Ocho de abril de 2013. Eso es lo que dice el escritorio del ordenador. Michael se ha levantado dispuesto a no comerse el mundo, pero dispuesto a que éste no se lo coma a él. Tiene que llevar a los niños al instituto, como todas las mañanas. Pero hay días que no transcurren como uno espera. Hay días en que uno descubre que el sol debería haber sentido de verdad el pánico escénico de Vanessa y haberse quedado varado en el otro lado del planeta. En la mesita de noche, Michael descubre una carta de Mimi con varias faltas de ortografía, argumentos varios para explicar su me-voy, la promesa de que lo echará de menos, el eterno agradecimiento por esos años de vida tranquila, y ningún te-quiero. Ahora ya tiene dos opciones: puede llevar a los niños al instituto, o puede salir corriendo tras Mimi, que hasta las diez de la mañana no sale el primer autobús. Puedes hacerlo. Comprar un ramo de flores en la esquina y salir corriendo como Richard Gere en Oficial y Caballero, para entrar en la fábrica de Debra Winger sacar a Mimi de la estación de autobuses, y llevarla un rato en brazos, a su edad, ante la ovación de los pasajeros.
Joe Cocker, Up Where We Belong.
No ha tenido fuerzas este pobre rey pescador. Se ha encontrado con que Barto está enfermo y no va a ir a clase, así que Mike se ha apuntado al carro. Es lo que le faltaba escuchar a Michael, padre torturado, que Mike no quiere ir a clase así, como si nada. El rey se ha puesto intransigente y le ha dicho que ni hablar, qué te has creído, you've never uttered such stupid stuff, a qué viene esto. Mike se le ha acercado al oído aprovechando que Barto ha ido por la Play, y le ha envenenado la oreja con unos susurros de infierno: si te gusta así, bien, y si no me voy a California con mi querida Mummy. Cría cuervos. Así que el rey pescador se ha encerrado en el cuarto a recomponer el día, con la esperanza de que amaneciera de nuevo. Reset. Pero no. El día no se actualiza. Sale bloqueado del cuarto, y en un desesperado intento de escape, le grita a Mike que Mimi se ha ido de la casa, y no va a volver. El adolescente le responde al padre con un pantallazo tranquilo y directo: no te preocupes papi, no creo que tarde en volver. Michael cierra todas las ventanas, y en sus documentos advierte la presencia del único virus que le ha despertado del desierto en que vive. Ana lo mira desde su jardín. Jaime ha salido con la ropa de deporte. Probablemente vaya a correr. Es hora de recuperar lo que aquel accidente evitó. Así que Michael sale a la calle, deposita sus ojos en el interior de Ana, que lo mira con la carcajada de Mona Lisa, y él se agacha para poner sus labios a la altura de Ana, que se ríe a cada palabra de Michael: mi Flor, ¿cómo no nos íbamos a ver tú y yo? Cómo he sido tan estúpido de no reconocerte. Ahora entiendo tus chasquidos al salir de mi cocina, tu sonrisa clavada, tus ojos que no parpadean. Mi vida, viniste a verme, ¿sí? viniste a verme, y Michael llora en el regazo de Ana como en luto por el tiempo que murió, y que nunca más recuperarán. Levanta por un momento la cara, y Ana apenas suelta un hilillo de baba porque son tantas las cosas que quiere decirle y no puede, y Michael le besa las manos llenándolas de mocos, lágrimas y años perdidos. Se les ha cumplido la canción, y ese corazón que a raíz de tu partida se quedó gritando sólo pero a media voz, y Michael le pasa su cara mocosa por todos los vestidos impresionistas que Ana guarda antes de escuchar los silbidos de Jaime que algo ha debido de olvidar y ha decidido volverse. Michael entonces se tira al suelo tras recibir el golpe de la vergüenza, y como una serpiente, repta hacia los arbustos para que Jaime no lo vea, y deja allí a Ana, impresionada por los sueños que llegaron tarde. Las caricias a destiempo de Michael le han sacado el móvil de su vestido de Gauguin. Ana, que ha visto el móvil en el suelo, aprieta el botón de su silla de ruedas, sabiendo que pisará tan preciado tesoro, el que la ha mantenido unida a Michael durante tantos años. Acaba de elegir a Jaime, que la mete en casa para limpiarle las ingles que han llorado demasiado, y le pide a su esposa, que aguarde un momento, que cruza a la casa de Rocío a pedirle Adventan. No tardo nada mi vida. Es que ya sabes que en estas noches de primavera, la luna pesa demasiado.
No te olvides de mí, Diana Navarro.
Michael, rey pescador, de repente siente una tecla de su cerebro atascada, suprimir, delete, eliminar, suprimir, delete, eliminar, y decide acabar con la imperfecta vida de Mary O'Donson, si es que ninguna otra persona lo ha hecho antes. Impresión.
Sol naciente.
Unos metros más abajo, Toni le está leyendo a Monir el contrato sexual que están a punto de firmar. Varias condiciones para que tú y yo nos encontremos. No puedo verte fumar, ni cigarrillos, ni pipa. Saca tus dinares y tus recuerdos del bolsillo. Aquí en España no te sirven para nada. No quiero que nada me recuerde de dónde vienes. No puedo soportarte pero te deseo, o porque te deseo. Pero no te tomes esto a mal. Tampoco yo mismo me soporto. No quiero que me beses. No quiero tus labios que esconden dientes desnutridos. En mi vida he besado a un hombre. Puedes ponerte celo o esparadrapo en la boca, para evitar la tentación. Te pondrás condón. Y yo me pondré otro, aunque sólo sea para masturbarnos. Te quitarás la camiseta tan pronto nos encontremos. Tu pecho sí que me gusta, y no sólo me gusta, me encanta, y tus piernas tus muslos, la forma de tu culo, pero no tus pies. No. Tus pies no. Ni se te ocurra llegar en chanclas y chándal. Esa combinación me haría recordar el horror por el que estoy pasando. Nadie nos puede ver. Eso ya lo sabes. Carlos no va a salir de su habitación. María nunca entra en la habitación, y además ha quedado con Mary para subir a Granada. Mi madre se irá al puerto a conseguir pescado fresco. Estaremos solos, pero tenemos que tener cuidado. ¿Entendido Jean? - Entendido- Sonríe, Monir.
cri, cri, cri, cri, otra vez el grillo del ladrillo, cri, cri, cri,
María ha salido de la habitación de Carlos y lo ha dejado llenando la bañera. María recuerda lo torpe que fue al pedirle a Mary O'Donson que consiguiera los documentos que Carlos guardaba en el ordenador de Michael, y ahora se muere de la vergüenza cada vez que lo recuerda. Tanto, que imagina cómo podría esperar a Mary en su habitación. Le pego un golpe en la nuca y me marcho a Granada. Nadie sospecharía de mí. ¿Pero qué estás diciendo María? se pregunta María, otra vez dándose de bruces contra la luna del ascensor. Hazlo ya y vete de aquí. Sácate las oposiciones a bibliotecaria, o vete a un puto supermercado. Entérate de que tu vida sólo puede ser jodidamente normal. Hazlo y aléjate ya de aquí. El levante puede llegar a cansar.
cri, cri, cri, cri, cri, cri,
UN ÁNGEL SIN VIDA (IMPRESIÓN)
Hay gente que no piensa demasiado en su destino, ni siquiera dónde va a morir, ni con quién va a estar, ni cuál será la causa de su viaje, y probablemente fue esto lo que le ocurrió a Mary O'Donson. Porque, quién iba a decirle a ella, que moriría un ocho de abril, el mismo día que su hermana Jules, justo diecisiete años después, igual que ella, con el mar como testigo. Diecisiete años y un océano separaban ambos óbitos, diecisiete años y una historia de infertilidad. Quién le iba a decir que ella moriría junto al Mediterráneo, que nunca supo situarlo bien en el mapa, diecisiete años después de que su hermana muriera en el Pacífico.
El ocho de abril de 2013 había temporal de levante en el pueblo, como tantas otras mañanas hechas de caramelos de nata y anís. El reloj de pared marcaba la una del mediodía cuando el cuerpo inerte de Mary O'Donson fue encontrado junto a los jazmines de la Señora Rocío. Y Mary seguía siendo hermosa. De sus labios prominentes emanaba una hilera de sangre, como un manantial atrapado durante años y que en la consecución de su libertad sale en desbandada, ordenado primero, caótico después, confuso ante la impresionante y extraña libertad. De eso se trata, de impresión. Podría decirse que al líquido rojo de Mary O'Donson, la libertad le quedaba grande, y se limitó a tumbarse en las juntas de los baldosines. O al menos ésa es la impresión.
Los glóbulos blancos y rojos parecían haber ensayado tiempo atrás una salida de emergencia y todo salió a la perfección. Sin prisas y sin aspavientos. Discretos en fin hasta el último momento. Bastante más discretos que la persona que los había cultivado durante cuarenta y siete años con poca sal, poco azúcar, y nada de colesterol, todo con mucho spinning y buena alimentación para disimular su turbulenta relación con el güisqui. Y si la discreción es en parte dignidad, se puede decir que su muerte fue digna. Belleza, Dignidad y Discreción acompañaron a la Muerte de Mary O'Donson, que cayó escaleras abajo, con previo golpe en la cabeza. O al menos ésa es la impresión.
Y qué curioso que su último pensamiento fue Spanish are nuts, que viene a decir algo así como que los españoles están locos. No le faltaba razón a la pobre americana visto lo visto en los últimos instantes de su vida. Carlos, el novio de su nueva-super-sexy-mejor-amiga metido en la bañera, con una toalla liada en la cabeza, aparentemente durmiendo. Toni, hermano de Carlos, con los pantalones bajados, acompañado de uno de los moros del invernadero, ambos con sendos esparadrapos en la boca, mordaza que no evitó la expresión de disgusto de los extraños amantes al ser descubiertos por la omnipresente americana, que parece que ya callaría para siempre.
De la bañera surgía un exquisito olor a chocolate, como un río que no escapa, sino que atrapa e invade, seguro ya de su libertad, a diferencia de la sangre de Mary O'Donson. Sobre la bañera, apoyada en una rinconera, una cámara filmaba la patética imagen de una obra de David, pintor francés, adelanto del romanticismo en el siglo XVIII. Pero esto no era arte. Ésta era la vida real. Y la imagen de un joven muerto en una bañera de chocolate no produce arte; desazón sí, y sobre todo patetismo. Juventud perdida, Desazón y Patetismo acompañaron la muerte de Carlos, no lo suficientemente valiente como para apuñalarse como el héroe de David. La autopsia reveló ingesta excesiva de mata-ratas. Impresión.
Indescriptible es la impresión que se llevó la madre de Carlos, Rocío- la primera persona no aparentemente muerta en entrar a la casa. o Rosío, porque nunca nadie la había llamado Rocío, y uno no es uno mismo sino quien los demás dicen que eres. O al menos eso decía Jaime, tercer cuerpo yaciente en la escena, no visto por Mary, y que por otra parte constituía la excepción que confirma la regla, pues en las pocas veces que se había dirigido a Rosío, la había llamado Rocío.
En los ojos de Rosío, tres cuerpos yacientes: su hijo Carlos, su pobre hijo mayor, el más listo de todos, su lucero del alba, el más apañado, el que menos la besaba, porque todos sus besos se los guardaba para la sinvergüenza esa de María. Dos cuerpos más, los únicos que se veían desde abajo, obstáculos que tenía que saltar para llegar a su hijo: Jaime en la puerta del cuarto de baño, y Mary, la americana, al pie de las escaleras. Tres muertos: su hijo, su hijo y su hijo. Su hombrecito, su vida nueva, hijo de sangre, to lo que su marío no fue, su hijo en la flor de la vida, su lucero del alba, su vida, con to lo que había tenío que pasar con su padre.
Comienza una apasionante carrera de obstáculos para la mujer, que, con cierta edad, y ciertos kilos de más, se ve obligada a saltar a Jaime, el madrileño, notando como su ojo de gallo se estrella contra el suelo con gravedad superior a la habitual. El dolor físico parece placentero, pues purga efímeramente el dolor de su alma. Tenía trampa: el muy marrano se había hecho pis antes de morir, y Rosío pudo haberse escurrido en su hazaña. Segundo obstáculo: la meri, qué guapa es la jodía, hasta muerta, si hasta parece un ángel, pero inoportuna, un rato, justo delante del primer peldaño se ha ido a morir. Segundos después ya lo tiene en brazos, a su Carlos, mamá coraje, medalla de oro en carrera de cuerpos yacientes. Mamá coraje lo coge por la cabeza, lo besa, lo seca, lo limpia sin resultados, y grita y grita como una loba, pero no derrama lágrimas, pues el nuevo elemento perturbador la acerca peligrosamente a la locura. Su cuerpo es sabio, no obstante, y prefiere colapsarse antes que cortocircuitarse. Mi hijo- muerto- su padre- Jaime en el suelo- meado- la meri- la bañera- muerto- chocolate... un momento, chocolate? - volvamos atrás, mi hijo, muerto, muerto, en chocolate? Demasiada impresión. Rocío, pobre mujer, que vio a Carlos muerto antes de verlo. Rocío, la madre adivina, la salta muertos.
Mientras, abajo, al pie de la escalera, Mary se desangraba y en sus últimas neuronas corrieron como liebres las palabras Spanish are nuts, y recordó a su hermana Jules, y en un abrir y cerrar de ojos, adivinó el futuro inmediato: el olor a tragedia, las puertas abiertas, el viento incesante, los adioses sin decir, my ,my, my, my, give me love (dame amor) como se lo diste a ella, hijo de puta, que decidiste por los dos, y yo me hice la que no le importa nada, y ahora me meto en esta casa de locos, yo, por recuperar a mi hijo, my Mike, y mira como termino, rodando por las escaleras, con un golpe en la nuca, directa a la muerte, no da tiempo a más, en tres, dos, uno... impresión.
Comienza una apasionante carrera de obstáculos para la mujer, que, con cierta edad, y ciertos kilos de más, se ve obligada a saltar a Jaime, el madrileño, notando como su ojo de gallo se estrella contra el suelo con gravedad superior a la habitual. El dolor físico parece placentero, pues purga efímeramente el dolor de su alma. Tenía trampa: el muy marrano se había hecho pis antes de morir, y Rosío pudo haberse escurrido en su hazaña. Segundo obstáculo: la meri, qué guapa es la jodía, hasta muerta, si hasta parece un ángel, pero inoportuna, un rato, justo delante del primer peldaño se ha ido a morir. Segundos después ya lo tiene en brazos, a su Carlos, mamá coraje, medalla de oro en carrera de cuerpos yacientes. Mamá coraje lo coge por la cabeza, lo besa, lo seca, lo limpia sin resultados, y grita y grita como una loba, pero no derrama lágrimas, pues el nuevo elemento perturbador la acerca peligrosamente a la locura. Su cuerpo es sabio, no obstante, y prefiere colapsarse antes que cortocircuitarse. Mi hijo- muerto- su padre- Jaime en el suelo- meado- la meri- la bañera- muerto- chocolate... un momento, chocolate? - volvamos atrás, mi hijo, muerto, muerto, en chocolate? Demasiada impresión. Rocío, pobre mujer, que vio a Carlos muerto antes de verlo. Rocío, la madre adivina, la salta muertos.
Mientras, abajo, al pie de la escalera, Mary se desangraba y en sus últimas neuronas corrieron como liebres las palabras Spanish are nuts, y recordó a su hermana Jules, y en un abrir y cerrar de ojos, adivinó el futuro inmediato: el olor a tragedia, las puertas abiertas, el viento incesante, los adioses sin decir, my ,my, my, my, give me love (dame amor) como se lo diste a ella, hijo de puta, que decidiste por los dos, y yo me hice la que no le importa nada, y ahora me meto en esta casa de locos, yo, por recuperar a mi hijo, my Mike, y mira como termino, rodando por las escaleras, con un golpe en la nuca, directa a la muerte, no da tiempo a más, en tres, dos, uno... impresión.






Quiero compartir un testimonio de cómo el DR AGUGU me curó del herpes con su remedio a base de hierbas. No sé por dónde empezar, tengo 33 años y me diagnosticaron enfermedades de herpes genital durante 5 años. perdí toda esperanza en la vida, pero como cualquier otro, todavía buscaba una cura incluso en Internet y vi un comentario donde una señora testificaba cómo el Dr. AGUGU la curó. Al principio no podía creerlo, lo contacté, él me envió su remedio a base de hierbas, lo usé durante 2 semanas y el virus del herpes se curó por completo. Fui a revisión médica y el resultado fue negativo de Herpes.
ReplyDeletePara aquellos que tienen el mismo problema, o alguna ETS, deben comunicarse con el Dr. AGUGU a través del correo electrónico: agugusolutionhome@gmail.com, también pueden llamar o WhatsApp +2349123794867