor lo tiene aturdido, quizás por eso se duerme. Y Jaime le propone a Ana abandonar Madrid para mudarse al Mediterráneo. El destino.
Y hablando de Córdoba, y de Medina Azahara, os presento una canción que creo haber escuchado estando yo en el vientre de mi madre, pero he de investigar a ver si es cierto.
No. No puede ser. La versionaron en 1992 y yo ya estaba más que mayor. Seguiré investigando. Así que aquí acaba esta entrada larga y tediosa (ups, otra vez metablogueándome) en la que no ocurre nada. La vida. ¿Te parece poco?
Y acompañarte incluso desde que fueras feto, para ayudarte a absorber la sangre de nuestra madre y besar tu metamorfosis. Decirte que estoy aquí contigo aunque no me oigas, y en el parto mostrarte la luz para que en nuestros ojos sepamos que nunca nos separaremos aunque aún no nos hayamos conocido. Comerme tu sangre a besos y lamerte la placenta para hechizarme de tus despojos, de tu vida y tu futuro.





0 comments:
Post a Comment