Wednesday, September 4, 2013

                                
Carlos apenas volvió a recordar al tirano de su padre desde que rescatara a su familia de aquella casa de los terrores de su infancia. Así que a su padre lo recordaba de manera indirecta, y con cualquier referencia o mención a él, Carlos construía un recuerdo único: el de su familia apretujada en el exilio, dejando atrás aquel pueblo que los había visto nacer.
Rocío, su madre, supo por su cuñada que el tirano había metido en casa a una sudamericana, y profirió sapos y culebras que saltaban y se enredaban en la mujer que no conocía. Al tirano, en cambio, lo pasaba por alto. Cosas del lenguaje. Unos meses después, la peruana que convivía con el tirano consiguió el teléfono de Rocío.
- Señora, por favor, no me vaya usted a colgar. Soy la señorita Adriana Gelinek, y la llamo para decirle que su exmarido se encuentra muy enfermi... pi-pi-pi.
El teléfono volvió a sonar.
- ¿ A ti quién coño te ha dado este teléfono?
- Por favor, no se enoje conmigo, señora, yo sólo quiero lo mejor para el señor, pero está muy enfermito y estuvo toda la noche preguntando por usted, y por su Carlos, y su Antonio, y por el pequeño, el niñito Bartolomé. Yo le ruego que vengan a verlo, no sea que sea ese su último des... pi-pi-pi.
Carlos y Toni no podían creerse la imagen de su madre, con medias oscuras para taparse el vello que no se había afeitado, y con las maletas en la puerta dispuesta a ir a ver al que fue su marido. El monstruo se moría.
Días después, Rocío llamó a la casa de la Calle Cuesta y sin poder contener el llanto, anunció que el papa, volvía a ser el papa, se moría. Fallo multiorgánico. Los tres hermanos deshicieron el camino del exilio y se asomaron al olor de la muerte humana por primera vez. Barto dibujó la muerte de su padre en sus orejas endurecidas. Toni en la sonda que le salía del pene. Carlos, en sus manos suaves.
María acompañó a Carlos en aquellos extraños momentos. Y Carlos la quiso más. La terrible agonía de quien está postrado en una cama y te pide la mano. ¿Lo sabe? ¿Sabe que se va? There is no dignity in death. No hay dignidad en la muerte. Se revuelca, coge el aire como si mordiera la vida por última vez, abre los ojos y mira a un punto infinito que yo no veo. Has abierto los ojos y te he presentado a mi novia, y ella te ha sonreído, y tú le has dicho señorita, y yo por primera vez os he querido a los dos a la vez. Te han puesto morfina para que el dolor no exista, pero a lo peor tú no existes tampoco. Ha llegado el médico y le he preguntado qué sentías. Me ha respondido que nada y la nada se ha colado como un eco en el vacío botando y rebotando, pum, pum, pum, hasta que los rebotes se ahogan en silencio. Te ha apretado las piernas para demostrarme la nada al ver que no respondías y te ha gritado tu nombre en la puerta del tímpano, y en tu vacío he sentido el mío, y en tu zarandeo, he sentido que tú no sientes. Las pulsaciones pintadas en rojo siguen bajando. De repente la máquina se hace monótona, y Toni me mira enfadado para que llame al médico a ver si salva la vida que no tienes. Aparece la enfermera, y confirma la nada con un sí, ha fallecido. Tienes dos viudas en el lecho de muerte. Tienes tres hijos que te miran con recelo. Te vas y vuelves a ser digno y desconocido como un día lo fuiste, cuando nos mirábamos con desconfianza, y yo me escondía en las faldas de la mama, pequeño Edipo. Y te fuiste y ahora recuerdo el encantado-señorita que le soplaste a María, y no sé por qué entonces y ahí, que toqué la felicidad con la punta de los dedos, como dice Gala.
Tú que existías sin existir, tú ausente pero presente, apareces ahora en mis sueños, te cuelas en ellos sin permiso en la noche, siempre la noche, me recuerdas lo que podías haber sido y no fuiste. Dejaste de vivir indignamente para colarte en mis sueños con zapatos de padre. Tú que te fuiste queriendo a la mama pero a nosotros también. Tú desconocido que cumples cuatro meses de presente ausencia.
Parecía que los ojos se te hubieran estallado en las manos azules, y parecía que un beso de tus dos viudas te hubiera sellado la boca de noche, siempre la noche, mariposa de sueño que me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza. La última palabra que escuché de ti, señorita, no la he vuelto a usar. La he guardado en el tabú de los recuerdos que pican, reservada en una esquina a tu recuerdo borroso y cada vez más prescindible. A ti desconocido por lo que pudimos ser y no fuimos. Carlos.
 
                               (www.mancia.org)

 
Advertising Space es el tercer single del álbum de Robbie Williams titulado Intensive Care, publicado en diciembre de 2005. La canción acompañó la película True Romance en la que el personaje de Christian Slater habla con el espíritu de Elvis Presley. En el vídeo puedes ver a Robbie Williams emulando a Elvis y creo que lo consigue. Como es tan jocosillo, el mismo Williams afirmó que esta canción sería su particular Candle in the Wind, la canción que Elton John escribió para ... no, no, no, ni la escribió Elton John ni fue para Lady Di. La escribió Bernie Taupin en 1973 para Marilyn Monroe, que había muerto once años antes. Eso sí: la cantó Elton John, y la versión de 1997, la dedicada a Diana de Gales fue la que realmente se popularizó.
 
 
Cuántos mitos se nos han ido. Públicos y privados.
                      

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